Soberanía Alimentaria y participación social amplia.


Dos Universidades públicas clarifican aquello que el debate inmediato y mediático desconoció:

Argentina y el conflicto agropecuario

Comer, un derecho humano y social imprescriptible

Dos Universidades públicas de gran prestigio clarifican aquello que el debate inmediato y mediático desconoció: Soberanía Alimentaria y participación social amplia.

Frente al conflicto entre el campo y el gobierno la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), expone su pensamiento basado en el concepto de Soberanía Alimentaria, que se contraponen al marco de la política macroeconómica neoliberal, donde la realidad de las actuales prácticas y reglas de comercio internacional no funcionan a favor de los pequeños productores de alimentos y los sectores de bajos recursos excluidos por el modelo económico imperante.

Observamos un conflicto brutal entre la medida protagonizada por los grandes empresarios y dirigentes del agro, que persisten en mantener sus actuales ganancias y el gobierno, dejando de lado los reclamos protagonizados pequeños productores de alimentos.

Son los pequeños y medianos productores, verdaderos perjudicados por el gobierno, debido a la ausencia de políticas que protejan y favorezcan al sector, como subsidios a la producción de alimentos, que permita preservarlos de los grandes monopolios cerealeros, agroexportadores y de agroquímicos que amenazan las economías regionales.

Los representantes de las políticas dominantes en nombre del campo llevaron a cabo de manera salvaje y brutal medidas de fuerza como desabastecimiento de alimentos a la población y aumento de precios de los alimentos básicos, presentándose como claras actitudes en contra de la sociedad.

Claramente este sector ha llevado a cabo el uso de las medidas de desabastecimiento de alimentos como un arma de dominación frente al conflicto.

El enfrentamiento se convirtió entonces en una pugna de intereses entre distintos sectores de la burguesía, en el cual muchos integrantes de la sociedad no nos sentíamos incluidos.

Por otra parte, los medios de comunicación nunca dejaron de evidenciar esta verdadera discusión, no aportando demasiado a este conflicto sino que establecieron falsas opciones, de manera que la sociedad tome partido por una o por otra de las posiciones.

¿Por que el sector agro exportador llevó a cabo medidas brutales que complicaron el abastecimiento del mercado interno, si el conflicto era por las retenciones a las exportaciones?

La respuesta es simple. Los excedentes que produce este modelo queda inserto en las políticas transnacionales.

Sin embargo, el conflicto, nunca evidencio la verdadera discusión basada en el modelo de producción dominante.

Este modelo agroexportador, en el cual el prototipo se expresa a través de la soja y los agrocombustibles, no contempla la justa distribución de la riqueza que defendemos desde los conceptos de Soberanía Alimentaria.

La Soberanía Alimentaria es una propuesta de las organizaciones no gubernamentales y de los movimientos sociales.

Los conceptos de Soberanía Alimentaria se basan el desarrollo de los mercados locales de pequeños productores, en la recuperación de semillas como estrategia para superar el dominio que ejercen las transnacionales sobre la agricultura. Es un modelo de desarrollo rural endógeno basado en la economía familiar campesina, orientada a la producción diversificada para el autoconsumo y el abastecimiento de los mercados locales, con precios justos en relación a los costes de producción. Se contrapone a un modelo de desarrollo rural neoliberal, basado en la producción agropecuaria industrial, orientada a la exportación, que incentiva la especialización y está manejada por las grandes empresas trasnacionales.

La Soberanía Alimentaria involucra la participación activa de la población en el diseño de las políticas de producción, distribución y consumo de alimentos. Se contrapone a la participación de la población como receptora pasiva de políticas externas.

La Soberanía Alimentaria propone el reconocimiento de los derechos de las mujeres en el uso y control de los recursos. Se contrapone a la relegación de las mujeres a las labores reproductivas.

La Soberanía Alimentaria defiende el uso sostenible de los recursos productivos básicos –tierra, agua, bosques, ríos, mares, semillas y especies animales autóctonas– y el respeto a la biodiversidad. Se contrapone con la privatización y la explotación descontrolada de los recursos naturales, el uso intensivo de la tierra, la construcción de represas, la destrucción de los bosques, la contaminación de los ríos y mares y la contaminación atmosférica.

La Soberanía Alimentaria promueve el uso de técnicas agropecuarias tradicionales respetuosas con el medio ambiente, con las tradiciones culturales y con las formas de trabajo y de relación con la naturaleza de los pueblos. Se contrapone con el empleo de paquetes tecnológicos y maquinaria pesada, agresivos con el medio ambiente.

La Soberanía Alimentaria propone la conservación y el libre acceso al uso de semillas y especies animales criollas. Se contrapone con la biopiratería y las patentes sobre seres vivos.

La Soberanía Alimentaria defiende el consumo de alimentos inocuos, nutritivos y culturalmente apropiados. Se contrapone a la comida basura.

R DE EN CONTRA DE

La Soberanía Alimentaria prevé la construcción y fortalecimiento de espacios y redes locales, nacionales e internacionales defensoras de los derechos de productores y productoras, y de consumidores y consumidoras. Se opone a la injerencia despiadada de organismos internacionales como el BM, FMI, OMC o la PAC.

Ejemplos claros de las formas de producción de la tierra propuestas desde el concepto de Soberanía Alimentaria la constituyen la agricultura familiar, los pequeños productores, las organizaciones de productores familiares como MOCASE-VC (Vía Campesina), Mesa de Productores Familiares, entre otros.

La Soberanía Alimentaria permite reformular la manera de comprender las relaciones entre el campo y la ciudad, la actividad productiva, el papel del campesinado, el modelo de agricultura y el consumo de alimentos.

A través de la solidaridad de los movimientos sociales, de los movimientos de ciudadanos, productores y consumidores, para reivindicar el control democrático sobre el sistema alimentario, se podrá garantizar una producción sostenible y segura, así como una distribución y un acceso equitativos a los alimentos.

En tanto, para el Plan Fénix ( Proyecto Estratégico de la Universidad de Buenos Aires), el conflicto entre el Gobierno y un importante segmento del sector agropecuario –que no reconoce precedentes por los alcances de las medidas adoptadas por las entidades gremiales empresarias– demanda para su comprensión una mirada abarcativa, que pueda dar cuenta de su complejidad.

Por lo pronto, el debate acerca de las retenciones tiene implicancias que van mucho más allá de los términos en los que se ha planteado. Está en discusión, en rigor, el modelo de país a construir, que debe combinar, necesariamente, las ventajas comparativas naturales del agro con una creciente capacidad industrial. El país deberá crecer, en cantidad y diversidad, sobre la base de una producción tanto agropecuaria como industrial, así como de los servicios, apoyado sobre la innovación tecnológica y con la prioritaria reducción de la brecha social. La inserción internacional debe aprovechar las ventajas comparativas y reducir la vulnerabilidad del patrón de intercambio basado sobre la exportación de “commodities”.

En otras palabras, más allá de la cuestión de la distribución equitativa del ingreso y la indudable pertinencia de la apropiación social de una porción de la renta originada en las exportaciones primarias, la presente polémica resulta central en la definición acerca del rumbo del país. El debate emerge como consecuencia de la superación de la emergencia económica tras un largo período de exigentes desafíos durante el cual la economía se recuperó en buena parte de la abismal crisis previa. Es el momento de mirar hacia adelante, hacia el mediano y largo plazo, apuntando a resolver los desafíos estratégicos que debe enfrentar la Argentina.

Con esta mirada, tratando de anticiparnos al futuro previsible, quienes integramos este proyecto estratégico de la Universidad de Buenos Aires planteamos, en marzo de 2005, hace ya tres años, la necesidad de adoptar diversas medidas para evitar conflictos como los que hicieron eclosión durante las últimas semanas.

Decíamos entonces (véase www.econ.uba.ar/planfenix/index2.htm): “La apropiación social de la renta proveniente de recursos naturales (como la pampa húmeda o los yacimientos mineros) constituye una práctica universalmente aceptada. En la medida en que las retenciones permiten que la sociedad se apropie de parte de esa riqueza natural, ellas distan de constituir exacciones “distorsivas”. En esta coyuntura de transición, cumplen otra función social, tal vez de igual importancia que la anterior: permiten que los argentinos paguen por los bienes de producción primaria –incluidos los derivados del petróleo y sus usos internos– precios inferiores a los que resultarían del tipo de cambio vigente (elevado en relación con el establecido durante la convertibilidad pero necesario para promover el desarrollo nacional). Se trata de una característica particular de nuestro país, habida cuenta de la vinculación que existe entre los precios de productos exportables agrícolas y energéticos, y la canasta de consumo popular”.

Los productores más pequeños y marginales hacen suya esa demanda de eliminación de las retenciones porque esperan una mejora en sus ingresos, expectativa que no necesariamente se cumpliría debido a que la industrialización y comercialización de la producción agrícola tiene una estructura muy concentrada y una posición estratégica en la cadena de valor. Es presumible, por eso, que los beneficios de una eventual eliminación de las retenciones sean captados en buena medida por esos grupos y no por quienes plantean la demanda. Por otra parte, el incremento de los precios de los productos agrícolas valoriza las tierras destinadas a ellos, generando una segregación dentro del propio conjunto de productores, que separa notablemente la suerte de los que se ubican en zonas favorecidas o de los grandes respecto de los pequeños.

Aun así, no hay duda de que se trata de un instrumento con limitaciones. Las retenciones no permiten discriminar adecuadamente entre productores de distintas áreas y condiciones, problemas que serían resueltos de mejor manera por un impuesto a las Ganancias, que es muy difícil de percibir en las condiciones actuales del país y del agro. Por otra parte, su aporte es una razón más para exigir que la administración pública de esos recursos –y no sólo de ellos– responda a criterios de eficiencia y equidad. Esos condicionantes no implican que la eliminación de las retenciones ofrezca una vía para superarlos. Una fórmula de transacción sería, por ejemplo, que una parte de lo recaudado integre un fondo destinado a la capitalización tecnológica de los productores, en particular de aquellos de menor talla o situados en áreas marginales. Se requiere, entonces, un enfoque de carácter sistémico, que considere correctamente la inserción del complejo agroalimentario en un modelo de desarrollo con equidad.

La vigencia de estos conceptos, tres años después de planteados, habla del retraso en que hemos incurrido y, en consecuencia, de la responsabilidad primaria del Gobierno y también de la sociedad para encarar estas cuestiones cruciales, cuando –como antes hemos señalado– la actual coyuntura ya no puede calificarse, por cierto, como “de emergencia”.

