FRENTE POLITICO Y SOCIAL COMUNA 12. CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES


CHARLA DEBATE SOBRE RETENCIONES Y DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA. JUAN PABLO COMO PANELISTA.

8 de Julio de 2008, sucedida en el PSol de Roosvelt 5706, VIlla Urquiza y en la que participaron, por orden de exposición :


Juan Pablo O´Tezaile, del Frente Transversal Nacional y Popular
Jorge A. Kreines, del Partido Comunista
Edgardo Form, del Partido Solidario
Ariel Basteiro, Diputado Nacional por el Partido Socialista.

ALGUNAS CONSIDERACIONES DE JUAN PABLO:



Buenas noches a todos. La verdad, muy contento y entusiasmado por la iniciativa de conformar el Frente Político y Social de la Comuna 12, porque creo que cada vez mas, el único destino que nos queda para poder seguir avanzando en los sueños de la política y en las concreciones de la política, es la unidad concreta. Así que en esta iniciativa en una Ciudad como la nuestra, muchas veces tan parcializada, por distintas cuestiones y roscas partidarias, me parece que es una iniciativa muy interesante y ojala que la podamos reforzar, continuar aquí y además multiplicarlas en el resto de las Comunas de la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que quería aportar y reflexionar desde la perspectiva de nuestro Frente Transversal Nacional y Popular y desde "nuestra militancia histórica en la CTA, compartiendo el Campo Nacional y Popular, y no el campo de los dueños de la soja",
acá se encuentra el Cro. Ariel que militamos juntos en la CTA, es tratar de ubicar el ubicar el tema del conflicto con el campo.



Creo que todos pudimos ir haciendo un análisis en este largo conflicto que todavía aun no esta cerrado. Me parece que si tiene algo de positivo, es que permite instalar el debate y el pensamiento critico, y empezar a ver realmente, como se va dividiendo la situación de la "apropìacion de la riqueza, de la renta y la disputa para poder distribuirla".

Pensamos que "las retenciones son medidas económicas, un derecho de aportación, que son herramientas indispensables para la distribucion, pero no implica en si mismo la distribución".

Es la facultad que tiene un Estado, un Poder Ejecutivo, de poder apropiarse de una ganancia extraordinaria para poder distribuirla.

A lo largo de todo este tiempo, "se instalo desde los medios de comunicacion, en ubicar al campo, como un campo idílico, como que son la gente trabajadora de la tierra, la Argentina granera del mundo" y la primera cuestión que debemos analizar es que "no fue un paro del campo, si no, un salvaje lock out patronal" de los dueños de la tierra asociados a la grandes cerealeras exportadoras, y que "los trabajadores de la tierra han quedado totalmente excluidos en esta disputa".

Realmente "laFederacion Agraria hoy por hoy ya no representa a esos pequeños y medianos productores que dicen representar, aunque puede haber todavía alguno, esta organizacion ha resuelto su política al lado de la Sociedad Rural, la CRA, Carbap, y los históricos defensores de la oligarquía terrateniente.

Estos pequeños y medianos, son muchos de ellos, los Pueblos Originarios, son productores familiares, los que realmente no tienen problemas con la soja, en cuanto a su comercialización, sino que están siendo corridos de sus tierras por culpa de la sojizacion.

Falacias




La cuestión de los pools de siembra y la incidencia de los arrendamientos sobre la producción de soja fue debatida en las comisiones del Senado durante la visita de los jefes de las cámaras patronales agropecuarias. Se repitieron las falacias ya habituales, como siempre con participación destacada de Eduardo Buzzi, cuya reputación es mejor que la de Guillermo Moreno porque no forma parte del gobierno. El senador por Santa Cruz Nicolás Fernández le preguntó qué porcentaje de tierras alquiladas había y qué porcentaje del margen operativo se llevaba el costo del arrendamiento y propuso “discutir si este nuevo sujeto agrario de la etapa no es el que está distorsionando la rentabilidad que usted defiende”. Buzzi respondió que “casi el 70 por ciento de la tierra en explotación agrícola está trabajada por arrendadores” y con un ejemplo de Santa Fe dijo que el 58 por ciento del costo de ese productor es arrendamiento. Ese sería el principal problema de “ese gaucho, que tiene que poner 18 quintales de soja para poder trabajar una hectárea de campo. Además, hay que agregar la cuestión de los fertilizantes. ¿Cómo no van a salir a la ruta?”. El censo agropecuario de 2002 lo desmiente. Los datos correspondientes a la región pampeana (formada por Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos y que según el secretario Urquiza concentra el 88 por ciento de la producción de soja y el 89 por ciento de los productores, con un margen neto de 820 pesos por hectárea) indican que más de la mitad de su superficie corresponde a propietarios, un tercio a propietarios que además alquilan tierras para mejorar la escala de producción y apenas 8 por ciento son arrendamientos por parte de operadores que no son propietarios, como se aprecia en el cuadro.

Si además se analizan esos mismos rubros según la superficie del arrendamiento, se observa que la incidencia de propietarios entre quienes arriendan tierras de otros para producir se acrecienta con el tamaño de la explotación, según se ve en el gráfico.

En explotaciones de hasta 500 hectáreas los arrendamientos de propietarios duplican a los de no propietarios; a partir de allí y hasta 5000 hectáreas los triplican. De 5000 a 10.000 los cuadruplican y en explotaciones de más de 10.000 hectáreas casi los septuplican. Estos datos sobre el total del universo agropecuario de la zona núcleo ponen en cuestión también la pertinencia del proyecto de ley sobre arrendamientos, que la Federación Agraria consiguió colar tanto en bloques del oficialismo como de la oposición, con el argumento de defender a los productores más débiles de una agresión de capitales extrapampeanos, depredadores y expulsivos. Aquí se ve con claridad que se trata de un conflicto interno al sector agropecuario, más parecido a la confrontación original del grito de Alcorta de 1912, que a la guerra de las galaxias de los pools de siembra. Buzzi se niega a reconocerlo porque privilegia su alianza con los grandes latifundistas pampeanos, como Luciano Miguens y Mario Llambías. Por otra parte se redujo en forma notable la superficie tomada mediante contratos accidentales, ya sea por propietarios o por no propietarios: de 3,8 millones de hectáreas según el censo agropecuario de 1988 a 1,5 millones de hectáreas en 2002. El contrato accidental es aquel que se establece por un máximo de dos cosechas, es decir menos de dos años, y que puede ser renovado. Esto indica que en el presente los contratos son por tres o más años. En una etapa de notable incremento de precios a nivel internacional, fijar un mínimo de cinco años mejora la situación a los que arriendan a otros propietarios. Nada de esto implica negar la importancia de la inversión de capital financiero en los commodities agropecuarios, pero muestra que el agente de su desembarco en el agro argentino no es un actor nuevo, sino la vieja oligarquía, que desde hace por lo menos un siglo es la clase más innovadora y moderna, el interlocutor privilegiado de los mercados internacionales y el azote de cualquier gobierno que la considere por lo que es y no por el cuento de hadas de que ha dejado de existir.



LOS GAUCHOS DE BUZZI

La tierra del estanciero



Por Mario Rapoport *

La expresión “granero del mundo” quedó grabada en la mente de muchos argentinos como una época de oro de nuestra economía. Pero, como decía Jauretche, formaba parte más bien de una mitología que don Arturo describió, en su lenguaje campero, con el nombre criollo de “zoncera”. La Argentina no era a principios del siglo XX el primer exportador agropecuario del globo (en 1907 sólo se ubicaba tercero después de EE.UU. y Rusia) y sería más apropiado llamarla estancia vacuna, el negocio principal de los dueños del poder. No por casualidad uno de los juegos para niños más populares del país por décadas se apoda el “juego del estanciero”. Es fácil darse cuenta también, desde las primeras apropiaciones de tierra –vía el “eufemismo” de las genocidas “campañas del desierto”, la ley de enfiteusis y otros mecanismos puestos en práctica por los distintos gobiernos “patrios” para “repartir” con “generosidad” estos lares–, de que ese “granero del orbe” (generosa licencia poética de Rubén Darío), no pertenecía ni por asomo al conjunto de la población. El censo de 1914 mostraba, por el contrario, que la propiedad de la tierra era de muy pocos: el 5 por ciento de los propietarios disponía en 1914 del 55 por ciento de las explotaciones.

La poderosa oligarquía que gobernaba el país en función de sus intereses agro-exportadores, tenía al menos tres principales características. Primero, una cultura fuertemente rentística, pues sus principales ingresos provenían de las extraordinarias ganancias que les brindaba la renta de la tierra. Segundo, una conducta antidemocrática que permitía a “todos los hombres de mundo habitar el suelo argentino”, pero marginaba políticamente a los inmigrantes que llegaban para trabajar pero no para ser ciudadanos. Era la llamada “república restringida” de la que nos habla Botana, propiedad de “gobiernos electores” perpetuados en el poder mediante el poco elegante mecanismo del fraude electoral y la interdicción de sus opositores. Tercero, una visión del mundo que llegó a considerar, en palabras de Miguel Angel Cárcano, que “la amistad anglo-argentina” tenía su origen en “los aguerridos y bellos soldados que aparecieron una mañana (de 1806) en las playas de Quilmes” (sic) mediante el extraño recurso de una invasión a sangre y fuego. Por algo se llegó a pensar a la Argentina como una especie de “colonia informal” del Reino Unido, el principal comprador de sus productos.

Esa oligarquía adoptaba, por lo general, pautas de consumo extravagantes y no necesitaba o no le interesaba invertir en capitales de riesgo. De esa manera, para crear la infraestructura que el aparato agroexportador requería (transportes, puertos, urbanización, bienes de capital) los aportes vinieron casi en su totalidad del exterior. Como narra Ferns, describiendo la conducta de ese sector, “en los centros de placer europeos la palabra argentino se convirtió en sinónimo de riqueza y lujo”. En cambio, para el más crítico Carlos Ibarguren, “el fomento y el de- sarrollo desenfrenado de los negocios (?) y de la especulación engendraron una irresistible ola de agio en todos los terrenos (?). Ello trajo como consecuencia la corrupción, el despilfarro, el afán del oro, la riqueza fácil”. Valores que se transmitieron, de una u otra forma, al resto de la sociedad y, sobre todo, a los sectores medios. Un señor, Félix J. Weil, que conocía bien el ambiente de que se trataba, le daba por nombre “La tierra del estanciero” a uno de los capítulos de un libro esencial para conocer la Argentina de las vísperas del peronismo1. Weil era la “oveja negra” de una familia que poseyó a principios del siglo XX una de las más grandes firmas de exportación de granos del país. Pero cometió el pecado de haberse ido a estudiar a Alemania, hacerse marxista y fundar con su dinero –parte de la renta agraria argentina que daba para todo– la subversiva Escuela de Frankfurt. Sin embargo, la oligarquía era benévola con sus miembros y en la década del 30 colaboró con los gobiernos conservadores sin abjurar en el fondo de sus ideas. Y en su libro Weil trata un tema que todavía nos interesa. Esa oligarquía se oponía no sólo a explotar plenamente sus tierras, lo que muchos en la época denunciaban como “latifundio”, sino también, y sobre todo, a pagar sus impuestos.

Yrigoyen no pudo imponer en sus gobiernos un impuesto sobre los réditos (tuvo tres intentos fallidos en 1919, 1922 y 1924), que el Senado, con mayoría conservadora, le negaba, y hubo que esperar hasta 1932, después del estallido de la crisis de los años ’30, para su aprobación legislativa. Debe resaltarse que en esta etapa, ante la abrupta caída del comercio internacional, era la propia subsistencia del Estado nacional la que dependía de la modificación de la estructura tributaria. Además, pesaba el riesgo de la moratoria en el pago de la deuda externa. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo. “Cuando los bienes han sido acumulados (?) la gente pobre puede beneficiarse en el máximo grado de los esfuerzos de los más afortunados y los más eficientes” era el argumento utilizado por diversas instituciones empresarias, entre ellas las rurales, para oponerse al nuevo impuesto a los réditos, tesis parecida a la del llamado “efecto derrame”, prevaleciente como dogma cincuenta años más tarde.

Weil denuncia en los años ’40 una de las formas más frecuentes para evadir esos y otros impuestos: la creación de sociedades anónimas. Además de constituir una manera sencilla para evitar pagar el impuesto a la herencia, que muchos años más tarde anularía el inefable Joe Martínez de Hoz, también servía para otros fines. Así, en lugar de tener acciones en una sociedad que era propietaria de cinco estancias, un individuo tenía acciones en cinco sociedades, cada una de la cuales poseía una estancia que no sobrepasaba el área mínima imponible de tierras estipuladas por la ley para cierto tipo de impuestos. De esa forma, a diez años de vigencia del impuesto a los réditos, Carlos Alberto Acevedo –ministro de Hacienda en los gobiernos conservadores de la Concordancia– proponía otra reforma impositiva. A fin de evitar la inflación, esa reforma no podía ser sustituida “por gravámenes indirectos que incidirían sobre los consumidores, ya bastante recargados con el aumento del costo de la vida”. Por lo cual, “los impuestos a las grandes ganancias, a las grandes rentas, y a las grandes fortunas son el remedio económico que el país necesita en estos momentos”. Pero, por supuesto, tuvo poco eco y su iniciativa no fue aprobada.




El aumento a las retenciones de los productos agrícolas de exportación vuelve a colocar en el tapete la cuestión de las reformas económicas faltantes que el Gobierno debería realizar, entre las cuales una de las más importantes es, sin duda, la del sistema tributario. En el curso de la historia argentina la concentración de la propiedad rural no sólo significó un obstáculo a la materialización de potenciales encadenamientos productivos hacia la industria, sino que frenó, a través del poder político de la elite propietaria, todo intento de gravar las ganancias extraordinarias de ese sector, ni con un impuesto a la renta de la tierra ni a través de un arancel sustancial a las exportaciones. En su memoria de 1964, la Sociedad Rural Argentina califica como injusto e inconveniente que el campo sea gravado porque constituye la “fuente básica de la riqueza, sobre la que se estructura la vida económica de la nación”. En el “juego del estanciero” existen casilleros que indican al jugador el pago de una determinada cantidad de dinero por deudas o impuestos. Para la SRA sería cuestión de suprimir en la maldita realidad esta pésima jugada.

* Economista e historiador. Investigador Superior del Conicet.

1 El libro se titula Argentine Riddle (El enigma argentino), publicado en EE.UU. en 1944.

GARCAP S.A. QUIENES SON LOS DUEÑOS DE LAS GRANDES EXTENSIONES EN BUENOS AIRES



Los gordos de 20.000 hectáreas
Grupos económicos y familias tradicionales como B&B, Blaquier, Bullrich y Pueyrredón, entre otros, fueron los que introdujeron el modelo de agronegocios. Por qué se oponen a las retenciones.

Por David Cufré

Parece difícil imaginar que el conflicto entre un sector del campo y el Gobierno pudiera haber alcanzado semejante magnitud si sólo expresara las reivindicaciones de pequeños chacareros al borde de la ruina. Antes de su alianza con la Sociedad Rural, Federación Agraria no consiguió jamás el espacio mediático y la incidencia política que exhibe en esta oportunidad. Cuando Eduardo Buzzi era integrante del Frenapo, la iniciativa de principios de década que exigía un subsidio universal para mitigar una pobreza creciente, no aparecía a diario en la televisión. A esta altura queda claro que no está peleando por la reforma agraria, ni siquiera por la vuelta de las juntas de granos y de carnes, sino por lo mismo que un actor social que históricamente sí consiguió los más variados apoyos políticos y una amplia difusión de sus ideas, al punto de que son dueños de diarios nacionales y provinciales, además de miles y miles de hectáreas.

El investigador de Flacso Eduardo Basualdo elaboró un informe que describe a ese sector económico de elite, nombre por nombre. Son los tradicionales dueños de la tierra. Los mismos que en la década pasada extendieron aún más sus propiedades sacando provecho de un modelo económico y una política agrícola que provocó la desaparición de más de 100 mil chacareros. En aquellos años hubiera resultado imposible la alianza entre ellos y la estrella del momento, Alfredo De Angeli, ya que en aquel tiempo no había cámaras para registrar los remates de campos que se producían a diario. De Angeli ahora dice que el secretario de Agricultura de los ’90, Felipe Solá, es quien más sabe de política agropecuaria.

Basualdo realizó su investigación centrándose en quienes poseen más de 20.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires. Y llegó a la conclusión de que siguen siendo los “actores decisivos” del campo argentino, incluso por sobre los pools de siembra. Son el verdadero poder del campo, en una economía donde la renta agraria volvió a prevalecer sobre otras actividades por los precios record de las materias primas. Las retenciones móviles se meten con esa renta extraordinaria. Esa es la razón profunda del conflicto. Lo demuestra el hecho de que los pequeños y medianos productores no pudieron hacerse oír cuando se fundían, sólo lo consiguen ahora que su reclamo coincide con el de ese segmento clave del establishment.

El mismo Buzzi reconoció el 16 de marzo en un reportaje con PáginaI12 que lo peor que les puede pasar en este momento a los pequeños productores es entregar su campo en alquiler, a valores inéditos, para convertirse en rentistas, una realidad muy alejada de aquella de los remates, cuando perdían la propiedad de la tierra.

En ese entonces, dice Basualdo, cinco grupos económicos y 35 grupos agropecuarios lograron ampliar sus dominios en el campo. Los primeros son Bunge & Born, Loma Negra (Amalia Lacroze de Fortabat), Bemberg, Werthein y el ingenio Ledesma (familia Blaquier). En total poseen 396.765 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, lo que arroja un promedio de 79.353 hectáreas cada uno. La familia Bemberg, ex propietaria de Cervecería Quilmes, diversificó sus negocios en distintos rubros, pero se declara propietaria de 60.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, otras 73.000 en Neuquén y 10.000 en Misiones. La característica común de esos grupos económicos es que construyeron sus imperios a partir de las ganancias surgidas de las actividades rurales.




Los grupos agropecuarios están constituidos mayormente por familias de la aristocracia, que dieron origen a la Sociedad Rural. Son 35, que reúnen un total de 1.564.091 hectáreas, a razón de 44.688 hectáreas cada una en promedio. Figuran las familias Gómez Alzaga, con 60.000 hectáreas, Anchorena, con 40.000, Balcarce, Larreta, Avellaneda, Duhau, Pereyra Iraola, Ballester, Zuberbühler, Vernet Basualdo, Pueyrredón, Bullrich, Udaondo, Ayerza, Colombo, Magliaro y Lanz, entre otras (ver listado aparte).

En total existen en la provincia de Buenos Aires 1294 propietarios con más de 2500 hectáreas. Son 799 los que tienen entre 2500 y 4999 hectáreas, 242 entre 5000 a 7499 hectáreas, 92 entre 7500 y 9999 hectáreas, 108 entre 10.000 y 19.999 hectáreas y 53 de 20.000 en adelante, incluidos los estados nacional y provincial. En conjunto, son dueños de 8,8 millones de hectáreas, algo más del 32 por ciento del total de la provincia.

Basualdo ubica como causa central del predominio dentro del campo argentino de los grandes propietarios de más de 20.000 hectáreas la posibilidad de aprovechar economías de escala. Fueron los que introdujeron el modelo de agronegocios imperante. Desde mediados de los ’90, explica, “se consolidan modificaciones tecnológicas y en el proceso de trabajo que tienen un efecto desigual en los productores de distinto tamaño, porque potencia las denominadas economías de escala. Es decir, hacen más pronunciada la reducción del costo por hectárea a medida que aumenta la superficie trabajada”. El investigador de Flacso sostiene que los pools de siembra imitaron el modelo que impusieron los grandes propietarios. Fueron éstos quienes lo consolidaron y perfeccionaron: “Primero con las privatizaciones, después con las semillas transgénicas y finalmente con la difusión de la siembra directa”, detalla.

Los grandes propietarios tienen un acceso diferenciado a los servicios privatizados, como los trenes de carga, señala Basualdo. Los sucesivos lockouts de las entidades ruralistas no fueron para cuestionar este esquema, sino en su defensa, expresado en el rechazo a las retenciones móviles. Los representantes de los verdaderos pequeños campesinos, dueños de una, cinco o diez hectáreas en la zona extrapampeana, no lograron repercusión pública para explicar los efectos de la sojización sobre sus producciones. Ellos sí se ven forzados a entregar sus tierras en provincias como Santiago del Estero, Formosa, Salta o Chaco, por la llegada de la soja. De ese espacio no logró emerger ningún De Angeli.

Entre Ríos viceversa. CRONICA DE TRES PRODUCTORES ATRAVESADOS POR EL CONFLICTO AGROPECUARIO

Un intendente productor que habla pestes de Alfredo De Angeli, enfrentado al que fuera su socio y que ahora anda por las rutas. Un ruralista que amenaza con que “la única manera de que Buenos Aires entienda es que sufra hambre de verdad”. Una familia de gauchos judíos, acorralados por las plantaciones de soja, viendo cómo otros cosechan en su tierra. Historias de Larroque, Urdinarrain y Basavilbaso.