Esta crisis, aún no resuelta, representa una oportunidad para adoptar medidas de política en varios campos relevantes, enmarcadas en una estrategia de mediano y largo plazo. Ellas deben apuntar a consolidar un modelo económico que, en los hechos, ha instalado un escenario más propicio para el desarrollo nacional.

Buena parte del sector agropecuario ha centrado sus críticas durante el conflicto, a través de sus entidades gremiales, en las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo y ha omitido toda referencia a los múltiples protagonistas, en particular a los sectores concentrados tanto financieros como terratenientes. Tampoco han sabido contemplar la particular situación de las economías regionales, más allá de algunas consignas generales esgrimidas.

Recién al declarar la suspensión del “lock out” por 30 días, las entidades agropecuarias admitieron que, para la resolución definitiva del conflicto, sean contempladas las necesidades del conjunto de los sectores del país.

El gobierno nacional debería asegurar que en la mesa de diálogo a constituirse estén representados todos los sectores interesados; allí no pueden faltar los trabajadores rurales permanentes y temporarios, tanto formales como informales, las entidades vinculadas con la agricultura familiar y la conservación ambiental, y los consumidores. Podrá así elaborarse un proyecto estratégico que contemple los intereses en juego, pero con la mirada puesta en las necesidades de toda la sociedad argentina, con el convencimiento de que no hay en nuestro país ninguna actividad que sea independiente de las otras ni –menos aún– superior a las demás, eludiendo las trampas conceptuales de la falsa dicotomía entre agro e industria. Esta instancia de diálogo podrá ser pionera de un acuerdo más amplio y abarcativo.

Por nuestra parte renovamos el compromiso de siempre, el que nos inspira desde que nos autoconvocamos en el año 2000, antes de la crisis de 2001 que anticipamos: profundizar el análisis de estas cuestiones cruciales, con el objetivo de generar propuestas concretas que contribuyan a la construcción de un modelo de país con desarrollo sustentable, distribución equitativa de sus frutos y calidad institucional.

Hoy como ayer

Tras 26 años de silencio, el Teatro 25 de Mayo inicia una nueva etapa

La histórica sala de Villa Urquiza tiene día y hora de inauguración. Será el 8 de abril a las 20, cuando se realice la primera jornada del Festival de Cine Independiente

El 8 de abril de 2008 quedará en la historia como una de las fechas más importantes de Villa Urquiza. Ese día, en la avenida Triunvirato 4440, se reinaugurará el Cine Teatro 25 de Mayo luego de permanecer 26 años cerrado. Sobrevivió al abandono, a la desidia y a los diversos proyectos que nada tenían que ver con el destino para el que fue creado. Pero los vecinos, incansables, lucharon hasta recuperarlo. Ya sea desde la participación activa o simplemente con la pregunta acerca de su destino. Todo contribuyó para llegar a este momento. Está previsto que a las 20 del mencionado día la mítica sala comience a funcionar nada menos que con la inauguración de la 10º edición del BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente

Según pudo establecerse, el 25 de Mayo será un Teatro, Cine y Complejo Cultural que contará dentro de su programación con una gran cantidad de producciones y artistas en las ramas de la música, la danza, el teatro y el cine. El complejo cultural incluirá talleres de teatro, música y fotografía.

Cartelera de primer nivel



El 25 de Mayo será además sede de festivales internacionales que se realicen en la ciudad. Aparte del mencionado BAFICI se prevé programar el Festival de Tango, Jazz, Teatro, Danza y de Derechos Humanos. También se están terminando de definir algunas programaciones especiales, ya que el 25 de Mayo contará con varios convenios internacionales a lo largo del año. Ante la expectativa desatada por la reapertura, está confirmado que los vecinos podrán apreciar durante el transcurso del año espectáculos de toda índole. Por ejemplo el Nuevo Trío Argentino, la Academia Bach con el maestro Mario Videla, el Quinteto Filarmónico, óperas de cámara del Teatro Colón y maestros de la lírica como Víctor Torres, Graciela Alperyn, Teresa Berganza y Ricardo Ortale.

También habrá un espacio dedicado al tango, que contará con la participación de Tango Vía para la programación del área, y el ciclo será abierto con conciertos de la Orquesta Escuela de Emilio Balcarce. También comenzará a funcionar en mayo “La milonga del 25”, espacio dedicado a la práctica del 2 x 4. En cuanto al teatro, se presentarán obras de Javier Daulte, Rafael Spregelburd, Roberto “Tito” Cossa, Piel de Lava, Martín Bauer y el Teatro Lliure de Barcelona, entre otros. Durante todo el año habrá ciclos y espectáculos de danza contemporánea. También está en carpeta la realización de un Taller de Formación de Espectadores. Este es un proyecto de Ana Durán y Sonia Jaroslavsky, quienes trabajan en conjunto con el Instituto de Teatro en la selección de obras y luego hacen las funciones para docentes y colegios con debates. Ambas consideran la posibilidad de hacer algo similar tanto en cine como en teatro. A su vez, se convino con la Dirección de Música realizar conciertos gratuitos todas las mañanas. La programación anunciada no tendrá costo para el Complejo Cultural.

Lo primero, el BAFICI



La primera actividad que se desarrollará en la recuperada sala será la función de apertura de la 10º edición del BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente. Se llevará a cabo el martes 8 de abril a las 20. Ese día se proyectará la película brasileña Juego de escena (Jogo de Cena, 103’), del director brasileño Eduardo Coutinho, en lo que será, seguramente, el primer film en proyectarse en el 25 de Mayo tras más de un cuarto de siglo. Coutinho, uno de los documentalistas más importantes de América Latina, estará presente en el festival acompañando su película. El director paulista es conocido por el público local ya que en otras ediciones del Festival se vieron varios de sus films, entre ellos los documentales Edificio Master (2002), Peões (2004) y O Fim e o Princípio (2005).

El BAFICI nació hace 10 años y en este tiempo se consolidó como uno de los festivales de cine más destacados del mundo, con un importante reconocimiento y un lugar de privilegio de la agenda cinematográfica internacional. Es reconocido como vehículo fundamental de promoción para la producción independiente, que aquí puede mostrar los filmes más innovadores, arriesgados y comprometidos. El festival integra año a año diversas expresiones culturales y reúne en un dinámico ámbito a directores consagrados y nuevos talentos. Con un amplio rango de películas que incluye premieres mundiales, estrenos argentinos y latinoamericanos, además de merecidas retrospectivas, es el evento más grande y prestigioso para el cine independiente en América Latina.

El festival se extenderá hasta el 20 de abril y es la primera edición que cuenta con Sergio Wolf como Director Artístico. En el 10º BAFICI se verán las últimas obras de directores consagrados como Abel Ferrara con Go Go Tales, y la última producción del veterano Werner Herzog, Encounters at the End of the World. También se proyectará Tom Petty and the Heartbreakers: Runnin’ Down a Dream, de Peter Bogdanovich, que narra tres décadas en la historia de la banda norteamericana, con la presencia de Johnny Cash, Roy Orbison, Bob Dylan y Ringo Starr. Otras atracciones serán las películas Funny Games, de Michael Haneke, Shine a Light, de Martin Scorsese (documental sobre los Rolling Stones que fue apertura del Festival Internacional de Cine de Berlín) y I’m not there, de Todd Haynes, sobre la vida de Bob Dylan.

Asimismo, entre las películas argentinas figura en calidad de preestreno nacional La rabia, de Albertina Carri, directora que recibió el Premio del Público, Mención Especial en el 5º BAFICI y el Premio Clarín al Mejor Documental por su película Los Rubios. También El país del diablo, de Andrés Di Tella -prestigioso director nominado a recibir El Cóndor de Plata al Mejor videofilm por su trabajo Fotografías, presentada en el 9º BAFICI- y Cordero de Dios, de Lucía Cedrón (Argentina-Francia-Chile, 2008). En esta edición el BAFICI festeja su 10º aniversario y por este motivo el director Rafael Filippelli, ganador del premio al Mejor Director en el 9º BAFICI, realizó un documental sobre los diez años transcurridos titulado La mirada febril, donde narra la historia de los comienzos del festival hasta el prestigio adquirido en la actualidad.

El festival ocupará nueve espacios: el complejo Hoyts Abasto, el Malba, el Centro Cultural Rojas, la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín y el Cine Cosmos, que vuelve al circuito, todos en la avenida Corrientes. También las dos salas del Atlas Santa Fe, la sede central de la Alianza Francesa, el Centro Cultural Recoleta y el reciclado Teatro 25 de Mayo. Los nueve espacios totalizan alrededor de 5.000 plateas.

Gloria, ocaso y resurrección


Hasta hace poco, la historiografía oficial del barrio no había conseguido establecer una fecha y datos precisos sobre la inauguración del Cine Teatro 25 de Mayo. Héctor Arata, en su libro Villa Urquiza, sus primeros cien años, declaró como fecha de fundación agosto de 1927. Diego Del Pino fijó el 25 de mayo de 1929. Y Ricardo Llanes estableció 1918 como el año inaugural. Ante esta diversidad de datos, los grandes medios arrastraron en sus informes las inexactas e históricas imprecisiones barriales. Lo cierto es que ninguna de estas fechas son las acertadas. El Barrio pudo demostrar que después de cuatro fatigosos años de trabajos -la piedra fundamental se colocó el 25 de mayo de 1925- el 23 de mayo de 1929 se realizó el acto inaugural de la sala ante una numerosa y “realmente selecta concurrencia” con una característica inesperada: “¡la total ausencia de las autoridades comunales!”, según las crónicas periodísticas de la época.

Por las tablas del 25 de Mayo pasaron los artistas más influyentes del arte nacional como Agustín Magaldi, Edmundo Rivero, Bruno Gelber, Gregorio Surif, Olinda Bozán, Jorge Salcedo, Hugo del Carril y, en sendas actuaciones en junio y setiembre de 1933, Carlos Gardel. Además, por más de cuatro décadas fue la sede de los actos escolares de fin de curso. Lamentablemente, la sala no pudo escapar a las crisis y los cambios de hábitos de los vecinos, por lo que entró en decadencia y en el invierno de 1982 cerró sus puertas. Así comenzó una larga serie de conflictos: Triol S.R.L., la empresa propietaria, solicitó a la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires el cambio de destino del inmueble a fin de habilitarlo como Local de Baile Clase “C” y Café-Bar, Casa de Lunch y Restaurante. El 3 de febrero de 1987 la Dirección General de Habilitaciones y Permisos notificó a los dueños que era “factible autorizar el cambio solicitado”. De a poco, los vecinos se fueron agrupando para intentar su recuperación y se opusieron sistemáticamente a cualquier proyecto que no tuviera que ver con el teatro o el cine, agrupándose en “Vecinos por el 25 de Mayo”.

En diciembre de 2003 renació la esperanza de la reapertura, ya que el Decreto Nº 3.089 firmado por Aníbal Ibarra autorizó la compra del edificio en algo más de cinco millones de pesos. El 1 de diciembre de 2004 se firmó un Acta Acuerdo entre “Vecinos por el 25 de Mayo” y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde se definió el carácter público del teatro y la participación de los vecinos en la planificación y gestión de las actividades que se desarrollarían en el futuro “Complejo Cultural 25 de Mayo”, cuestiones que se están debatiendo en la Legislatura.

Han pasado 26 años del cierre y las puertas se vuelven a abrir. Será un acontecimiento histórico para Villa Urquiza poder ver cine y teatro en el barrio. Ahora queda por delante saber qué uso le dará la Ciudad de Buenos Aires a la sala y cuál será la participación de los vecinos en esa política cultural.


Esta es la programación anunciada para el Teatro 25 de Mayo:

Miércoles 9 abril

13.30. Déficit (79’). Gael García Bernal

15.15. Redacted (90’). Brian de Palma

17.15. The Show Must Go On (109’). Han Jae-rim

19.45. The Walker (108’). Paul Schrader

22.15. Sukiyaki Western Django (121’). Takashi Miike

Jueves 10 abril

13.15. Le Voyage du ballon rouge (113’). Hou Hsiao-Hsien

15.45. The Unforeseen (88’). Laura Dunn

17.45. The Mourning Forest (97’). Naomi Kawase

Viernes 11 abril

13.30. Persépolis (95’). Marjane Satrapi / Vincent Paronnaud

15.30. Glastonbury (135’). Julien Temple

18.15. J. C. Chávez (78’). Diego Luna

20.15. Die Stille vor Bach (102’). Pere Portabella

22.30. Chacun son cinéma (119’). Varios directores

Sábado 12 de abril

13.30. About Water (People and Yellow Cans). (82’) Udo Maurer

15.15. CSNY Déjà Vu (96’). Bernard Shakey

17.15. Let the Right One In (114’). Tomas Alfredsson

21.00. Proyección de Cortos.

Domingo 13 abril

13.30. Mi vida dentro (120’). Lucía Gajá

16.00. Joe Strummer: The Future Is Unwritten (124’). Julien Temple

18.45. Berlin (85’). Julian Schnabel

20.45. Perfect Education 6: Red Murder (99’). Koji Wakamatsu

23.00. Sex Jack (70’). Koji Wakamatsu

Lunes 14 abril

13.30. Holunderblüte (89’). Volker Koepp

15.30. Patti Smith: Dream of Life (109’). Steven Sebring

17.45. Los paranoicos (98’). Gabriel Medina

Martes 15 abril

14.00. L’Avocat de la terreur (135’). Barbet Schroeder

17.00. Mister Lonely (112’). Harmony Korine

Miércoles 16 abril

13.30. Sonic Mirror (79’). Mika Kaurismaki

15.15. Smiley Face (88’). Gregg Araki

17.15. The Filth and the Fury (108’). Julien Temple

Jueves 17 abril

13.30. Milky Way (82’). Benedek Fliegauf

15.15. It’s a Free World... (96’). Ken Loach

17.15. The Matsugane (112’). Potshot Affair / Nobuhiro Yamashita

Viernes 18 abril

13.45. Prey (80’). Koji Wakamatsu

15.45. The Mosquito Problem and Other Stories (100’). Andrey Paounov

18.00. Empties (103’). Jan Sverák

20.15. Une vieille maîtresse (110’). Catherine Breillat

22.45. Boarding Gate (105’). Olivier Assayas

Sábado 19 abril

14.15. Running in Madness, Dying in Love (72’). Koji Wakamatsu

16.15. Fujian Blue (90’). Robin Weng

18.15. Funny Games (111’). Michael Haneke

20.45. Shinjuku Mad (66’). Koji Wakamatsu

22.45. Go Go Tales (105’). Abel Ferrara

Domingo 20 abril

13.30. I’m a Cyborg But That’s OK (105’). Park Chan-wook

15.45. Cargo 200 (90’). Aleksei Balabanov

17.45. Global Metal (93’). Sam Dunn / Scott McFadyen

20.00. Violated Angels (66’). Koji Wakamatsu

21.45. I’m Not There (135’). Todd Haynes








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GRAN INFORME DE TVR. COMO SIEMPRE!!!

SUPER (PRO)YECTO


jORGE GARAYALDE,legislador porteño del PRO, presentó en las últimas horas un proyecto llamativo, en el que -entre otras cosas- exige que los empleados de la administración pública vistan “correctamente, cuidando su indumentaria y aseo personal”.

La iniciativa, a la que tuvo acceso Télam, remarca además que los empleados deberán “utilizar trato y lenguaje correcto, respetando los derechos de los usuarios”.

En sus fundamentos, el proyecto de Garayalde va más allá y vuelve a rozar con lo insólito: “A la Administración se le exige, y estamos de acuerdo con ello, cada vez más calidad y eficiencia, de ésta manera, si consideramos que la Administración Pública es una suerte de ‘empresa de servicios´, el personal que la representa ante la atención al público tiene que mostrar la mentalidad y actitud ´de servicio´ correspondiente”.


De acuerdo con el texto de la iniciativa, “incorporamos en la presente, en el sentido antes expuesto, obligaciones a las que deben atenerse los agentes con la finalidad de contribuir a la mejora en la calidad en la atención al público”. “Quién así no lo hiciere, será fácilmente reconocido por los administrados, en tanto las quejas no serán hacia la ´Administración´ en general, sino correctamente orientadas hacia un posible ´mal empleado´, que a la sazón no la representa dignamente”. Curioso.

Desde la oposición no tardaron en aparecer las críticas. El jefe de la bancada kirchnerista, Diego Kravetz, se mostró -irónicamente- “conforme” con la medida, “siempre y cuando la cumplan todos los funcionarios y diputados del PRO”.

Incluso desde el propio Gobierno porteño, hay quienes consideraron “desafortunado” el proyecto, aunque algo habitual en diputados y hasta funcionarios de primera línea, más ocupados por la estética que por la eficiencia. Por caso, en una de sus pocas incursiones a la Legislatura en lo que va del año, Gabriela Michetti habría sondeado a varios colegas para prohibir el uso del mate durante la jornada laboral, aunque habría encontrado demasiada resistencia.

Sin gases ni palos


Por Horacio Verbitsky

Durante la sublevación patronal las fuerzas de seguridad no dispararon una bala de plomo ni de goma, no arrojaron una ampolla de gas lacrimógeno, ni dieron un palazo. Apenas forcejearon con sus escudos para despejar algunos puntos estratégicos. El gobierno sólo apeló para manejar la crisis a medios políticos. Esto no había ocurrido nunca antes en la Argentina y no valorarlo es una forma de tomar partido.

Vi los piquetes empresarios y el acto de la Plaza de Mayo por televisión desde Estados Unidos, donde participé en un seminario sobre los juicios por violaciones a los derechos humanos, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale. Esta aclaración previene al lector sobre la falta de elementos de contexto que ninguna selección editorial de un canal de noticias puede proveer, sobre todo una tan sesgada como la que ha seguido al bloqueo patronal de las ciudades, desde la noche en que una movilera informó que espontánea gente bien vestida, hombres con traje y corbata y mujeres elegantes que no querían confrontar con nadie, había sido corrida de la plaza por una patota.

En vivo y editado

Al poner el cuerpo en la primera línea de cualquier conflicto los camarógrafos y movileros cumplen una función de gran valor social. Pero la misma importancia de su tarea requeriría criterios más estrictos de selección y formación, mejores sueldos y formas de control editorial posterior, correctivas de las gaffes inevitables como la mencionada. Ellos cuentan como pueden lo que tienen a la vista, pero la redacción central debe organizar luego esa información y darle sentido, exponiendo los antecedentes de aquello en disputa y las distintas posiciones involucradas.

Nada de ello ocurre hoy en la Argentina. Por el contrario, la línea editorial transmitida por los comunicadores con mayor experiencia sigue a la joven movilera que creyó asistir a la irrupción de los bárbaros en la polis de los ciudadanos. Tampoco es indiferente dónde se planta una cámara y a quién se le abre el micrófono, porque así se determina la selección de las imágenes y las palabras que llegarán al espectador.

Una de las grandes posibilidades de la transmisión en vivo es el registro completo de una situación, aunque en las repeticiones posteriores se practique una selección que puede recortar su sentido. Se transmitió una y otra vez la desagradable imagen en que el líder de un movimiento social kirchnerista asesta un directo a un piquetero de Gualeguaychú que trastabilla, pero sólo quienes estaban despiertos y mirando en el momento en que ocurría saben que ese hombre lo provocó a lo largo de cien metros con insultos muy agresivos, porque era consciente, como explicó luego, de que la escena se estaba viendo en todo el país y pensó que las cámaras lo protegían.

¿Qué podría esperar un solitario borracho del tablón que a la entrada del Monumental o de la Bombonera se acercara a la hinchada de Boca gritando bosteros putos?

Menos disculpa tiene aún la prensa escrita. El académico Ariel Armony vive desde hace muchos años en Estados Unidos, donde ha realizado una valiosa producción intelectual. Su interesante columna “Lo que nos enseñó D’Elía”, publicada ayer en La Nación vincula el racismo y la injusticia social en la Argentina. Pero da por buena una frase endosada al dirigente kirchnerista, acerca de su voluntad de matar a todos los blancos de Barrio Norte. Hace ya diez días D’Elía distribuyó la grabación del reportaje, en el que se lo oye decir todo lo contrario de lo que le atribuyó la agencia DYN: “la oligarquía no tendría problema en matarnos, como hicieron tantas veces”. Debido a la distancia, es razonable que Armony lo ignore, pero esta disculpa no se aplica a su editor en La Nación, que el 28 de marzo publicó la desmentida.

También tuvo amplio eco la patada que un desconocido le tiró al editor Jorge Fontevecchia y su discusión posterior con la diputada Victoria Donda. No gozó de la misma cobertura la agresión de un grupo de productores de San Genaro al joven José Luis Cesana, a quien le abollaron a sillazos y patadas el auto en el que viajaba con su mujer y sus hijitas de uno y dos años, o al cineasta Santiago Giralt, a quien según Cesana, le destrozaron parte de su equipo en Venado Tuerto. La cobertura informativa tampoco le prestó mucha atención a la tragedia de la joven brasileña aplastada por un ómnibus cuando volvía al camión parado de su compañero y la columna detenida se puso en marcha.