Por Mariano Blejman

Desde Larroque, Urdinarrain y Basavilbaso


El Larroque de Yabrán, de riñas y riñones




En el pueblo de Yabrán ya no se ven sus rastros, ni rastrojos, apenas quedan algunos familiares vivos, el más conocido dicen que se pegó un tiro aunque nadie lo crea. El poblado de Larroque, a unos 40 kilómetros de Gualeguaychú, todavía lo tiene al Toto en el imaginario colectivo, de cuando se fue de gurí para Buenos Aires a los 17 años, de cuando volvió como testaferro de vaya a saber cuántos otros. “Yo creo que se la tenían jurada, le dijeron ‘vos o tu familia’ y él tuvo que elegir”, dice montado en su Ranger camino a mostrar dónde tiene guardada la soja Ariel “Coco” Fiorotto, productor agropecuario, arrendador de unos campos a unos pocos kilómetros del centro de Larroque, guía campestre de este diario, mandado por el intendente. Coco Fiorotto es del riñón de De Angeli, ha estado en los piquetes de Gualeguaychú desde el comienzo, entendió que ese otro Alfredo, “el torito”, era la voz que resolvería sus problemas cuando reinaba el desconcierto. Su ex socio, el intendente, está en la otra vereda sin arreglar.

Fiorotto vive en pequeño chalecito de la calle Silboldi, a unas cuatro cuadras de la intendencia, que está al mando de Raúl Alberto Riganti, justicialista desde hace poco, productor agropecuario, sojero más bien mediano y encolumnado a favor de las retenciones propuestas por el gobierno nacional “por convicción”, dice. La cosa es que Fiorotto y Riganti fueron socios hasta no hace mucho, explotaban unos silos de acopio de granos, ubicados en la entrada del pueblo. El “Presidente Municipal” Riganti (así dice su tarjeta) confiesa que De Angeli no le cae bien (“pero es de antes”): “porque ahora juega de una manera, parece, pero en la crisis del 2001 jugó para gente que hizo mucho daño en la zona, defendía empresas que quebraron y que se llevaron muchos puestos de trabajo”, recuerda. Lo tiene cruzado, parece.

Desde que el campo saltó a las rutas, Larroque está como cambiado. “Encrispado.” La disputa por la resolución 125, ratificada en Diputados la semana pasada, ha logrado dividir lo indivisible. Los colegas, los asados. Riganti tiene pinta de doctor, un celular nuevito y ya se comió dos tractorazos en contra. “Los atendí, les abrí las puertas”, asegura. Apoyado por el kirchnerismo, terminó hace unos meses con 16 años de gobierno radical. A lo mejor, porque los radicales fueron los primeros que se “acordaron” de hacer votar a sus padres o abuelos, allá a comienzos del siglo veinte, es que el radicalismo conservador sigue haciendo escuela entre los reconvertidos tractoreros de hoy. “Cuando hicieron los tractorazos, los autoconvocados se quedaban en la plaza. Los que venían hasta la intendencia eran los productores radicales”, insiste el intendente, hoy en una situación algo incómoda. “El problema no son las retenciones, sino los márgenes de los más pequeños”, intenta sentar posición.

“Coco ¿podés atender a los chicos de PáginaI12”, había preguntado por celular Riganti a Fiorotto. Este le dijo que sí. A diferencia del rostro enervado de los chacareros del corte de la ruta 14, cuando está en la intimidad, el discurso de Fiorotto es más bien cansino, reflexivo, un tanto desmoralizado. Hoy mismo debería estar en la ruta, a la vera, panfleteando a los autos que ahora sí dejan pasar pero se quedó “por unos asuntitos personales”. Mientras sube a su camioneta con este diario para recorrer los campos que arrienda, Fiorotto intenta entender cómo es que es su enemigo el mismo gobierno que lo hizo salir de las deudas de los últimos años. “El 2003 y 2004 fueron muy buenos años”, recuerda, y repite esas frases que mejor le salen a De Angeli: “para qué lo cambiaron si íbamos bien”.

Entonces Fiorotto levanta el dedo y señala un pedazo de campo pelado de 600 hectáreas, ya cosechado, que perdió el año pasado, lo arrendaba él desde hacía décadas. “Vinieron los de El Tejar, ese pool de siembra que anda alquilando todo lo que puede, y ofrecieron pagar un precio que yo no puedo pagar. Al contado, sin riesgo para el dueño de la tierra.” Fiorotto no cree que las compensaciones que figuran en la ley que se debate en el Congreso le vayan a tocar alguna vez. “Ya nos dijeron que iban a compensar el trigo”, recuerda del año pasado, y nada. Dice que sigue esperando, mientras se prepara para acercarse a la asamblea de hoy en la ruta para ver cómo hacen para ir a Buenos Aires. A pesar de las tres cuadras que lo separan de Riganti, habla poco y nada personalmente con él.


Basavilbaso, los gauchos judíos




Justo el viernes a la noche, Salvador Hecker volvió a encontrarse con su hermana Julia, que vive en Concordia, desde hace medio siglo, y va cada tanto a visitarlo. Entre los dos hacen unos 180 años aproximados y unas horas después de ese encuentro, por ese azar del destino, PáginaI12 les golpea la puerta de su humilde caserón, entra el solcito por la ventana. “A ver la circuncisión”, pide Salvador, con cara seria, cuando este cronista dice su nombre y su intención de entrevistarlo. Después ríe. Los Hecker son del puñado de colonos originarios de Basavilbaso, una de las primeras colonias judías de la historia de la inmigración. Hecker todavía conserva unas 150 hectáreas de tierra, que ahora ha arrendado en su mayoría a un poolcito sojero entrerriano (de los Ortelli, ese corredor del Turismo Carretera) a unos cuantos mangos la hectárea. “Los judíos sembraron trigo, y cosecharon doctores”, había sintentizado horas antes el gaucho judío Hugo Arcusín, guardián del cementerio de la colectividad, que hace changas para la AMIA local.

Pero los Hecker están un poco alejados de la cole, tal vez por haber perdido hace años ese costado religioso que une los pueblos alejados de sí mismos. “Está llena de mitos y leyendas la religión judía”, dice Julia, que llegó al pueblo para encontrarse con sus compañeros de la escuela, de hace unos 70 años, y ahora pelea un lugar en el relato de su hermano.

“¿Y usted qué piensa sobre la crisis del lockout?”, le pregunta este cronista, con esfuerzo, casi gritando, a Salvador, que oye poco, pero sabe bastante. “Yo no sé, estoy afuera”, dice, pudo comprarse una heladera cuando le alquiló una buena parte de sus campos a la soja transgénica. “¿Pero qué va a pasar cuando ya no haya más soja?”, le pregunta la hermana, preocupada, que lee los diarios y entiende que si no hay rotación de cultivos, ellos están hipotecando su futuro, aunque sea corto, será el de sus hijos. Papá Marcos y el abuelo León Hecker, desmontaron la tierra a principios de siglo, son los que pagaron las parcelas del Barón Hirsch durante varios años: “Porque a nosotros nadie nos regaló nada”, dedo en alto el Barón Hecker.

Julia nació en 1916, Salvador dos años después. Llegaron a ser varios hermanos. Quedan ellos. Ahora Salvador acompaña a este diario a lo que fuera su casa hasta hace 8 años, a unos 15 kilómetros del centro. Ahí está Carlos Hecker, justo, detrás de sus bigotes, el hombre que consiguió la manera de resistir las deudas que arrastraba con el pago a contado de los sojeros. “Si esto sigue así, el horizonte está muy nublado”, dice Carlos, que viene produciendo pollos, en el poquito de terreno de sol que le quedó.

Carlos se recibió en el ’76. En ese entonces tenía que vender dos vacas para comprar un tambor de gasoil de 200 litros. Su padre no aceptó invertir en el campo, él se fue a trabajar por ahí, hasta que con la hiperinflación decidió volver al campo. “Empecé de nuevo con ‘Carlitos Saúl’, que en los primeros tiempos de su gestión mejoró los valores de los productos.” Cuando vino el fenómeno de la Corriente del Niño, Hecker tenía 25 hectáreas de lino y se quedó sin nada un 31 de diciembre. El segundo período de “Carlitos Saúl”, como dice Hecker (H), los hizo parir. “Mi deuda empezó a crecer, y para trabajar 60 hectáreas debía 60 mil pesos”. Carlos concede que después del 2001 les dieron una mano en el Banco Nación, le pesificaron la deuda de cinco mil pesos que tenía. “En eso estoy muy conforme”.

Hecker empezó a trabajar de vuelta, pero los cereales quedaron con precios bajos, hasta que el año pasado el maíz y la soja comenzaron a recuperarse. “Yo debía una fortuna, quería créditos para no malvender mi cosecha, pero tenía que vender rápido”. Carlos recuerda que estaba en la esquina de su casa, en 2005, con la cara preocupada, y no conseguía nada, porque los terrenos no estaban a su nombre. “Porque pasar 100 hectáreas de titularidad cuesta 5 mil pesos”. Entonces, pasó un amigo que vive en la otra esquina y le ofreció conectarlo con un hombre que pagaba arrendamiento al contado: “un poolcito”, dice. “Y yo veía cómo entraban las máquinas a mi campo, y yo pagaba las cuentas mirándolos trabajar. ¿Qué política tenemos, que tenemos que alquilar para pagar las cuentas? Yo ahora no debo más nada. Pero ahora me pusieron de vuelta la pata en la cabeza. Entonces, tengo que seguir arrendando, que se vaya todo a la mierda.”

Carlos Hecker dice que el miércoles, si no hay solución, “esto revienta”. “Si querían que no desabastezcan, ahora van a saber lo que es desabastecimiento”, asegura ensañado con Buenos Aires, como si la ciudad fuera culpable de sus penas. Carlos dice que es un judío autoconvocado, que tampoco cree en las compensaciones, y que en vez de sacarle y devolverle, que no le saquen antes y ya. “¿Cómo se detiene el pool de siembra?”, pregunta el cronista. “Con el precio, nene, con el precio.”

Carlos también es radical, estuvo en los cortes de Gualeguaychú, dice que no le cree a nadie y que uno se da cuenta de la inteligencia de la gente mirándole la cara. Y asegura que los justicialistas no tienen cara de inteligentes, es cuestión de mirarlos a la cara y con eso basta, dice, el hombre. Pero Hecker no va a ir a Buenos Aires, porque no puede estar parado mucho rato, no se banca la ciudad. “Los desocupados son desocupados porque no quieren laburar”, cierra el hombre detrás de sus bigotes, quien recuerda el caso de un tío suyo, que dio su campo para la soja, le sembraron sin fertilizarlo durante unos años y ahora el campo no vale nada, y su pobre tía viuda se quería morir también ella, cuando se enteró. “A ese tipo hay que hacerle un juicio”, cierra Carlos, sin tocarse los bigotes.


Urdinarrain, campo travieso




La solidaridad del exportador empieza por casa. A la entrada de Urdinarrain, a unos 60 kilómetros de Gualeguaychú, los inmensos silos de la Cooperativa Federal Agrícola Ganadera de Urdinarrain Ltda. no dan abasto con la cosecha 2008 de soja, trigo y maíz. El resto de los cereales están acopiados dentro de esos gusanos blancos de plástico, que del otro lado del alambrado producen un efecto futurista: una ciudad imaginaria que cambia de reglas constantemente. Todo entra, casi nada sale desde hace unos meses. Una ciudad esponja. El que sale, en cambio, es el alemán Carlos Michel, que tiene unos cuántos chucruts de más, pero sigue siendo ágil defensor del trabajo de un pueblo entero. Así que aparece al encuentro del fotógrafo de PáginaI12 cuando lo descubre sacándole fotos al acopio. “Si no le molesta, ¿podría decirme qué están haciendo?”, pregunta, mientras anota en su mano la patente del auto.