El hecho extraordinario

Terminada esta primera fase de la confrontación, que las cámaras patronales amenazan con reanudar dentro de un mes, el análisis mediático ha omitido el hecho más extraordinario de estas tres semanas: las fuerzas de seguridad tuvieron conducción política e instrucciones estrictas y no dispararon una bala de plomo ni de goma, no arrojaron una ampolla de gas lacrimógeno, ni dieron un palazo. Apenas forcejearon con sus escudos para despejar algunos puntos estratégicos, como la entrada del túnel subfluvial.

Esto no había ocurrido nunca antes en la Argentina ante semejante desafío y ratifica la línea que Kirchner fijó en el segundo año de su mandato, que lo obligó a despedir al ministro de Justicia, al secretario de Seguridad y al jefe de la Policía Federal que se resistían a esa innovación, porque entendían demasiado bien su carácter transformador y las posibilidades que abría para la expresión libre de la sociedad.

“Traigan los rifles”, gritaba el energúmeno de Gualeguaychú, dispuesto a todo para llevarse por delante al ambiguo Eduardo Buzzi, amplificando sus mismas herramientas, del discurso radical y la práctica reaccionaria. Alfredo De Angeli ya había advertido que si “mandan a los gendarmes manden también las ambulancias”. Todo lo contrario. El gobierno decidió enfrentar la peor crisis en años sólo con medios políticos. El diario La Nación sintió que no podía ignorarlo, pero con la generosidad que caracteriza a los intereses que representa lo atribuyó a falta de efectivos para reprimir, lo cual es menos que una verdad a medias: carecía de fuerza para controlar sin reprimir cada piquete, que es algo muy distinto.

Por eso eligió concentrarse en ciertos puntos de importancia superior. Si hubiera optado por el camino que prefirieron todos los gobiernos anteriores en la historia argentina, le habría sobrado la fuerza para desalojar cada ruta e impedir que volviera a cortarse. Hubiera podido hacerlo incluso con orden judicial, porque la tentativa de cercar a las ciudades con la amenaza del hambre es un delito grave. No lo hizo, porque privilegió la solución negociada, desde una posición de legitimidad institucional y de fuerza política. Los mismos que no le reconocen hoy esa actitud y prefieren considerarla debilidad, se la reprochan por pasiva cuando la aplica a los piquetes de los desheredados de tierra y trabajo, cuando cortan por unas horas una calle o un puente, sin propósito de desabastecer a nadie, sólo de mostrar que aún sobreviven.

Los medios y el gobierno

El gobierno nacional no ha hecho gran cosa para conseguir el equilibrio informativo que faltó en un conflicto tan intenso. Por el contrario, con un simple decreto prorrogó por diez años todas las licencias de radio y televisión, lo cual congela un espectro conformado durante la dictadura, el alfonsinismo y la abominada década del ‘90, obstruye la competencia económica y de ideas y así empobrece el debate democrático.

La corrección posterior, que permitió la existencia de emisoras representativas de organizaciones sociales y cooperativas y no sólo de intereses económicos, reparó una de las arbitrariedades heredadas, pero se trata de ondas locales que no compensan la concentración de los medios de alcance nacional. En la última semana de su presidencia, Néstor Kirchner no tuvo mejor idea que autorizar la fusión de las dos principales cadenas de televisión por cable, a las que además preserva de la competencia que reclaman las compañías telefónicas, inhibidas de transmitir televisión por Internet.

Durante las tres semanas del conflicto tanto los medios audiovisuales del grupo Clarín como los de Telefónica compitieron en la presentación distorsionada de los hechos, naturalizando el alzamiento de un sector contra la legalidad democrática, como si se tratara de un debate entre dos partes equivalentes. En muchos momentos exhibieron incluso su simpatía por los patrones.

Precisar esa diferencia fue el eje del discurso presidencial, en el que, a pesar de la multitud exaltada, CFK habló de conciliación, tolerancia y acuerdo, sin resignar su convicción acerca de la legitimidad, la justicia y el carácter progresivo de las decisiones adoptadas frente a un interés sectorial indiferente al destino colectivo. Su mensaje, sin marcha partidaria, sin la retórica amenazante que usaba Perón cuando hablaba de incendios o de alambre de enfardar, ratifica que el gorilismo y su discurso de odio y desprecio está mucho más vivo que el peronismo, que fue apenas una parte de la plaza.

Sin resortes

La tentativa de comparar al gobierno argentino con el venezolano se extingue por falta absoluta de hechos que la avalen. Los gobernantes argentinos no hablan en cadena; sus mensajes son breves, a veces demasiado, lo cual dificulta llegar al fondo de cada cuestión; no han revocado ninguna licencia sino que las han prorrogado; no han sancionado ninguna ley que restrinja la libertad de información como la bolivariana de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Resorte); no han copado la Corte Suprema de Justicia con adictos sino por el contrario, han designado jueces limpios que ya han puesto límites a la discrecionalidad oficial en la distribución de avisos del Estado, tal como lo reconoció la SIP en su Congreso realizado en Caracas; no han modificado las leyes para endurecer penas por delitos de opinión ni han querellado a un solo periodista en cinco años, a diferencia de lo que era norma en el país. Su mayor pecado en este campo es excluir de la pauta publicitaria estatal a las publicaciones de la editorial Perfil, un despropósito que esos mismos jueces sin duda corregirán.

Equivocar el enemigo

Pero Cristina incluyó en su discurso una frase imperdonable, sobre el carácter mafioso que atribuyó a una caricatura de Hermenegildo Sábat, donde aparece con una venda en la boca. Dijo que era la ofensiva de los generales multimediáticos, que hoy acompañaban a la Sociedad Rural en lugar de los tanques de 1976. Eso sí que es equivocar el enemigo. La actitud de Kirchner y de Cristina de discutir con los medios y sus periodistas estrella es intrépida y constructiva, porque nadie puede sustraerse al escrutinio de sus opiniones y de sus actos, de su pasado y de los intereses que defiende. Pero rozar con la sombra de una sospecha al gran maestro del periodismo, que desde hace cuarenta años regala excelencia y ética, a una persona exquisita como Menchi Sábat, que cuestionó las peores atrocidades cuando nadie se animaba, es una tontería indigna de quien la cometió.

Sábat no es Clarín, como antes no fue La Opinión, ni Primera Plana, ni Atlántida. Es un artista maravilloso y el mejor analista político del país. Su obra admirable requiere de un esfuerzo de interpretación. CFK entendió que era un mensaje para que no dijera algo. Pero, ¿por qué dar por sentado que el autor del mensaje es Menchi y no que, gracias a su impresionante sensibilidad para detectar corrientes profundas de la sociedad, interpretó con ese dibujo la intolerancia de las patronales rebeldes, que intenta silenciar a quien apenas lleva cien días de gobierno?

La obra de un gran artista no es obvia ni unívoca. En cualquier caso, Sábat tiene derecho a opinar lo que quiera sin que nadie ponga en duda que lo hace de buena fe, como cada acto de su vida, de trabajador austero y obsesivo. Por eso, éste sí es un mensaje mafioso. Los admiradores incondicionales del Maestro decimos: “No se metan con el Menchi”.

Más allá de las falsas antinomias


Miguel Bonasso

Más allá de las falsas antinomias, la crisis del campo –aún no resuelta en términos estratégicos–, deja invalorables enseñanzas para todos los argentinos, que deberíamos saber aprovechar para tratar de ser una nación más rica y más justa.

Empecemos por quienes tienen hoy la responsabilidad de gobernar. Es evidente que la política para el sector es insuficiente. No basta con el sostenimiento del tipo de cambio y con el cobro de un impuesto especial a las exportaciones, ahora parcialmente equilibrado con los reintegros y subsidios a los pequeños productores. Hace falta mucho más para lograr tres grandes objetivos, a veces enunciados pero aún no cumplidos:

La soberanía alimentaria. Lo que significa asegurar los sagrados alimentos para todos los argentinos y no sólo para la exportación. La industrialización del agro (y el regreso a una Argentina industrial).

.Un desarrollo sustentable que respete el medio ambiente

Para alcanzarlos, la sociedad debe conocer, crudamente, cuál es la situación actual. Sin tecnicismos esotéricos ni visiones distorsionadas por la subjetividad de los actores en juego. Como suelen decir algunos médicos: para curarse hay que partir de la aceptación de la propia enfermedad.

Estamos enfermos de sojización y de sojización transgénica: la expansión desbordada de una frontera que ya no es agropecuaria sino eminentemente sojera. Lo cual ha venido devastando nuestros bosques nativos y dejando de lado otros cultivos destinados al consumo interno. Una verdadera invasión que afecta también la biodiversidad y expulsa a los pueblos originarios y las comunidades campesinas. A la que estamos tratando de ponerle límites con la Ley de Bosques, que pretende detener la prepotencia de las topadoras.

Estamos enfermos de concentración monopólica: de los 170 millones de hectáreas que la Argentina destina a la producción agropecuaria, más de 74 millones están en manos de 4.000 (cuatro mil) propietarios. En la región pampeana hay 4,1 millones de hectáreas en manos de solamente 116 dueños. Para darse una idea: esa es la superficie de toda la devastada provincia de Salta.

Entre los grandes terratenientes actuales hay empresas y empresarios muy conocidos: Eduardo Elsztain (Cresud) posee 400 mil hectáreas; los viejos amigos de la cervecera Bemberg, 143 mil; Adecoagro, 200 mil; el grupo Werthein, 100 mil; la entrañable Amalita Lacroze de Fortabat, 140 mil; La Biznaga (Grupo Ledesma) “apenas” 50 mil.

Pero la concentración monopólica no se limita a la propiedad de las tierras, sino que incluye a la exportación. Cargill posee cinco puertos propios, cuatro plantas de molienda de oleaginosas (aceiteras), siete molinos de trigo, 45 plantas de acopio y dos malterías.

Un símbolo de la concentración son los exportadores de productos de soja: los seis principales (Bunge Argentina, AGD, Cargill, Molinos, Vicentín y Dreyfus) reinan sobre el 92 por ciento de las exportaciones totales de aceite de soja.

Uno de los seis grandes es AGD (Aceitera General Deheza), a cargo de Roberto Urquía, senador por Córdoba del PJ-Frente para la Victoria. Un propietario-legislador que se opuso con fervor a la sanción de la Ley de Bosques.

Este proceso de apropiación –hay que decirlo con todas las letras– se hizo hasta hoy con el apoyo del Estado, que premia a los seis grandes con un subsidio para comprar la soja un tres por ciento más barato. La justificación, claro, es incorporar valor agregado. Más útil y ecuánime sería, desde luego, utilizar buena parte del excedente que genera la renta agraria para financiar un ambicioso proyecto de reindustrialización del país que incluya, naturalmente, a las agroindustrias.

Una herramienta útil sería la creación de un Banco Industrial que otorgue financiamiento blando a nuestras pequeñas y medianas empresas para que puedan competir, dentro del Mercosur, con las brasileñas, contenidas eficazmente por su Banco de Desarrollo. Tal vez la existencia de ese instrumento promocional ayude a explicar por qué tenemos un déficit de 4.000 millones de dólares en el intercambio con nuestro poderoso vecino.

Pero no es conveniente detenerse en medidas aisladas, sino subrayar la urgente necesidad de un Plan Nacional de Desarrollo, dentro del cual el agro y la agroindustria ocupen el lugar destacado que merecen.

Su enunciación excede largamente los alcances de esta columna y debe ser producto de un debate serio en diversos ámbitos de la sociedad y el Estado, y en este último caso, tanto en el Ejecutivo como en el Parlamento, donde duermen la siesta algunos proyectos interesantes.

Por mi parte, modestamente, creo que el plan debería asegurar cinco objetivos fundamentales: 1) acceso de la población a una alimentación sana y barata; 2) competitividad presente y futura de la producción; 3) aumento permanente del valor agregado, privilegiando la creación de puestos de trabajo; 4) desarrollo regionalmente integrado, que supere las desigualdades actualmente existentes y 5) cuidado del ambiente.

Para lograrlos hay varias medidas que podrían instrumentarse en el corto plazo. Es imprescindible, por ejemplo, detener el desborde de la sojización, utilizando el instrumento impositivo para alentar otras producciones. Asimismo hay que desarrollar la investigación científica y tecnológica, aumentando la asignación de recursos al INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) y a otros centros de investigación. Los recursos podrían surgir de parte de las retenciones.

Para limitar el proceso de concentración de las exportaciones, resultaría muy apropiado recrear la Junta Nacional de Granos, que el mago Domingo Felipe Cavallo hizo desaparecer con el decreto 2.248 de 1991. La junta podría comprar y exportar con un puerto propio, para contrarrestar las maniobras oligopólicas de los Seis, que tan perniciosas resultan para los productores en particular y la sociedad argentina en general.

También es preciso impulsar el desarrollo de las economías regionales y las producciones con mayor valor agregado ya en la etapa primaria, en detrimento de las producciones extensivas, que generan poco valor agregado y no requieren de mano de obra. Eliminar los arriendos golondrina, asegurando que los contratos tengan una duración de, por lo menos, cinco años, como lo establece un proyecto de ley de los diputados Alberto Cantero Gutiérrez y Luis Alfredo Ilarregui (PJ-Frente para la Victoria), que el Congreso debería tratar. Y varias otras iniciativas, seguramente no previstas en estos apuntes, entre las que sobresale –a mi entender– la recuperación de la red ferroviaria para abaratar el transporte de productos agropecuarios y agroindustriales, hoy encarecido por su traslado masivo en camiones.

No resultará fácil, desde luego, pero el país dispone de los recursos para poner el plan en marcha.

“Los que más tienen deben pagar más”


Baradel explica su apoyo al Gobierno frente a la protesta agropecuaria

Roberto Baradel estuvo entre los dirigentes de la CTA que fueron a Plaza de Mayo a respaldar al Gobierno. Entiende que del otro lado estaban los “sectores del poder económico concentrado” y por eso dijo presente en el acto.

Pese a la tregua entre el campo y el Gobierno, las consecuencias de ese enfrentamiento y la convocatoria de Cristina Fernández de Kirchner a Plaza de Mayo dejaron cabos sueltos entre los sectores que se definieron de uno u otro lado. La Central de Trabajadores Argentinos (CTA) no participó institucionalmente de la movilización aunque muchos de los gremios que la integran se mostraron ese día apoyando el aumento de las retenciones.

En diálogo con Página/12, Roberto Baradel, secretario general del gremio docente de la provincia de Buenos Aires, Suteba, consideró que es necesario defender la medida porque si bien “no es una condición suficiente, es necesaria” para posibilitar la redistribución de la riqueza. Sin embargo, aclaró que debe “haber una política diferenciada o de retenciones segmentadas para los pequeños productores, para que también se modifique el esquema agroexportador del país”.

–¿Por qué fueron al acto en la Plaza de Mayo?

Entendíamos que había una contradicción muy grande entre lo que planteaban sectores del poder económico concentrado y lo que son los intereses populares. Además, en toda crisis política organizada por los sectores de mayor poder económico los que terminamos pagando los costos somos los trabajadores.

–¿Hubo un intento de desestabilizar al gobierno democrático?

Hay sectores del poder económico que intentan discutir otro país, que están en contra de que el Estado les cobre impuestos a los sectores de mayor capacidad contributiva y que éstos puedan ser distribuidos al conjunto de la sociedad. En esto se montaron sectores políticos. No es casualidad la presencia de Cecilia Pando en las protestas, ni que en esos días el Gobierno decidiera querellar a Martínez de Hoz. Tampoco fue espontánea, sino orquestada, la reacción de las cacerolas en distintos barrios porteños con consignas como “¡no queremos otra Cuba!”, “no queremos otra Venezuela” o “la plata para los que trabajan y no para los vagos”. Todas expresiones con un tinte ideológico de derecha, conservador, que pretendían dividir a la sociedad como se hace en otros países de Latinoamérica.

–¿También hace partícipes de ese intento a los pequeños productores?

Hay una serie de reclamos de los pequeños productores que son absolutamente justos. No se puede cobrar retenciones a todos los sectores de la misma manera, los que más tienen deben pagar más. Y tiene que haber una política diferenciada o de retenciones segmentadas para los pequeños productores para también modificar el esquema agroexportador de este país, fundamentalmente el modelo sojero, y poder desarrollar políticas para otros sectores como el ganadero o el lácteo.

–Hay sectores dentro de la CTA que le critican al Gobierno que todavía no se está logrando una redistribución de la riqueza.

Las retenciones por sí solas no son suficientes para desarrollar una política distributiva, ahora sin retenciones no es posible. Hay una asignatura pendiente en el tema pero no se va a poder saldar si somos incapaces de construir la fuerza social y política necesaria. En la medida en que se profundicen las políticas en favor de los intereses populares, los embates de estos sectores del poder económico y el poder político cómplice o funcional van a ser más fuertes.

–¿Cómo se enfrentan esos embates?

Con más democracia, tenemos que avanzar hacia una democracia más participativa y no tan delegativa. Ese es el caso del reclamo de la CTA por su personería gremial; es preciso darles herramientas a los trabajadores que se quieren organizar en muchos lugares del país y por eso son despedidos.

–En la Plaza de Mayo estuvieron también sectores sindicales con los que tienen muchas diferencias, como el de Hugo Moyano.

Cuando se tomen medidas a favor de los intereses populares, vamos a estar respaldando y vamos a hacerlas nuestras, pero cuando sean en contra de los intereses populares vamos a estar confrontando. En la CTA se dio un debate sobre la concurrencia a la Plaza de Mayo y hubo diferentes posiciones. Ese es un debate que está instalado en el campo popular. La CTA no fue institucionalmente, pero sí participamos muchísimos sectores y gremios dentro de la central.

Entrevista: Sebastián Abrevaya.

REVENTAMOS LA PLAZA

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Edgardo Depetri en la Plaza



El país debe discutir un nuevo modelo productivo

¿Cual es la postura del Frente respecto de esta marcha?

Marchamos masivamente a respaldar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Ganamos la calle ante el lockout patronal hecho por los dueños de la tierra, sean chicos o grandes, son dueños de la tierra y no quieren que nuestro gobierno y el pueblo argentino en su conjunto avancen en políticas redistributivas.

Y las retenciones sobre los productos agrícola-ganadero, son instrumento de distribución del ingreso, de esa manera estamos gravando a los sectores que más alta rentabilidad tienen, por la gran alza de los precios internacionales.

Tienen una renta descomunal y también son responsables de una escandalosa explotación de la mano de obra rural. Porque de un millón doscientos mil trabajadores agrícola ganaderos, el setenta por ciento está en negro y de ellos, el cincuenta por ciento en condiciones indignas.

Existe y ya lo hemos denunciado, una explotación indigna sobre los peones rurales –o trabajadores golondrinas- que van levantando la cosecha del algodón, cítricos, y ahora, las oleaginosas en los campos de los núcleos sojeros, que son los que vienen teniendo ganancias exorbitantes con el modelo económico.

Y esto sucede porque tienen toda la capacidad, no sólo de producir, sino también transportar los cereales; exportarlos y todo esto hace que sean un sector privilegiado de la economía y que justamente la Presidenta de la Nación, ha tomado la decisión de capturar parte de la rentabilidad de estos sectores para distribuirla al conjunto de la población.



-En Santiago del Estero han desmontado más de trescientas mil hectáreas de monte nativo para sembrar soja. En un punto, ¿puede decirse que la soja es la contrapartida de esta mano de obra semi esclava en el área rural?

Si, el país debe discutir un nuevo modelo productivo, un nuevo modelo agrícola. Tenemos que dejar de exportar comodities de soja que van a resolver las producciones para alimentar cerdos y vacas del primer mundo, pero no resuelven nuestro propio tema alimentario. Por eso hay que cambiar esta matriz, hay que producir pollo, vacas, leche, pan, en fin. Se trata de empezar a producir proteínas.

La idea base de nuestra propuesta, es Soberanía alimentaria. Esto quiere decir que, si el país tiene capacidad para alimentar cuatrocientos millones de habitantes en el mundo. Bueno, la primera decisión, debe ser que se alimente nuestra población. A partir de tener bien alimentada nuestra población, recién ahí podemos pensar en colocar el excedente de esa producción en el exterior.

Entonces creo que la Presidenta con las retenciones también le pone un tope a vincular otro modelo de producción alentando aquellos que necesita la población para resolver su dieta alimetaria.



Después de la Plaza de hoy cómo se sigue. Cuáles son las perspectivas a futuro.