Michel es el encargado de la división de acopios de cereales y –resuelto el entuerto con los periodistas de este diario– ofrece hacer un recorrido por las inmensas instalaciones. “Aquí nadie quiere vender nada”, explica, y luego da su versión: Michel dice que si el miércoles el Senado aprueba las retenciones “se va a armar kilombo en serio. La única manera de que Buenos Aires entienda –entiende él, hará entender a los demás–, es que sufra hambre de verdad y no es que seamos golpistas, pero nos tienen que entender de alguna manera”. El pensamiento del alemán –que también usa la palabra “enchastro” varias veces– resume la lógica campestre: la arrogancia también forma parte del labrador de la tierra.

La soberbia campestre pide cambio de modelo, cuando saldó su pasado con este presente. Michel dice que en los últimos años volvieron los jóvenes que habían estudiado, se tecnificaron los procesos productivos, se pagaron las cuentas de la década de los ’90, se mejoraron los rindes (o, sea, lo que la tierra rinde), y que ahora (“como nadie quiere vender”) el pueblo está desanimado, ya ni piensan en las fiestas alemanas de octubre, nadie invierte, se va a cosechar poco y nada el año que viene, como ellos no ganan, que pase hambre su gente.

La cooperativa tiene 59 años, nació en el pueblo y pronto quedó chica. Los vecinos comenzaron a quejarse hace un par de décadas, y finalmente los productores se fueron para el parque industrial. “La Municipalidad hizo el parque industrial y se trasladaron para acá”, dice Michel, le da el solcito a sus cejas rubias, que señala entre los silos las cargas de arroz, sorgo, girasol, lino y soja. En los últimos ocho años, se construyeron nuevos silos, más grandes, inalcanzables. “El mundo demanda comida, pero los productores no pueden producir. Ahora, la gente no vende, ves los silo-bolsas ahí afuera”, señala. “Ahora tendrían que estar comprando insumos para la próxima siembra y está todo quieto. No es cuento lo de los gringos del campo. Es cierto, con el supuesto problema de que si esto sigue así se va a armar una grande.”

Esa manera de pensar se expande entre los colonos, los que trabajan la tierra, los hijos de los hijos que alguna vez llegaron sin nada. Los dueños hereditarios por hecho y derecho, “nadie nos regaló nada”, repiten y es cierto. Pero creen que si no ganan como corresponde, entonces nadie (ni los empleados de su propio pueblo) tiene derecho a ganar. “¿Cómo hacen para vivir sin trabajar?”, se preguntaban el jueves pasado los empleados de los bares que atendían las rutas durante los cortes en Gualeguaychú. “¿Cómo hacen para estar 100 días al lado del camino?” “La brava de Urdinarrain”, como le decían sus co-piqueteros en el kilómetro 53 de la ruta 14, tiene más presencia como hombres solos sobre el asfalto a diferencia de Larroque o Gualeguaychú, que acompaña el piquete familiar, en directo, con payada de ocasión. Casi todo Urdinarrain va a estar el martes en Buenos Aires. Michel no sabe si va a ir, está a cargo del cuidado de los granos.

La ballesta




Por Alfredo Zaiat

La devastadora crisis de 2001-2002 exhibió el proceso de deterioro de las diferentes entidades de representación sectorial. Partidos políticos, cámaras empresariales, sindicatos y organizaciones intermedias quedaron expuestos a la pérdida de legitimidad social para presentar reclamos o liderar demandas de lo que se consideraba su base histórica de seguidores, adherentes o militantes.

Ese quiebre en la relación de las organizaciones tradicionales y sus afiliados no fue repentino, sino que la debacle de comienzos del nuevo siglo terminó de exteriorizar un largo período de desgaste de esos vínculos e identificaciones.

No ha sido un factor menor la profunda transformación socioeconómica local, en un contexto internacional en ebullición sobre nuevos paradigmas tecnológicos, para acelerar el vaciamiento de las entidades más emblemáticas de la historia reciente del país. Muchas de ellas conservan el valor del sello, símbolo que sus actuales autoridades intentan utilizar como elemento disparador para la reconstrucción de una identidad, para luego conseguir recuperar la representatividad hoy dispersa en la sociedad.

En esa situación se encuentran los partidos políticos tradicionales (PJ y UCR), entidades patronales de la industria (UIA, CAC, Bolsa de Comercio), las centrales obreras y sus sindicatos (CGT, CTA) y también las organizaciones del sector agropecuario reunidas en la Mesa de Enlace. Cada uno reúne sus particularidades en cuanto a la pérdida de representatividad, que dependiendo del curso de los acontecimientos podrá o no reconquistar su legitimidad social, proceso donde intervienen una serie de factores según el caso.

Con las cuatro entidades tradicionales del campo (SRA, CRA, FAA y Coninagro), esa cuestión adquiere relevancia por la magnitud del conflicto que se extiende ya por cuatro meses. Horacio Giberti, uno de los más respetados estudiosos del sector agropecuario, informa que en el Censo Agropecuario 2002 se preguntó a los productores si estaban afiliados a alguna entidad gremial. El resultado fue que sólo el 4 por ciento formaba parte de alguna de esas organizaciones y el 13 por ciento estaba agrupado en cooperativas. “Esta es la verdadera representatividad que tienen las entidades”, señala.

Es evidente que ésa es la formal y que hoy debajo de sus polleras se ha reunido un abanico de expresiones políticas conservadoras, pero su representatividad directa sobre el sector agropecuario sigue siendo reducida, como dan testimonio las diferentes manifestaciones de los denominados “autoconvocados”. Grupos de productores que van guiando a la Mesa de Enlace con su referente Alfredo De Angeli.

Como parte de ese proceso general de dispersión de lealtades y de representatividad, en estos meses de fuerte disputa política por los derechos de exportación a cuatro cultivos clave, la vieja caracterización sobre esas organizaciones ha derivado en análisis que han provocado lecturas políticas alejadas de la realidad y, por lo tanto, comportamientos legislativos y medidas sectoriales carentes de sutilezas.

Las cooperativas sufrieron un agudo descalabro durante la convertibilidad y muchas de ellas se salvaron transformándose en empresas comerciales bajo el paraguas del cooperativismo. Una de las entidades más importante de ese sector, FACA, que nucleaba a productores pequeños y medianos cercanos a la Federación Agraria, quebró en los noventa. De las restantes cooperativas integradas en Coninagro quedaron ACA y SanCor como las más importantes. Así, Coninagro agrupa a menos cooperativas, con menor espíritu cooperativista y con menos relevancia de pequeños productores.

Por su parte, Confederaciones Rurales Argentina (CRA) concentra un grupo de entidades regionales, representando a propietarios con extensiones de tierras de un promedio de 1000 hectáreas, que para la región pampeana significa un patrimonio de 8 a 10 millones de dólares. Son productores que manejan en forma directa la explotación, que han crecido mucho en estos años de extraordinaria bonanza y que se han diversificado.

Antes eran fundamentalmente ganaderos y hoy han incorporado la técnica siembra directa-semillas transgénicas como corazón de su emprendimiento. Esta es una de las razones de su participación tan activa en este conflicto por el precio de los granos, cuando antes su preocupación central era la cotización de la hacienda. En tanto, la Sociedad Rural sigue representando a grandes propietarios pero con otra estructura de negocio: también han incorporado la agricultura, cuando antes eran casi exclusivamente ganaderos.

Empezaron a dedicarse más a la producción agraria debido a la elevada rentabilidad que ofrecen los cultivos en la actualidad. En el pasado la agricultura la hacían por vía de arrendatarios que ahora han desaparecido.

El caso de la Federación Agraria Argentina es el más controvertido por la confusión que existe sobre a quiénes responde y cuál es el nivel de relevancia de la entidad. Se le asigna la representatividad del pequeño productor, postergado y arrendatario. En las primeras semanas del conflicto, uno de los errores señalados al Gobierno fue que no supo discriminar la Resolución 125 a favor de esos productores, igualándolos a los medianos y grandes. Frente a ese cuestionamiento, lo hizo sin el conocimiento sobre la nueva estructura social y económica del campo.

Más adelante, con el tiempo suficiente para estudiar un poco mejor esa reluciente configuración del sector, legisladores del denominado centroizquierda como Claudio Lozano y Eduardo Macaluse, que lidera el grupo de los ex ARI, reafirmaron una estrategia sobre la base de un sujeto agrario que ha desaparecido, que los llevó a la inconsistencia de votar en contra de las retenciones móviles.

El clásico chacarero arrendatario, la imagen tradicional del socio de la Federación Agraria, es minoritario en el universo agropecuario. Muchos de los arrendatarios que pudieron subsistir a la política agropecuaria de los noventa de Carlos Menem con su secretario del área Felipe Solá se transformaron en propietarios. Al transformarse en propietarios, muchos de ellos dejaron de pertenecer a la FAA, o a las líneas programáticas históricas de la entidad más allá de seguir siendo afiliado.

Esos cambios estructurales en el campo se reflejan en la firme unión de la Mesa de Enlace, que a esta altura ya no debería sorprender si el ánimo es comprender cómo funciona y está organizado el sector. De esa forma, el Gobierno podría instrumentar medidas y diputados y senadores apoyarlas o rechazarlas con más solvencia. Si se desconoce que no existen diferencias de intereses materiales entre las entidades del campo se corre el riesgo de equivocar el blanco de la flecha de la ballesta.

Germán Abdala: Aquel 13 de Julio




El 13 de julio de 1993, cuando solo tenía treinta y ocho años, moría Germán Abdala en el Hospital Italiano. La enfermedad lo había dejado sin visión, pero aún así veía con la claridad que no tienen tantos sindicalistas enriquecidos traicionando a los que pretenden representar. Su generosidad se mantuvo intacta hasta el último momento.


Recordamos a Germán porque es la Memoria del Pueblo la que nos sostiene y da sentido al porvenir. Porque los poderosos y sus cómplices quieren que creamos su historia oficial. Los trabajadores fuimos, somos y seremos protagonistas del cambio necesario para el conjunto de la sociedad. Porque Otro Mundo, Otra Latinoamérica y Otra Argentina es posible.


Germán, Su vida y su lucha junto al Pueblo:

1979 - Funda junto a varios compañeros ANUSATE, Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociación Trabajadores del Estado. Es delegado en la Secretaría de Minería de la Nación.

1982 - Formó parte de los "25 Gremios Combativos" y fue dirigente de la agrupación "30 de Marzo", que formaba parte del MUSO, Movimiento de Unidad, Solidaridad y Organización que lideraba Antonio Cafiero.