Enfrentamos a un poder muy fuerte, un concentrado oligárquico que fue responsable del Golpe Gorila del ’76, que diseñó este país y que ahora se quejan, pero ellos diseñaron, ellos diseñaron el país agrícola ganadero exportador de materias primas. Antes habían desarmado a sangre y fuego el país industrial de pleno empleo, de salarios altos y de un Estado presente que garantizaba salud, educación y previsión para el conjunto de la población.

Y creo que este brutal “piquete de la abundancia”, salvaje, sin la mínima responsabilidad sobre el daño que producían al pueblo argentino en general, es una demostración de que los sectores oligárquicos que no están dispuestos a ceder un solo palmo en su lógica de concentración.

Pienso que esto debe ser un aprendizaje para el gobierno y también para el pueblo, comprender que no darán tregua, que los sectores concentrados de las clases dominantes van a venir por todo no bien se les presente una alternativa, y van a intentar detener el proceso político en marcha, no sólo en el país sino también en América latina toda. No es casualidad que en estos días la oligarquía boliviana esté cortando rutas o intentando desmembrar el país hermano.



Estos hechos, creo, hay que tenerlos en cuenta.

Entonces, volviendo a la primera pregunta: venimos a la Plaza en apoyo a Cristina y para defender un proyecto popular que nos pertenece. Proyecto que viene desde el fondo de nuestra historia. Y le vamos a torcer el brazo, esta se la vamos a ganar.

Y habrá que seguir construyendo unidad popular, conciencia de clase de pueblo, de movimiento social, de movimiento popular y discutir con el gobierno cómo enfrentamos esta etapa, donde no sólo estamos desafiados por los sectores del campo, sino también por los sectores de la industria, los sectores financieros concentrados de la economía y todos aquellos que conciben al país como negocio sólo de las empresas, y no el destino colectivo del conjunto de la población.
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La asamblea de la soja


Por Alfredo Zaiat- Gualeguaychú

Los discursos ante multitudes buscan enfervorizar a sus seguidores. Ya sea en la Plaza de Mayo o en el costado de la ruta. Frases altisonantes, contradicciones y chicanas son usuales en semejantes actos. En algunas ocasiones, sin embargo, ciertas frases de esas exposiciones facilitan la comprensión de cuál es la raíz del conflicto, que enfrentan pasiones y especulaciones políticas. Gracias a Juan Etcheverría, el líder de los denominados productores autoconvocados, se hizo más transparente ayer lo que está en juego en el desafío del campo. Etcheverría dijo que quiere que el litro de leche se pague $ 1,20 a los

tamberos y el kilo vivo de novillo a $ 4,50 a los ganaderos. También afirmó que, ahora que los pequeños productores se volcaron a la hiperrentable soja, el Estado sube las retenciones. Por fin un representante del sector transparentó el objetivo económico del piquete verde, más allá de los discursos tradicionales contra las retenciones y la intervención del Estado.

El valor de esas declaraciones reside en que esos reclamos exhiben el grave problema de las rentabilidades relativas en la producción agropecuaria y, por lo tanto, en la imperiosa necesidad de la intervención estatal. El negocio de la leche y la carne es rentable, pero bastante menos que el de la soja.

Entonces el pedido de elevar el precio de la leche (de un promedio de 85 centavos a 1,20 peso) y el de la carne de novillo (de una media de 3 a 4,50 pesos) es para competir con esa ganancia extraordinaria de la vedette oleaginosa. Ese camino implica subir de 40 al 50 por ciento el precio de esos bienes sensibles de la canasta básica de alimentos de la población. Esos ajustes afectarían a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Las retenciones móviles vienen a disminuir la hiperrentabilidad de la soja para acercarla a las de otras producciones del campo. Insistir con la orientación fiscalista de esa iniciativa es distracción. Etcheverría expuso de ese modo que los “hombres de campo” no quieren ganancias normales con la leche y la carne sino que aspiran a igualarlas a la de la soja.

La publicación Márgenes Agropecuarios, de la que no se duda de su cercanía con el sector, ofrece un esclarecedor recorrido de los precios recibidos por los tamberos: en abril de 2002 obtuvieron 7 centavos de dólar por litro de leche; en 2003, 15 centavos; en 2005, 16; en abril de 2007, 24; y ahora 26,6 centavos de dólar. Un aumento de 282 por ciento en ese período.

Pero la soja igual sigue siendo mejor negocio. Si los dirigentes del campo dicen que quieren salvar a los tamberos deberían aplaudir las retenciones a la soja, además de apuntar al oligopsonio de las usinas elaboradoras (por ejemplo, La Serenísima).

En cambio, si pretenden la hiperrentabilidad de la soja sin importar la diversidad de la producción de alimentos o los precios que debe pagar la población por la leche y la carne no deberían ocultarse detrás de la ubre de la vaca.

Los medios con la soja al cuello


¿Informar?

El consejo directivo de la Facultad de Ciencias Sociales aprobó una durísima resolución contra el modo en que fue cubierto el conflicto del campo y el Gobierno. Mencionan las faltas de ética, la falta de disonancias y ocultar intereses económicos.

Hace tres semanas, todavía se podían escuchar, como crítica al Gobierno, comentarios y versiones sobre el férreo control que ejercía sobre los medios. Cuando inició esa tercera semana ya no se habló más del tema. La realidad hizo añicos versiones y comentarios. Al contrario, se pudo escuchar un abanico de descripciones mediáticas sobre el lockout patronal agrario, disfrazado de justo reclamo, adueñado de la fórmula de los piquetes, pero piquetes buenos, protesta de “la gente”, temerosa, bien vestida, de familia. Crónicas sobre la gente decente.

El 1º de abril, el mismo día en que Cristina Fernández de Kirchner llenaba la plaza con “los otros”, el consejo directivo de la Facultad de Ciencias Sociales votaba una durísima resolución sobre la cobertura que realizó la mayor parte de los medios sobre el lockout agrario.

Durísima no porque asumiera una postura crítica en torno del debate retenciones sí-retenciones no, ni tomara partido en el tira y afloje del agro y el Gobierno, sino porque asumió su papel de formadora de periodistas: dentro de la Facultad de Ciencias Sociales la carrera de Ciencias de la Comunicación es la más numerosa.

“Han existido expresiones de periodistas –no corregidas ni enmendadas por colegas del propio medio o sus superiores– que, lejos de importar afirmaciones de hechos o apreciaciones opinables, llenan de vergüenza e indignación por sus contenidos clasistas y racistas, y por la supina ignorancia que revelan”, sostiene la resolución en sus considerandos.

El borrador de la resolución ya se analizaba desde que el cortocircuito de algunos medios puso en pantalla el conflicto literalmente blanco sobre negro. “De este lado, son gente bien vestida, que tienen familias, y se van temerosos porque vienen los otros, los piqueteros violentos”, dijo la cronista televisiva describiendo los roces del primer cacerolazo en la Plaza de Mayo, cuando los partidarios de D’Elía se dirigían hacia la plaza con ánimo de pocos amigos hacia los caceroleros rubios.

“Como formadores de periodistas, como espacio de análisis y de crítica, nos inquietó fuertemente el modo en que las empresas de comunicación afrontaron durante todos estos días el conflicto agropecuario –dijo a Página/12 Federico Schuster, decano de Ciencias Sociales–. Más allá de que lo de la cronista haya sido un claro prejuicio ingenuo o consciente, lo grave es que no fue corregido por un responsable”, sostuvo el decano.

La resolución del consejo directivo tampoco hizo eje en un hecho en particular sino sobre la falta “notoria de contrastes en las posiciones dadas a conocer en los medios sobre las medidas de las cuatro entidades que las convocaron, así como sobre sus causas y consecuencias”. A partir de los groseros desaciertos, el consejo puso de manifiesto “en especial para los medios audiovisuales” la “necesidad de la sanción de una ley democrática de radiodifusión que garantice los derechos del público a acceder a información plural, lo que conlleva la existencia de medidas tendientes a controlar los procesos de concentración mediática y de maniobras de monopolio informativo”.

El consejo mostró su preocupación porque los medios no manifestaran interés en enmendar los “dichos discriminatorios de quienes actúan por sus cámaras, micrófonos o páginas”, e impulsó a “los propios periodistas a que, a través de sus organizaciones, hagan públicas sus reflexiones ante actitudes antidemocráticas o discriminatorias de sus colegas y los medios de comunicación”.

El consejo resolvió finalmente exhortar al Comfer, el Inadi y el Consejo de la Mujer a poner en funcionamiento el Observatorio de la Discriminación en los medios que integran entre los tres organismos y que fue creado por decreto en el marco del Plan Nacional Contra la Discriminación.

“Estas críticas, si las dice el Gobierno queda en un umbral determinado. No por nada, al día siguiente del discurso en la plaza, dos grandes periódicos coincidieron en denunciar las críticas presidenciales como una amenaza a la libertad de prensa –aseguró Schuster–. Pero nosotros no somos ninguna estructura del Gobierno, tenemos autonomía y podemos decirlo porque somos formadores de periodistas: coincidimos en defender la libertad de prensa, pero quisimos mostrarles a nuestros alumnos que así no se hace periodismo.”

Por Horacio Cecchi

Hora de desensillar hasta cosechar


Por Raúl Dellatorre

En un masivo acto en Gualeguaychú, las entidades anunciaron que se bajan del lockout y de los cortes de ruta para retomar el diálogo con el Gobierno. El eje ya no son las retenciones, sino políticas para carnes, tambos y cultivos regionales.

Cumpliendo una estrategia cuidadosamente trazada, las cuatro entidades del sector agropecuario, en conjunto, levantaron ayer por treinta días el lockout que se aplicaba desde hacía tres semanas. Fue con un acto masivo y en un lugar emblemático: al costado de la ruta y en la zona donde tuvo lugar el corte de la Ruta 14, a la altura de Gualeguaychú. La foto de los cuatro máximos dirigentes de las entidades compartiendo escenario con el local Alfredo De Angeli, los discursos duros contra el Gobierno, pese a que se enmarcaban en la aceptación de la convocatoria al diálogo, y una concurrencia que compelía a las organizaciones a seguir juntas pese a las diferencias constituyen un mensaje cargado de simbolismo para las autoridades.

Sin definiciones sobre cómo se armará la mesa de concertación con el Gobierno ni sus contenidos, entidades y autoridades se encaminan hacia una negociación cuyos alcances podrían exceder por mucho el punto de inicio del conflicto: las retenciones móviles a la exportación de soja, girasol, trigo y maíz. Aunque cada organización defiende y promueve planteos diferentes y hasta a veces contradictorios entre sí, estas distancias tratarán de ser disimuladas a la hora de sentarse a negociar, buscando preservar una unidad que pareciera estar amarrada por un muy delgado hilo.