1984 - El 6 de noviembre se produce la recuperación histórica de ATE. Es elegido secretario general de la Asociación Trabajadores del Estado, seccional Capital Federal y también Congresal del Partido Justicialista (PJ) Metropolitano (Capital Federal).

1988 - Es ratificado por cuatro años más, como secretario general de ATE seccional Capital.

1989 - Es electo, a los 34 años, diputado nacional por el PJ, para el período 89 - 93. En esa oportunidad se produjo el primer triunfo peronista en las elecciones de Capital Federal a lo largo de la historia electoral Argentina. En su gestión como diputado fue aprobado su proyecto de ley de convenciones colectivas de trabajo para los trabajadores del Estado.

1990 - Crea junto a otros diputados el "Grupo de los Ocho", que se opone a la política neoliberal del gobierno de Menem y al vaciamiento ideológico del voto popular del 14 de mayo de 1989. En diciembre, renuncia a los cargos partidarios y a la afiliación al Partido Justicialista por el indulto presidencial a los miembros de las Juntas Militares de la dictadura militar.

1991 - Participa en la organización y construcción de la CTA Congreso de los Trabajadores Argentinos - hoy
1998 transformada en Central de los Trabajadores Argentinos con reconocimiento legal del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación por Resolución Nº 325/9.7

1992 - Es elegido por tercera vez consecutiva secretario general de ATE Capital. El 13 de junio expresa en el diario Página 12 de Buenos Aires: "... Hay que construir una nueva alternativa popular... Un nuevo partido o frente que rompa con el bipartidismo. ¿Cómo hacerlo? Con diversos sectores sectores políticos y organizaciones sociales....".

1993 - Después de una larga enfermedad, sin dejar de luchar por un país distinto, digno de ser vivido, muere el 13 de julio. En esa oportunidad un periodista escribió: "Era uno de los últimos militantes del '70, en estado puro". Tenía 38 años, fue cremado y sus cenizas arrojadas al mar en su Santa Teresita natal.

A De Ángeli se le salió la cadena. "El que quiera comer lomo que pague 80 pesos el kilo"



El titular de la Federación Agraria de Entre Ríos sostuvo que para hacer rentable la ganadería “hay que abrir las exportaciones”, al tiempo que consideró que “lo que no se come en la Argentina se exporta”. Por otro lado, señaló que "están demonizando la soja”. “Acá lo que hay que hacer rentable es al trigo, al maíz, al sorgo, al girasol”, señaló.

El titular de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo De Angeli, afirmó que para hacer rentable la ganadería "hay que abrir las exportaciones" y "lo que no se come en la Argentina se exporta, y el que quiera comer lomo que pague 80 pesos el kilo".

Las declaraciones de De Angeli fueron hechas el pasado 9 de julio al director de la radio FM Libertad de Chajarí, Beto Rauch, en ocasión del lanzamiento que hiciera -desde esa localidad entrerriana- de la marcha federal convocada por los ruralistas.

13.01 - AGRO | POLÉMICAS DECLARACIONES

"Están demonizando la soja, continuó De Angeli, y acá lo que hay que hacer rentable es al trigo, al maíz, al sorgo, al girasol. Se baja el trigo, el maíz, el girasol al 20 por ciento y hacés rentable la ganadería y la lechería y automáticamente desplazás a la soja", precisó a FM Libertad.

Al ser consultado cómo se hace rentable la lechería y la ganadería De Angeli respondió: "con la ganadería lo primero que hay que hacer es abrir las exportaciones, hacer los cortes como ya se estudió, 13 cortes populares para la Argentina, y lo que no se come acá se exporta y el que quiera comer lomo que lo pague 80 pesos el kilo".

Agregó que con la lechería "lo que hay que hacer, impositivamente, es darle al productor 1,20 pesos el litro de leche y automáticamente dejan de desaparecer tambos".

Animal Planet


Por Horacio Verbitsky

Los preparativos para una semana decisiva

Con los actos del martes las cámaras patronales y el gobierno se preparan para una semana decisiva. Equilibradas las presiones, los senadores amplían su margen de libertad para decidir a conciencia. A los números oficiales los empresarios responden con vaguedades o falacias. El trámite legislativo demostró que la parafernalia gauchesca sólo encubre una discusión por márgenes de beneficio.

Las cámaras patronales agropecuarias y el gobierno se preparan para una semana decisiva, con dos concentraciones opuestas en distintos puntos de la Capital el martes por la tarde y la votación en el Senado el miércoles. La movilización de la Sociedad Rural fue sugerida por la jefa de la Coalición Cívica Libertadora, Elisa Carrió, con el argumento republicano de que sin presionar no se conseguiría una votación distinta a la de Diputados.

Con el mismo criterio, el Vicepresidente Julio Cobos ignoró el acuerdo alcanzado en las comisiones de Agricultura y de Presupuesto y permitió el acceso a sus deliberaciones a Luciano Miguens, quien negó que la Sociedad Rural fuera la entidad de los grandes productores porque, dijo, tiene socios de una o dos hectáreas. Sin ostentar contactos con los líderes de la asonada, el ex senador Eduardo Duhalde está urdiendo un tejido político que le permita conducir su salida, como si CFK fuera una presidente inerme y con la economía en ruinas, como Raúl Alfonsín o Fernando de la Rúa.

La toma de la sede central del Partido Justicialista por un tumulto encabezado por los candidatos de Adolfo Rodríguez Saá a vicepresidente y a vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires, Héctor Maya y Teresa González Fernández de Solá precedió por pocas horas a la constitución de una minicegeté cismática encabezada por el senador Luis Barrionuevo, sin gremios de significación pero con un propósito manifiesto.

En su primer reportaje posterior al engendro, Barrionuevo dijo que su jefe político era Duhalde. El esposo de la Senadora Hilda González se reunió la semana pasada con uno de los precursores de esa técnica, el ex gobernador cordobés José Manuel De la Sota, quien en marzo de 1974 participó en el motín policial al mando del coronel Antonio Navarro, que depuso al gobernador Ricardo Obregón Cano y provocó la intervención federal a su provincia.

Distintas versiones no excluyentes dan cuenta de la elección del lugar de la cita de los empresarios pasado mañana. Una es que Carrió lo sugirió porque en el monumento a los españoles celebró misa el cardenal Eugenio Pacelli, luego Pío XII, en 1934, y Juan Pablo II en 1982. El Vicepresidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, dijo que era un espacio rockero, porque allí se han realizado algunos recitales de verano.

El presidente de Confederaciones Rurales, Mario Llambías, abrió su corazón y mostró sus sentimientos más profundos al decir que estaban frente al zoológico. Y todos coinciden en que es el sitio más cómodo para llegar desde Palermo, Recoleta. Belgrano, Vicente López y San Isidro, de donde se esperan los contingentes porteños, y para estacionar las 4x4 y los demás vehículos que lleguen desde el interior. Su resultado es una incógnita.

La convocatoria de la mesa de enlace a volver a las rutas tuvo menor eco que las formuladas antes de la decisión presidencial de enviar al Congreso la resolución que estableció la movilidad de las retenciones y el incremento de la alícuota y menos de cincuenta personas respondieron a la última convocatoria de Alfredo de Angeli a cacerolear. Lo que no habían previsto y los enfurece es que Néstor Kirchner fuera a responder con otra convocatoria. Así trata de equilibrar las presiones y permitir que cada Senador vote de acuerdo con su conciencia. Es inevitable que las interpretaciones de estos hechos estén tan divididas como las opiniones en torno del conflicto.

Sopa de letras

Buena parte de la discusión en las comisiones del Senado giró en torno del precio sobre el que se pagarán las compensaciones. La oposición señaló que la resolución 125, ratificada por la Cámara de Diputados, utiliza el precio FOB de la soja y el girasol (sigla de free on board, es decir ya en el barco). En cambio, la resolución de la Oficina Nacional de Control del Comercio Agropecuario (ONCCA) que reglamenta el mecanismo para el pago de las compensaciones, las calcula sobre el precio FAS (free alongside ship, que según ese ente de control en realidad es en la puerta de la explotación o a lo sumo de la fábrica elaboradora).

Ante la insistencia de la oposición y luego de una consulta del senador Miguel Pichetto con la Casa Rosada, los senadores oficialistas ratificaron que se pagaría sobre el precio FOB. Este incluye el transporte desde el lugar de producción al acopiador, el acopio, el transporte al silo, los fletes, los gastos portuarios, el despacho de Aduana y el cierre de compraventa internacional. Calcular la compensación sobre el precio FOB implica bonificar al productor por una actividad que no realiza.

El director de la Oncca, Ricardo Echegaray, dijo en el Senado que cuando vende el grano, el productor no desarrolla la actividad de acopio, de molienda, ni contrata la logística portuaria para exportar o los servicios de despachante de aduana. Estos son gastos propios de la exportación o de operaciones intermedias entre el productor y el exportador, que deben ser deducidos del valor FOB antes de calcular la compensación. Las compensaciones a productores de trigo, molinos, industria láctea, aves y porcinos, ganado criado en Feed Lot siempre se pagaron sobre el precio FAS (es decir el precio FOB, menos los costos del proceso exportador).

La única excepción fue la industria aceitera, por la influencia del senador justicialista Roberto Urquía, quien había conseguido ubicar a un allegado al frente de la Oncca. Cuando Urquía hizo saber su oposición al incremento de las retenciones, la presidente lo reemplazó con el ex director de la Aduana, Echegaray. Una de sus primeras decisiones fue reclamar a las aceiteras 130 millones de pesos que cobraron de más. Echegaray explicó en el Senado que la compensación debía cubrir el impacto de la retención móvil, es decir su porción posterior a la vigencia de la resolución 125, por encima del 35 por ciento.

Pero después de cuatro meses de conflicto y en la semana decisiva de la votación en el Senado, no hay espacio político para reivindicar un criterio impecable pero que se tornó inoportuno. Esto ratifica que a partir de la sanción de la ley el gobierno deberá abocarse con la mayor seriedad a la redefinición de una política agropecuaria integral.

El Quía

El caso del senador Urquía merece un análisis más detallado. Productor en más de cien mil hectáreas entre propias y arrendadas, posee plantas de aceite, molinos de harina, puertos, ferrocarril y empresa comercializadora. En cada uno de esos rubros forma parte de la cúpula respectiva. Urquía renunció a la presidencia de la comisión de presupuesto del Senado porque el proyecto del gobierno en cuyas listas había sido electo afectaba sus intereses. Sin embargo, el jueves asistió a la reunión de las comisiones, lo cual sugiere que también se propone votar en la sesión del miércoles.

Otro tanto ocurre con el senador santafesino Carlos Reutemann, autor de un proyecto que baja la retención mínima al 22 por ciento para trigo y maíz y al 30 por ciento para girasol. Para la soja fija un 36 por ciento cuando su precio sea inferior a 600 dólares la tonelada y hasta el 40 por ciento cuando pase de los 800; permite imputar al impuesto a las ganancias una parte de las retenciones pagadas, deducir de ganancias el 70 por ciento de los gastos en fertilizantes, y pagar la mitad del IVA para semillas, herbicidas, fungicidas e inoculantes.

También es gran productor de soja el senador salteño Juan Carlos Romero, todos ellos del Frente para la Victoria.

La doctrina Gardel

Según fuentes del radicalismo transversal, el presidente de la UCR, Gerardo Morales, canalizaría inversiones en un fondo de siembra de Santiago del Estero a través de su hermano Freddy. El gobernador de esa provincia, Gerardo Zamora convocó junto con Kirchner a la movilización de pasado mañana. El conflicto de intereses de todos los senadores sojeros es ostensible ya que la derrota del proyecto oficial les produciría un notable beneficio económico, en detrimento del fisco.

Consciente de esa incompatibilidad, Reutemann aclara cada vez que habla que es un “pequeño productor”, como si la magnitud de la explotación atenuara la incorrección de votar a favor de sí mismo, tal como hizo la semana pasada Felipe Solá, quien privilegió sus intereses familiares y de clase sobre los del partido que le permitió postularse a la banca y los del pueblo que lo votó.

Pero aun así, el pequeño productor de la fórmula uno no dio datos concretos sobre las hectáreas que cultiva y su ecuación económica. En esto coincide con el resto de los productores y de las entidades patronales, lo cual quita toda verosimilitud a la repetida afirmación de que con el incremento de las retenciones perderán dinero. Aplican a estos asuntos la doctrina Gardel: “No avivés nunca a un otario, dejalo que siga gil”.

La negativa a revelar las cifras de sus explotaciones ha sido sistemática y cuando no les quedó más remedio que quebrar el sigilo, suministraron informaciones parciales que ni siquiera respaldan su discurso. El economista jefe de la Sociedad Rural, Ernesto Ambrosetti, dijo en el Senado que con el aumento de los costos habrá un momento en que el productor no pueda invertir en innovaciones tecnológicas, lo que hará caer la producción y la productividad “en el mediano o largo plazo”, con lo cual “debería haber menos divisas y menos posibilidad de exportar como de abastecer los distintos mercados”. Es decir, tal vez en el futuro ganen menos.

El propio Reutemann, en la reunión de comisiones del viernes, dijo que sólo obtienen rentas extraordinarias los productores de las mejores tierras, que ubicó en la provincia de Buenos Aires. En las zonas marginales, agregó, se puede obtener un ingreso equivalente a 28 quintales por hectárea, con costos que crecen hasta 20. Pero esto no equivale a pérdidas, sino a menores ganancias. Como explicó en el mismo lugar el secretario de agricultura, ganadería, pesca y alimentos, Javier de Urquiza, pese a ese incremento de los costos el nivel de ingreso y de rentabilidad sigue siendo alto. De Urquiza suministró datos precisos de las distintas regiones del país.

Lo mismo hizo el secretario de comercio interior, Guillermo Moreno, quien defendió el arrasamiento del Indec, con una clase rudimentaria sobre las causas de la inflación. Después de dispararse ese tiro en el pie, suministró un cuadro completo de números, tanto oficiales como de publicaciones especializadas de uso corriente en el mercado, y formuló observaciones pertinentes: los ingresos del productor se calculan por tonelada, pero sus costos por hectárea. “Es perfectamente posible articularlos, pero a veces se mezclan los números, quizás a propósito, y no hay precisión sobre cuando se habla de hectáreas y cuando de toneladas”, dijo.

También advirtió que sin retenciones se estaría convirtiendo a los chacareros arrendadores en un sector social rentista, como ocurrió a principios del siglo pasado, con el modelo del rastacueros que tira manteca al techo, prohijado por la Sociedad Rural: “La diferencia entre un capitalismo moderno y uno prebendario es cuánto del ingreso nacional redistribuimos en términos de beneficio y cuánto en términos de renta”. Por cierto, estos datos pueden discutirse y, en el caso de Moreno requieren una revisión minuciosa, dada su propensión a la fantasía.

Pero constituyen una base para el análisis y revelan una voluntad de basarlo en la realidad que no muestran los alzados: el segundo de Alfredo De Angeli en la Federación Agraria entrerriana, Juan Alberto Echeverría fue condenado por evasión fiscal y el director de la Oncca informó al Senado que según las declaraciones juradas de los productores, 1040 establecimientos producen 3,2 millones de toneladas de soja, el 8,4 por ciento del total en la Capital Federal. La técnica de cultivo en asfalto y con iluminación a semáforos y gas de mercurio es observada con atención en otros grandes centros urbanos, como Nueva York y París, donde tampoco se consiguen tierras para cultivar el yuyo mágico.

Pegarse o pegar. No les molestó quedar pegados a la Sociedad Rural



Una de las incógnitas para el miércoles es cómo votarán los dos senadores fueguinos del ARI, María Rosa Díaz y José Carlos Martínez. Como antecedente se toma en cuenta que el diputado nacional por la misma provincia y partido Leonardo Gorbacz, fue el único de los 254 legisladores que se abstuvo en su cámara la semana pasada. Electo por el ARI, Gorbacz forma parte del grupo que rompió con Elisa Carrió y formó su propia entidad, Solidaridad e Igualdad, o SI.

El bloque lo preside Eduardo Macaluse, entre sus miembros están Emilio García Méndez y María América González, y tienen acuerdos de cooperación con el diputado de Buenos Aires para Todos en Proyecto Sur, Claudio Lozano. Macaluse y Lozano fueron intermediarios entre el gobierno y la Federación Agraria, en procura de modificaciones en el proyecto oficial que permitieran aislar a la derecha pura y dura. Pero una vez que el gobierno accedió a enmendar el proyecto original, sus interlocutores decidieron votar de todos modos en contra.

El argumento fue que el gobierno no había convocado a la búsqueda de un consenso, seguía en los cambios el método de la decisión unilateral, y que por eso no había conseguido el apoyo de socialistas y radicales razonables para conformar una mayoría amplia del centro a la izquierda. En esas condiciones, explica uno de los solidarios igualitaristas, “no podíamos quedar pegados al gobierno”.

No les molestó en cambio quedar pegados a la Sociedad Rural, lo cual repite en un contexto distinto los alineamientos de 1930, 1945/46, 1955, 1966 y 1976, donde no sólo la derecha enfrentó a los movimientos populares y nacionales.

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Falacias

La cuestión de los pools de siembra y la incidencia de los arrendamientos sobre la producción de soja fue debatida en las comisiones del Senado durante la visita de los jefes de las cámaras patronales agropecuarias. Se repitieron las falacias ya habituales, como siempre con participación destacada de Eduardo Buzzi, cuya reputación es mejor que la de Guillermo Moreno porque no forma parte del gobierno.

El senador por Santa Cruz Nicolás Fernández le preguntó qué porcentaje de tierras alquiladas había y qué porcentaje del margen operativo se llevaba el costo del arrendamiento y propuso “discutir si este nuevo sujeto agrario de la etapa no es el que está distorsionando la rentabilidad que usted defiende”.

Buzzi respondió que “casi el 70 por ciento de la tierra en explotación agrícola está trabajada por arrendadores” y con un ejemplo de Santa Fe dijo que el 58 por ciento del costo de ese productor es arrendamiento. Ese sería el principal problema de “ese gaucho, que tiene que poner 18 quintales de soja para poder trabajar una hectárea de campo. Además, hay que agregar la cuestión de los fertilizantes. ¿Cómo no van a salir a la ruta?”.

El censo agropecuario de 2002 lo desmiente. Los datos correspondientes a la región pampeana (formada por Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos y que según el secretario Urquiza concentra el 88 por ciento de la producción de soja y el 89 por ciento de los productores, con un margen neto de 820 pesos por hectárea) indican que más de la mitad de su superficie corresponde a propietarios, un tercio a propietarios que además alquilan tierras para mejorar la escala de producción y apenas 8 por ciento son arrendamientos por parte de operadores que no son propietarios, como se aprecia en el cuadro.

Si además se analizan esos mismos rubros según la superficie del arrendamiento, se observa que la incidencia de propietarios entre quienes arriendan tierras de otros para producir se acrecienta con el tamaño de la explotación, según se ve en el gráfico.

En explotaciones de hasta 500 hectáreas los arrendamientos de propietarios duplican a los de no propietarios; a partir de allí y hasta 5000 hectáreas los triplican. De 5000 a 10.000 los cuadruplican y en explotaciones de más de 10.000 hectáreas casi los septuplican. Estos datos sobre el total del universo agropecuario de la zona núcleo ponen en cuestión también la pertinencia del proyecto de ley sobre arrendamientos, que la Federación Agraria consiguió colar tanto en bloques del oficialismo como de la oposición, con el argumento de defender a los productores más débiles de una agresión de capitales extrapampeanos, depredadores y expulsivos.

Aquí se ve con claridad que se trata de un conflicto interno al sector agropecuario, más parecido a la confrontación original del grito de Alcorta de 1912, que a la guerra de las galaxias de los pools de siembra. Buzzi se niega a reconocerlo porque privilegia su alianza con los grandes latifundistas pampeanos, como Luciano Miguens y Mario Llambías.

Por otra parte se redujo en forma notable la superficie tomada mediante contratos accidentales, ya sea por propietarios o por no propietarios: de 3,8 millones de hectáreas según el censo agropecuario de 1988 a 1,5 millones de hectáreas en 2002. El contrato accidental es aquel que se establece por un máximo de dos cosechas, es decir menos de dos años, y que puede ser renovado. Esto indica que en el presente los contratos son por tres o más años. En una etapa de notable incremento de precios a nivel internacional, fijar un mínimo de cinco años mejora la situación a los que arriendan a otros propietarios.

Nada de esto implica negar la importancia de la inversión de capital financiero en los commodities agropecuarios, pero muestra que el agente de su desembarco en el agro argentino no es un actor nuevo, sino la vieja oligarquía, que desde hace por lo menos un siglo es la clase más innovadora y moderna, el interlocutor privilegiado de los mercados internacionales y el azote de cualquier gobierno que la considere por lo que es y no por el cuento de hadas de que ha dejado de existir.

Por Horacio Verbitsky

Lo que está en juego


Por José Pablo Feinmann

Hay dos cosas totalmente diferenciadas que andan en el país o cerca del país. Una es la IV Flota del Comando Sur de la Armada de los Estados Unidos. Sobre ella, hablaremos. Lo otro que anda por aquí son tres cartas firmadas por nuestros más prestigiosos intelectuales y artistas. Esto anda por Internet.

Ignoro qué efecto podrá causar, pero a quien quiera enterarse se lo decimos: los mejores artistas e intelectuales de la Argentina, los más respetados, los que más han hecho por la cultura de este país y están vivos, se han unido para firmar un texto que denuncia, sin más, la agresión a un gobierno democráticamente elegido al que todos ellos quieren defender. Porque se trata de estar con la democracia o no.