Al cerrar el conflicto, las entidades quisieron mostrar estandartes de fortaleza en un encuentro nacido de la debilidad. El frustrado acuerdo con Alberto Fernández y Martín Lousteau del viernes 27 había dejado la amarga sensación en los dirigentes de quedarse sin nada en las manos para justificar el levantamiento del paro que, a esa hora, necesitaban.

El lunes 30, el paquete de compensaciones a medianos y pequeños productores, lanzado unilateralmente, descomprimió el conflicto. Las cuatro entidades agropecuarias atinaron a ratificar la continuidad del lockout hasta ayer, sólo para tomarse tiempo y elegir la puerta de salida. En el Gobierno empezaron a respirar aliviados.

La salida fue propuesta por la Federación Agraria Argentina. Eduardo Buzzi, su titular, fue el dirigente más expuesto en el conflicto, como vocero del conjunto de organizaciones, pero además porque un representante regional de su mismo sector, De Angeli, emergió como líder de los “rebeldes” y autoconvocados que controlaban las rutas: duro confrontador con el Gobierno y fuerza de presión sobre la dirigencia rural empresaria. Por todo ello, el Gobierno eligió a Buzzi como blanco del vapuleo verbal.

Buzzi y su organización se vieron prácticamente compelidos a buscar una salida en la que no perdieran protagonismo y, al mismo tiempo, le permitiera cerrar el frente interno y la relación con las otras organizaciones. El mismo martes al mediodía le propuso a De Angeli convocar a una marcha hacia Gualeguaychú para resolver, desde allí y en el marco de la movilización, una “tregua” al conflicto. Invitó a las otras tres organizaciones a compartir escenario y la decisión.

Aunque no del todo conformes, las tres entidades que compartieron el lockout aceptaron, pero no de inmediato. Buscaron alternativas, pero no las tenían. No podían resolver con un simple comunicado sin tomar en cuenta que los cortes de ruta no respondían ya “orgánicamente” a las entidades. No podían ofrecer un sitio alternativo a Gualeguaychú, sin riesgo de perder el control del propio acto. A lo largo de la tarde del martes, tras estas meditaciones, fueron llegando las respuestas a la sede de FAA.

La primera en adherir fue Confederaciones Rurales Argentinas. Pero su principal filial regional, Carbap (Buenos Aires y La Pampa), marcó diferencias ya entrada la noche (después del discurso de Cristina en Plaza de Mayo), adelantando que levantaban la medida de fuerza.

La respuesta de Sociedad Rural y de Coninagro se demoró algo más. Ya desde el lunes a la noche, sus principales dirigentes, Luciano Miguens y Fernando Gioino, habían recibido insistentes llamados (algunos amables de Javier De Urquiza, los otros menos, de Guillermo Moreno) instándolos a levantar el paro. Estuvieron a punto de hacerlo el martes y no viajar a Gualeguaychú, pero finalmente optaron por no romper el “marco de unidad”.

La masividad de la marcha y los aplausos a los dirigentes le dio un broche ideal al evento. Federación Agraria abrió y cerró el encuentro, con De Angeli y Buzzi en el uso del micrófono en ese orden. Mario Llambías, de CRA, fue el encargado de anunciar la “suspensión del paro por treinta días para iniciar el diálogo”. Los aplausos le hicieron olvidar a Miguens y Gioino la incomodidad de su presencia ahí.

Muchas críticas al Gobierno, repetidas alusiones a la “incomprensión”, una encendida defensa de “la histórica lucha” que consiguió hacer visible los problemas del campo, se repitieron en boca de varios oradores. “La lucha no termina, sino que abrimos un compás de espera para la negociación”, se entusiasmaron. El público acompañó coreando “Argentina, Argentina” y “Unidad”. De Angelis tomó nuevamente el micrófono para amenazar con ir, “la próxima vez, todos a la Casa de Gobierno” si no había respuestas.

Cuatro horas después de cerrado el acto, todavía no había contactos para conformar la mesa de negociación. Ni se conocían los representantes que nombraría la Presidenta. La agenda, se entendía, ya no sería en torno a las retenciones, sino la necesidad de discutir políticas específicas para la carne, la leche y el trigo, prioritariamente, y la sustentabilidad de la producción de otros cultivos regionales.

“Las medidas de compensación al pequeño productor están bien, pero no nos dicen cómo se aplican”, insistió ayer Buzzi. El Gobierno deberá decir cómo y encontrar mecanismos para mejorar la eficiencia administrativa para que le lleguen al pequeño productor. En definitiva, todas las medidas de apoyo a las unidades económicas más débiles requieren de una activa participación del aparato del Estado para su aplicación. Muchas veces, en áreas abandonadas por la regulación oficial hace años. En este punto, también puede haber roces y chispazos entre entidades que apuestan a un Estado fuerte y las que lo sueñan pequeño y lejano.

En política de carnes, posiblemente la mesa de concertación retome la discusión en el punto que la dejó a fines de febrero, cuando las entidades presentaron una contrapropuesta a la oferta hecha por el Gobierno, que ni siquiera llegó a ser debatida.

El Gobierno y el campo han vivido en conflicto permanente desde fines de 2005. Con estas tres semanas de paro, se llegó a un punto extremo. Ahora se presenta una nueva oportunidad para la negociación, con una novedad que puede resultar determinante: ahora, el conflicto está en conocimiento de hasta el último consumidor del país de alimentos o de transmisiones de TV en directo.

Pasado y presente


Por Fernando Krakowiak

Durante los 21 días que duró el lockout rural el presidente de Federación Agraria, Eduardo Buzzi, defendió los intereses de los pequeños y medianos productores. El problema es que lo hizo con los mismos argumentos que utiliza la Sociedad Rural. Fue el principal aliado de los sectores más concentrados del campo que legitimaron sus exigencias detrás del halo de centroizquierda que les imprimió a sus discursos.

Ayer mencionó a los dirigentes de la Federación que fueron perseguidos durante la última dictadura militar para desmentir una supuesta actitud golpista y recordó a los “25 pibes de menos de un año que se mueren por día por causas evitables”, para mostrar que a un sector de la sociedad la comida le falta desde antes del lockout, pero al mismo tiempo criticó las retenciones a las exportaciones como si fuera Luciano Miguens.

“No es cierto que las retenciones tengan que ver con un sistema que amortigüe los precios en el mercado doméstico y tampoco tienen que ver con redistribución. Es una medida fiscalista y recaudatoria que tiene como objeto llevar recursos del conjunto de la economía de la pueblos a la Casa Rosada para disciplinar gobernadores e intendentes”, sostuvo.

También criticó “la demonización de la soja”, pese a que muchos de sus representados fueron desplazados por los pooles de siembra, justamente debido a la expansión indiscriminada de ese cultivo.

A lo largo del conflicto se la pasó diciendo que no todo el campo es lo mismo, pero hizo muy poco para diferenciarse. El lunes fue el primero en ratificar la continuidad del lockout luego del discurso presidencial, pese a que los reintegros anunciados por el Gobierno retrotraían la situación de sus representados al 11 de marzo, tal como él mismo lo había pedido.

Cuando Página/12 le preguntó en la conferencia de prensa por qué tomaba esa determinación respondió que también hacía falta discutir “quién es el sujeto agrario de la república”. Una exigencia demasiado vaga como para justificar la continuidad de semejante lockout.

En un pasado no muy lejano, Federación Agraria planteaba la necesidad de recrear las juntas nacionales de carne y granos para que el mercado no fuera el único asignador de recursos en el campo. Sin embargo, ayer no hizo una sola mención a ese tema y cuando un chacarero le gritó, en medio de su discurso, que pidiera por la reforma agraria se limitó a sonreír.

Buzzi afirma que las diferencias con el resto de las entidades están claras más allá de la alianza coyuntural que supuso este conflicto y hace valer la historia para justificarlo. Es cierto, el pasado no deja dudas. El problema es el presente.

Lo histórico y lo actual

Por Norberto Galasso *

Frente a los acontecimientos que suceden en relación con el campo, ocurre que el ciudadano común se pregunta a veces inocentemente: ¿cuál es la razón por la cual tanto el gobierno de Perón como el actual se atribuyen el derecho de quedarse con una parte de las utilidades que provienen del “esforzado” trabajo del mundo agropecuario? Reside aquí una de las tantas trampas de nuestra historia y de nuestra política. Se oculta que el negocio agropecuario, en cualquier parte del mundo, tiene una renta, una ganancia, normal y propia del capitalismo en que se vive, pero que además, en la Argentina tiene una superganancia –que ha sido llamada con razón “renta agraria diferencial”– y es sobre esta que se produce hoy la acción del Gobierno. Esto se origina en que el campo argentino posee una fertilidad asombrosa –una capa de humus importante que lo convierte en las praderas más rendidoras del mundo y también un clima propicio que evita gastos en tinglados y otros medios de protección del animal–. En su momento, Federico Pinedo sostuvo que en Argentina producir un kilo de carne costaba ocho veces menos que producirlo en Francia. Años después, Scalabrini Ortiz sostuvo que esa relación era de 1 a 5. De uno u otro modo, esto significa que en relación con los precios del mercado mundial, los productores argentinos –salvo aquellos expoliados por altos arrendamientos y con menor productividad por la extensión de campos marginales– obtienen, cuando venden al exterior, no sólo ganancias normales, sino también esas “rentas diferenciales”. Por esta razón, cuando Perón les quitaba una parte de la renta diferencial a través del IAPI y el control de cambios, o ahora el Gobierno, a través de las retenciones, no caen en pérdidas ni dejan de producir, lo cual ocurriría si no existieran esas condiciones excepcionales del campo argentino. Esta situación se torna fabulosa cuando, además de la renta agraria diferencial, los precios internacionales se desbordan alcanzando valores asombrosos como últimamente, por ejemplo, con la soja.