A algunos que la jugaron de progres en otros tiempos sería atinado sugerirles leer la lista de esos escritores y plásticos. Y ver de quiénes se han aislado y a quiénes se acercaron sin retorno: a los escuadrones mediáticos del discurso único. A los que trabajan para determinados poderes, con eficacia pero sólo eso. Muchas máscaras han caído.

Lamentablemente la Carta que firman tantos de los mejores hombres y mujeres de la cultura de este país tiene poca eficacia. Un movilero de algún canal o alguna radio del Poder Mediático, bien adoctrinado, logra más con este simple mecanismo: el tipo va a una movilización del Gobierno y encuentra a un obrero. Le pregunta: “¿Cómo lo trajeron aquí?”. Después va a un agro-cacerolazo, se acerca a una joven o a un joven y pregunta: “¿Por qué viniste aquí?”. La basura queda en la conciencia pasiva del que escucha o del que mira.

El groncho de la Presidenta no va, lo llevan. No tiene voluntad propia. Le dan un choripán y ahí lo tienen. Comiendo de la mano de los gordos de los sindicatos. ¿O los grasas peronistas no son así? Por el contrario, el teflón-boy (o la teflón-girl), el garca que se ha venido desde Acassusso o Recoleta, es la expresión de una conciencia autónoma. El ha elegido libremente. Sabe la causa por la que lucha. Nadie va a comprarlo. Es lúcido. Es culto. Es la expresión de la libertad del ciudadano.

Esto llega, penetra porque expresa el racismo de gran parte de nuestra clase media (de toda la alta) y de los sectores de elevado poder adquisitivo que, según es larga tradición, enfrentan otra vez a un gobierno peronista, aunque este Gobierno sea tibiamente nacional y popular, pero ha incurrido en el horror del intervencionismo de Estado, y algunos otros imperdonables horrores también. Si no, la embestida que sufre no sería tan a fondo.

La Carta de los intelectuales (que analiza con rigor los sucesos de estos meses y el surgimiento de una nueva derecha) tiene muchísimas firmas. Algunas, sólo algunas, de ellas son las de: Roberto “Tito” Cossa, Jorge Dubatti, Patricio Contreras, León Ferrari, Lilia Ferreyra, Juan Forn, Ricardo Forster, Norberto Galasso, Octavio Getino, Horacio González, Nicolás Casullo, Eduardo “Tato” Pavlovsky, Lorenzo Quinteros, Miguel Rep, Guillermo Saccomanno, Federico Schuster, Silvia Sigal, Horacio Verbitsky, David Viñas, Fernando Birri, Jorge Boccanera y la valiosa ensayista Pilar Calveiro, que ha hecho llegar su firma desde México, donde reside.

Estoy seguro de que también firmaría este texto Ernesto Laclau. ¿Dónde está la verdad? ¿Quiénes tienen razón, los poderosos de las radios y de los programas televisivos, con sus gigantescas empresas detrás, o estos intelectuales y artistas argentinos? El tema de la verdad es complejo. Foucault (basándose en Nietzsche) enseñó que la verdad es una creación del poder. Sin embargo, yo tengo una certeza absoluta, definitiva: prefiero equivocarme con David Viñas, León Ferrari o Roberto Cossa a tener razón con Carrió o Chiche Gelblund.

¿Qué está sucediendo en el país? No es tan complejo. Se debate una interna peronista. La IV Flota anda por aquí precisamente durante estos días y no es casual. Les recuerda al país y a toda América latina que el mundo se ha globalizado. Que los conflictos de Estados Unidos serán enfrentados directamente por el Imperio. Causa tristeza que el secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, tenga la gentileza de aclararle a nuestra Presidenta que la IV Flota no navegará por aguas territoriales argentinas ni por sus ríos.

¿No es una grosería aclarar eso? ¿Y qué suponía que podía esperar el gobierno argentino? ¿Que la IV Flota se metiera en el Paraná e hiciera maniobras por ahí? Y no crean que el secretario de Estado no se habrá hecho tiempo para hablar con unos cuantos líderes de la oposición: “Señores, ¿cuándo nos limpian este gobierno terrorista? ¿O tendremos que hacerlo nosotros?”.

Todo lo que ha ocurrido hasta ahora tiene por finalidad minar el poder de este gobierno. Debilitarlo, restarle credibilidad, restarle gobernabilidad. Para el Poder agrícolo-mediático éste es un gobierno muy irritante. Que sea peronista no les importa tanto. Es más: ellos saben que sólo el peronismo puede hoy gobernar en la Argentina. Pero el peronismo se caracteriza por ser un aparato. Es un instrumento de poder. No tiene ideología. Tiene máscaras. Tiene grupos de poder. Tiene liderazgos. Este es un mundo con muy pocas ideologías. Bush está en Irak más por intereses energéticos que por motivos ideológicos. Cristina Fernández es una cara del peronismo que los hombres del Poder agrícolo-mediático no quieren tolerar.

Como, por desgracia para ellos, ha ganado recientemente unas elecciones con un alto caudal de votos, tienen que hacerlo. Pero se trata de tolerarlo lo menos posible. Si se erosiona la imagen de la Presidenta, si se le demuestra que otros sectores de poder pueden torcerle la muñeca, soliviantarle el país, causar hambre, desabastecimiento, cortar rutas, anunciar que tienen armas y adueñarse del territorio con una impunidad nunca vista en esa extensión, habrán logrado algo importante. La finalidad es: que “la pareja montonera” se vaya lo antes posible, sacarlos de la foto. No piden que se vayan todos. Piden que se vayan “ellos”.

Con “ellos” se irán los suyos, esos malditos terroristas. Es posible que intenten hacerle impracticable la gobernabilidad a Cristina Fernández. Se lograría con nuevas puebladas del “campo” en todas las provincias. Con el desmadre de las clases medias en Buenos Aires. Y con el Poder Mediático pidiendo orden y “si no, alguien que pueda imponerlo”. Descartemos toda intentona militar. No se trata de eso. (Además, el golpismo de los estados nacionales ha muerto. Ahora, Estados Unidos se ocupa de modo directo de esas cuestiones. Y si delega algo, será mínimo y totalmente controlado por ellos. Kissinger no vendría a “aconsejar”. Vendría a dar órdenes.)

Se trata de lograr un reacomodamiento en el peronismo. En suma, que Kirchner pierda el control del aparato. Que los peronistas, que emigran con el que más poder tiene, se vean en la conveniencia de dejar sus filas. ¿Qué no toleran de los Kirchner? El intervencionismo estatal, por supuesto. Las famosas retenciones y el tibio intento de redistribución del ingreso. Pero sobre todo: lo que llaman el “montonerismo”. Hay que frenar los hostigamientos a los militares.

Hay que borrar del mapa a Hebe de Bonafini, cuya imagen les resulta intolerable. También a esa señora Carlotto, por más arregladita que se la vea. Y a las Madres de Plaza de Mayo, que parieron hijos subversivos. Se les dio a esos hijos lo que se buscaron y esa etapa hay que cerrarla. Queremos peronistas que den por terminado de una vez por todas el tema de los crímenes de lesa humanidad. También quieren salir del Mercosur. Alejarse abiertamente de Chávez y de Evo Morales.

Si Brasil sigue portándose como una gran potencia capitalista que surge incontenible, seremos sus socios. Y queremos volver a las relaciones carnales con Estados Unidos, aunque no utilizarán esta frase de malos recuerdos (que, sin embargo, la dijo alguien que les hizo muchos servicios). Pero, ¡basta de montoneros, de setentistas, de actos por las víctimas del bombardeo del 16 de junio! Esa injuria del Museo de la ESMA fue “intolerable”. Lo del cuadro de Videla. No, esta gente es peligrosa. Nunca se sabe hasta dónde podrá llegar alguien en quien no se confía.

Hay que sacar a los montoneros del Gobierno y a Kirchner de la conducción del PJ. La punta de lanza de este proyecto es el señor Miguens. Y los otros tres cruzados. O sea, la Sociedad Rural, que, por primera vez, da la cara por sí misma, sin militares de por medio como siempre lo hizo. Y, nobleza obliga, felicitaciones, señores: lo han hecho muy bien.

Luego, el poder mediático. Que tiene algo claro: no hay que tocar la Ley de Radiodifusión. Ahora bien, ¿cuál es el reemplazo a este Gobierno que tanto odio les despierta? Cualquiera lo sabe: no puede ser otro que Duhalde. El viernes 11 de julio, muy sonriente, se reunió con Jorge Busti. Hay que implantar un eje de poder opuesto al de Kirchner dentro del peronismo: éste fue el resultado de la reunión. Pero Duhalde no dará la cara. Tiene a su hombre, tiene la cara de Reutemann. Todo lo demás es palabrerío, aunque funciona bien.

Puede que Cristina F. irrite a algunos. Puede –como me dijo alguien– que esta gente despierte “muchos odios”. Lo dijo porque se lo dijeron pero el mensaje entra. Los Kirchner provocan. Se los ve soberbios. Tienen marchas y contramarchas. Dan ventajas. Pero si se leyera la Carta de los intelectuales se vería que nosotros no saltamos de alegría por todo lo que hace este Gobierno. Sólo sabemos que, sin ser de izquierda, a la izquierda de él no hay nada. Y a la derecha, el aparato peronista manejado por Duhalde y con Reutemann como careta presidencial.

Es cierto que hay corrupción en este Gobierno. Eso va en contra de todos nuestros principios. Aquí no rige ni regirá el “roban pero hacen”. Pero tampoco podemos ser tan ingenuos: cualquier otro ha robado y robaría más. La política ya no se ejerce –ni aquí ni en ninguna parte– sin el dinero como arma de convencimiento, de presión o de amenaza. Uno no puede aceptar eso. Yo no podría hacer política. Pero en este gobierno (que, además, es democrático) habrá siempre mayor voluntad de transparencia que en uno manejado por el duhaldismo en pleno dominio del corleónico aparato peronista.

Si lo tiran, sabemos lo que podemos esperar. Lo de siempre: el ostracismo, la vereda de enfrente, lo peor. Lo único que tienen como alternativa quienes desean debilitarlo y, a la larga, hacerle morder el polvo, es otra variable del peronismo. Pero bien de derecha. Tan de derecha que es temible. Sobre todo porque dará cauce al odio oscurantista de los cruzados iracundos de estos días. Y a la Sociedad Rural, que avaló e impulsó el genocidio y eso no se borra diciendo alegremente “cambiamos”. Cuando se apoyaron ciertos horrores, no hay retorno.

“Vos sos un traidor”



Increparon a Buzzi en Santa Fe


El presidente de Federación Agraria fue cuestionado por un grupo de estudiantes secundarios que le reprocharon sus vínculos con la Sociedad Rural. Buzzi denunció que fue amenazado de muerte por los adolescentes, pero el padre de uno lo negó.

“Buzzi, te hago una pregunta: ¿no te parece una falta de respeto que hoy, después de 32 años, la Federación Agraria esté al lado de la Sociedad Rural que apoyó la desaparición de 30 mil personas?”. El presidente de la Federación Agraria se estaba preparando para responder las consultas habituales de los periodistas en la sede que la entidad tiene en Rosario y la pregunta lo sorprendió.