En la estrecha mentalidad rentística y parasitaria de los dueños de los campos todas esas ganancias, la normal, la diferencial y la proveniente del precio internacional, les pertenecen a ellos por un regalo de Dios, o de la naturaleza, como usted quiera. Para ellos, esa ventaja excepcional no es de la Argentina, sino únicamente de ellos, porque sus antepasados han sido los “avivados” de la enfiteusis rivadaviana o los amigos de Anchorena y Mitre, robándoles la tierra a los gauchos, como denunció Hernández, o pagando a tanto la oreja de indio para quedarse con las inmensas estancias del sur. En esa vieja historia de latrocinios están fundados los reclamos de hoy, que son latrocinios también y que, a su vez, salvo raras excepciones, tienen empleos parasitarios que ellos mismos reconocen hoy cuando dicen que el número de cabezas de ganado es el mismo de hace muchos años atrás, pero que, desgraciadamente, los argentinos somos más y les restamos los saldos exportables. Por eso quieren exportar sin que les toquen los precios altísimos y, al mismo tiempo, vender internamente a esos mismos precios. A todo este panorama se suma el trasfondo político del movimiento: suponen que con cacerolas pueden hacer lo mismo que hizo el pueblo contra la entrega y la impotencia de De la Rúa, pero en eso también se equivocan. Vivimos otros tiempos y el viejo mundo va quedando atrás indefectiblemente.

Democracia antes que soja

Por Orlando Barone *
El lockout, en inglés y en lenguaje económico político, es la huelga al revés: es la del propietario que cierra voluntariamente su fábrica en contra de las exigencias obreras. Si los afectados fueran los dueños del servicio de aguas y cerraran el chorro, dejarían un tendal de poblaciones en riesgo agónico. El lockout que cierra las tranqueras y los caminos y discrimina a su criterio el paso de mercadería amenaza a los consumidores con el in crescendo inflacionario y el desabastecimiento. Y perjudica a empresarios y trabajadores de otros rubros. Este ataque a la economía argentina es transparente pero temible. Viene de quienes se sienten damnificados por el Estado y de gran parte de quienes manipulan el lío. Si los relatores de estos hechos en lugar de preguntarles a los huelguistas si tienen bronca o si se sienten robados o confiscados, les preguntaran cuánto ganan y qué bienes tienen. Y cuánto exactamente dejarían de ganar por culpa de las retenciones. Y si además desnudaran la pobreza de sus peones rurales y por qué si los campos son tan productivos se despueblan, se vería todo el escenario. Y se vería cuáles son las víctimas reales. Que no son necesariamente las que gritan. Y los llamados y autollamados “pequeños productores” deberían sincerarse. Pequeños, diminutos, imperceptibles son los ciudadanos que ni siquiera tienen un lote. Un pequeño elefante no deja de pertenecer al rubro elefante. Nadie dice de un pobre que es pequeño. Es pobre o no es pobre. No está mal aclararlo. Todos somos peces. Pero unos son tiburones y otros cornalitos. Este enfrentamiento político puede alterar el resultado de las elecciones recientes. Ya hay analistas que especulan que éste es un punto bisagra a favor de los opositores. El Gobierno está asechado, y lo escribo con ese no con ce. No por el vasto campo, que es una abstracción geográfica, sino por quienes se mimetizan con él untándose de dudosa leyenda campesina. Es éste un peligro argentino reciclado del antiguo catálogo. Ya no se trata ni del peligro militar ni del peligro de ingobernabilidad ni del default, como ha sucedido cíclicamente. Ahora es el peligro de ruptura social y de quiebre democrático. Y surge porque se ha decidido un rumbo nacional que transgrede el rumbo deseado por quienes por eso no fueron elegidos en las urnas. La consigna “¡O se anulan las nuevas retenciones, o nada!” es un parte de guerra. Un ultimátum con tractores en vez de tanquetas. No hay gobierno que se resigne a este descomedido chantaje. Y es un chantaje porque no es un clamor de país, sino un rezongo de cereales y vacas. Cualquiera sea su razón, impedir el abastecimiento normal de alimentos no es un recurso huelguístico. No cuaja con las misas agrarias. La democracia está antes que la soja.

Un guiño a los pequeños que en la ruta no sedujo


Compensaran la suba de retenciones al 80 por ciento de productores y gastos de flete, pero sigue el lockout

Las medidas anunciadas ayer mejoran los resultados del productor de hasta 500 toneladas de soja, pero fueron rechazadas por las entidades, incluso por Federación Agraria. Cristina Kirchner pidió un gesto para dejar transitar los alimentos.

Por Raúl Dellatorre

Con un diagnóstico mucho más cercano al que plantean las organizaciones de pequeños y medianos productores, condenando la concentración sojera de la producción agrícola y ofreciendo medidas para mejorar los resultados para las unidades productivas menores y más alejadas de los puertos, el Gobierno buscó ayer encarrilar el conflicto, pero sin expectativas de solucionarlo definitivamente. “Tienen derecho a protestar, pero háganlo a un costado de la ruta”, reclamó la presidenta Cristina Kirchner después de anunciar las medidas, admitiendo que era consciente de que el conflicto continuaba. La respuesta de una dirigencia rural que no se tomó tiempo de meditar la propuesta, sino que esperaba el fin del discurso oficial ya con la conferencia de prensa convocada y reunida, fue que “no se modificó en esencia” la situación planteada al convocar al lockout. “Por lo menos, mejora el diagnóstico, que si se hubiera hecho en el arranque de este conflicto nos habría ahorrado bastantes tensiones”, concedió Eduardo Buzzi, titular de la Federación Agraria. Aceptó otro avance, como la compensación del costo de fletes para productores del Norte del país, aunque puso en duda su efectividad. Tanto Buzzi como los demás integrantes de la cúpula empresarial agropecuaria utilizaron un tono mesurado para anticipar su rechazo a medidas que, dijeron, “habrá que analizar más detenidamente”. Y dejaron la decisión sobre la continuidad del lockout en manos de los agricultores y terratenientes autoconvocados en las rutas, que de inmediato se pronunciaron por mantener las medidas de fuerza.

El acto en la Casa de Gobierno, donde habían sido convocados la mayor parte de los gobernadores de provincias y los intendentes de municipios del conurbano, comenzó con una descripción de Martín Lousteau del actual estado del desarrollo agropecuario argentino. En términos críticos, se refirió al avance de la soja sobre otros cultivos, provocando una pérdida de producción absoluta en éstos, pérdida de calidad del suelo, nulos resultados en materia de creación de puestos de trabajo y encarecimiento en el valor de los alquileres de los campos.

Hizo referencia enseguida a la fuerte concentración en la producción de soja, en la que dijo que cuatro mil productores representan más de la mitad de la producción nacional de la oleaginosa. “Al comenzar esta campaña (ese grupo) tenía como perspectiva facturar 5800 millones de dólares, pero por la variación del precio, incluso descontando el nuevo nivel de retenciones a la exportación, están obteniendo 1000 millones más”, aseguró. En el otro extremo del espectro, señaló Lousteau, se encuentran 62.500 productores, el 80 por ciento del total, que apenas suman el 20 por ciento de la producción.

“Está claro que hay que diferenciar entre pequeños y grandes productores”, subrayó, antes de ingresar en el anuncio de las medidas. Estas buscan retrotraer al 10 de marzo (antes de establecerse las retenciones móviles) la situación de los pequeños y medianos productores (hasta 500 toneladas de producción), reintegrándoles automáticamente la diferencia de retenciones respecto de la alícuota del 35 por ciento vigente hasta esa fecha. Ayer, la retención promedio para las exportaciones de soja y sus derivados se ubicaba en 41,5 por ciento, 2,6 puntos menos que el día que se establecieron las alícuotas móviles. Los beneficiarios deberían ser los 62.500 productores antes mencionados, según explicitó luego Cristina Kirchner.

Otras medidas anunciadas ayer (ver detalle aparte) son la compensación por costo diferencial de fletes para productores de las provincias del Norte del país, la apertura del registro de ventas externas de trigo para un remanente de un millón de toneladas, políticas de apoyo a la producción lechera, respaldo crediticio del Banco de la Nación a productores “empezando por los de pollos y leche”, según Lousteau, y la creación de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, que implementará políticas que hagan “más sustentables las pequeñas unidades productivas”.

La Presidenta, que habló después de Lousteau, justificó “el doble sistema de retenciones por un lado y compensaciones por otro, para que los precios internos no se vuelen” con la suba internacional. Insistió en el enorme salto de ganancias que logró la producción de soja, condenó los desmontes y pérdida de bosques para sembrar la oleaginosa, así como la utilización de glifosato (agroquímico) para eliminar malezas y plagas.

Cristina Kirchner les pidió, hacia el final, “a todos aquellos que creen que sus derechos han sido vulnerados y tienen derecho a manifestar, que lo hagan al costado de la ruta, que permitan el paso de los camiones que llevan insumos, los alimentos para el pueblo y los insumos para la industria y los servicios (...); les pido que recapaciten”.

Como el Gobierno ya descontaba antes de hacer los anuncios, el paro empresarial agropecuario seguirá hasta mañana, por lo menos. Ayer planteó un nuevo escenario con las medidas, pero falta que demuestre y convenza de sus alcances, sobre todo, a los pequeños productores que deberían ser los beneficiarios. La experiencia, hasta ahora, indica que productores de cultivos ajenos a la soja e, incluso, de carne que utilizan granos como insumo están acompañando el paro. Otra de las particularidades de este lockout, cuya lógica no lineal es un interrogante que el Gobierno todavía no logró resolver. Y que a la dirigencia rural, cada día que pasa, se le torna más difícil de conducir.



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Frases clave de Cristina

- ¿Cuál era el precio que tenía el productor cuando decidió sembrar soja? 237 dólares la tonelada. El precio de hoy, aun con la resolución del 11 de marzo, es de 279 dólares. Quiere decir que la totalidad de los productores, pequeños, medianos y grandes, aun con retención, no tiene pérdida.

- Los 62.500 que serán compensados son el 80 por ciento de los productores de soja y girasol del país, y sólo generan el 20 por ciento de soja en la Argentina. Del 20 por ciento que tienen el 80 por ciento del mercado, hay un 2,2 por ciento que tiene el 46 por ciento de la producción.

- Uno, cuando ve la cantidad de productores a los que se contempla y se les deja la misma rentabilidad, como si no hubiera existido resolución el 11 de marzo, y tampoco lo aceptan, siente que entonces hay otros cuestionamientos que van más allá de la medida y la resolución.

- Yo les pido a todos aquellos que creen que sus derechos han sido vulnerados y que tienen el derecho a manifestar, que lo hagan al costado de la ruta, que permitan el traspaso de los camiones que llevan insumos y alimentos para el pueblo.

A 26 AÑOS DE MALVINAS

LOCK OUT PATRONAL SEGUN TVR "EL MEJOR INFORME DE TODOS LOS MEDIOS DEL PAIS"