El autor fue un joven de la Unión de Estudiantes Secundarios, Ignacio Rico, que rápidamente continuó con su embestida. “¿No te parece una falta de respeto que hayan dejado de reivindicar la reforma agraria para aliarse al monopolio de la soja?, ¿no te parece una falta de respecto que haya gente buscando a sus nietos mientras vos estás sentado con los que apoyaron ese proceso? Vos sos un traidor”, agregó.

Recién en ese momento, Buzzi reaccionó: “Bueno, muchachos, tranquilos. Ya pasó. ¿Quién es este chico? No tengo idea quién es. Pero tenemos que ser tolerantes. No podemos hacer lo mismo que Kirchner”. Pese al pedido de tranquilidad, otros dirigentes de la entidad retiraron a empujones al joven y a las otras personas que lo acompañaban.

Los militantes de la UES denunciaron luego haber sido golpeados por los ruralistas, pero éstos lo negaron y contraatacaron diciendo que los jóvenes los amenazaron de muerte cuando se iban. El abogado de Federación Agraria, Ricardo Dagotto, hizo la denuncia penal en la comisaría 4º de la Unidad Regional II por amenaza simple. Sin embargo, el diputado provincial del Frente para la Victoria, Gerardo Rico, padre de uno del joven que fue a increpar a Buzzi, negó que lo haya amenazado de muerte y recalcó que los adolescentes fueron “sólo a debatir”.

“Me agreden, me dicen una cantidad de barbaridades, dicen que somos socios de la Sociedad Rural, que apoyamos el genocidio. Yo no me hago cargo del pasado de la Sociedad Rural, al que también cuestiono”, declaró Buzzi horas más tarde en un programa radial cuando dio su versión de los hechos. En realidad, los jóvenes no acusaron a Buzzi de apoyar el genocidio, sino de estar sentado al lado de quienes sí lo apoyaron, lo cual es rigurosamente cierto porque la Federación que él preside integra la comisión de enlace junto a la Sociedad Rural desde que comenzó el conflicto hace más de cien días y el propio Buzzi intentó en varias ocasiones “lavarle la cara” a la Rural diciendo que “ya no es la oligarquía ganadera de antes”.

Buzzi también comparte habitualmente reuniones de la Comisión de Enlace con el presidente de Carbap, Pedro Apaolaza, quien reivindica públicamente la dictadura militar y en mayo del año pasado calificó a los diputados Miguel Bonasso y Carlos Kunkel como “delincuentes subversivos”. En ese momento, Federación Agraria criticó las declaraciones de Apaolaza a través de un comunicado, pero ahora comparten el mismo espacio para defender con uñas y dientes la renta sojera. Por eso los jóvenes de la UES lo acusaron de “traidor”.

El episodio se produce en un clima de tensión creciente generado a raíz del inminente tratamiento que le dará el senado el proyecto de retenciones móviles que viene con media sanción de diputados. De hecho, ayer también hubo incidentes en la ciudad cordobesa de Río Cuarto, donde el diputado kirchnerista Alberto Cantero denunció a la Sociedad Rural de la zona por pintadas intimidatorias que aparecieron en la fachada de su casa (ver aparte).

El acto convocado para el martes próximo por el ex presidente Néstor Kirchner con el objetivo de respaldar el proyecto oficial sobre retenciones móviles también provocó una dura reacción de los dirigentes rurales que el mismo día y a la misma hora realizarán otra manifestación. “Es una actitud que bordea lo peligroso, la violencia, el enfrentamiento. No hace falta reflexionar mucho para advertir el sentido”, aseguró el vicepresidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati. Este dirigente afirmó que el acto que realizarán las entidades agrarias en el Monumento a los Españoles es “totalmente espontáneo y canaliza la necesidad de la gente del interior de hacerse presente cuando se discute algo tan importante”, pero al mismo tiempo calificó la manifestación kirchnerista convocada con el mismo objetivo como “una pesadilla” y remarcó que “bordea lo peligroso”.

La carta robada. La argentina progresista y entender lo que etá en juego


Por Nicolás Casullo

1. Las cartas han vuelto a escribirse parece. Varios grupos las han redactado con dispar suerte en el recrudecimiento del debate y el conflicto político. Buscan ser leídas, vistas. Pero voy a plantear un contracaso.

En el cuento “La carta robada” de Poe, lo más intrincado de percibir es lo que nunca dejó de estar delante de los ojos de todos. Una carta. El lugar de la carta en realidad debía saltar de inmediato a la vista, siempre que se pensase contra las políticas explicativas que desorientaban la mirada sobre su paradero. Políticas explicativas digo: mundos discursivos que escondían la carta, y lograban –como dice Dupin, el protagonista– que lo más expuesto sin embargo “escapase a la observación por demasiado evidente”. Pero la carta siempre estuvo ahí. Desde el principio de esa historia. En el tarjetero sobre la repisa de la chimenea. La narración del propio pesquisa borraba la visibilidad de ese hecho esencial.

El actual problema sojero fogoneado desde una intrincada información diaria que hace gala de números, toneladas, curvas gráficas, hectáreas y porcentajes, terminó siendo también una política discursiva desorientadora (por cierto para una escena argentina inesperada, nueva, a repensar profundamente). “La tonelada” es la voz política que impera, siempre con ese “peso de las cifras concretas” y corporativas, para esconder la carta, perdón, para esconder lo que en realidad está en juego en la política nacional. Para no ver la carta. Para seguir despolitizando la política, la memoria, las secuencias, el fondo del país actual, su pasado próximo.

En definitiva: la carta tachada, bastante invisible hoy sobre el estante nos puede permitir pensar qué relación entre política, Estado y destino comunitario. Muy pocos señalan este lugar de las políticas, hoy en disputa. Ese lugar de lo político como conflicto pleno, actuante ahora y escamoteado de la vista por el grueso de los mundos partidarios, y sobre todo por periodistas y comunicadores. No obstante que los trazos de la carta, perdón, de nuestra historia, son bien cercanos. Siguen intactos en esa repisa que no se mira.

2. Sobre el actual y prolongado dilema que disparan los distintos empresariados agrarios, se cuece como otras veces antes (1945, 1955, 1958, 1962, 1966, 1973, 1976, 1989, 2003) la lucha entre un establishment empresarial liberal, predominantemente agroexportador, especulativo rentista, dueño “testamentario” de la nación-negocio, falazmente democrático, contra las debilidades y contradicciones de proyectos reformistas de justicia social, de Estados obligados progresivamente a profundizar lo nacional, y con distintos apoyos de votos populares. Los tiempos y sujetos sociales permanecen o mutan poco o mucho. Pero la clave de bóveda, el objeto de la búsqueda, persiste con esas biografías y sus metamorfosis.

En el caso más reciente de nuestra crónica, la carta a ubicar, que no se ve, siempre estuvo ahí, en el estante: desde el 2000. Como dice el cuento de Poe, “quizás el misterio es demasiado sencillo” y entonces se olvidan sus rastros: “escapan a la observación por demasiado evidentes”.

3. Pienso en el inicio de la Argentina siglo XXI: crecimiento de la miseria, poderes históricos confundidos, dominaciones económicas con sus bancos en Miami, partidos tumorales, estrategias mediáticas, crisis y penuria estatal, desventuras de la democracia de un tiempo próximo. Pero una muy amplia sociedad favorecida y gestora de opinión pública desemboca del modelo del menemato justicialista en el 2001, no queriendo salir del mismo. Esta carta está ahí, aunque “no se la ve”.

La sociedad termina aquel tiempo de la mano de una Alianza comandada por el radicalismo que concluyó en desgobierno, corrupción, 31 asesinados en manos de las fuerzas represivas, y un frepasismo aliado que había congregado un neoprogresismo que inauguró: a) la video política gobernando la “nueva política”. Videofaena que premia, estelariza, castiga y borra referentes: esto es, que “reinstitucionaliza” y dirige la actividad política; b) un progresismo que ya no disputa lo social obrero popular, el peronismo, como lo había hecho la izquierda (peronista o no) desde 1956 a 1975; c) una identidad testimonial de “ciudadanos votantes” con argumentos mediáticos morales contra las formas antidemocráticas del populismo en tanto cultura leída como casi “anti-institucional”.

En 1999 el electorado había votado entre un centroderecha radical y un centroderecha duhaldista, ambos bien dispuestos con el libre mercado, con el desguace, con el indulto y con una progresía convencida en la necesaria separación entre “el viejo ser social” (demasiado complicado), un Estado (simple gestor) y una “calidad democrática” a reconquistar por exclusiva virtud salvacionista burguesa. ¿Qué se abre en el 2002 con el fracaso de ese bello proyecto? Digo: ¿dónde está la carta?

Una protesta hegemonizada por ahorristas de dólares, arteramente expropiados por el capitalismo como hecho inédito. Un tiempo de asambleas que, como escribí en enero de aquel año en este diario, significó la gran salida (primera) de una derecha capitalina más bien cerril, antipolítica, a las calles. Bronca muy mal entendida por una izquierda intelectual que no escuchó jamás el final silencioso de la famosa frase “que se vayan todos” (los que arruinaron el modelo de los ’90), más restos de frepasistas culposos, y una izquierda trotzkista que leyó en los “soviets de Almagro” un Argentinazo capitalino como si fuese un Cordobazo bis (y no todo lo contrario), pero que afortunadamente con sus mociones a votar sirvió para desalentar el 70 por ciento de esas asambleas de “la gente” más camiones de exteriores de poderosos canales privados. Mientras tanto las izquierdas sociales, gremiales, no quisieron o no pudieron volver a entender “ese país” conservadurizado y activo en las calles de las urbes.

4. ¿Y esta carta en la repisa de la chimenea? ¿Quién la está viendo? Año 2002. Grupos de presión, lobbies sobre el Ministerio de Economía, menemato escondido en Internet, mesas duhaldistas-eclesiásticas “concertadoras”, poderes internacionales y militares activos, y chacareros reutemanistas. Todos piensan una salida para ese país-negocio arruinado, país de millones de nuevos miserables piqueteros. Se piensan candidatos. En primer lugar el Duhalde posmenemista que asume el gobierno en pleno crac y renuncia a la opción. Luego el menemista De la Sota que cae en las encuestas y se le suelta la mano. Hasta que llega “el candidato de todos” según la gran prensa del establishment: Carlos Reutemann. Mucho más confiable que la derecha folklórica de Rodríguez Saá, y por encima del mayor referente de la derecha radical, López Murphy. El panorama es un 75 por ciento de oferta electoral de centro hacia una derecha lisa y llana. Parado al lado de este museo de cera, de esta ruina del consenso de Wa-shington, un Kirchner ignoto cinchando con el aparato del peronismo bonaerense que le prestan por dos meses: inicialmente menemista (luego crítico), un santacruceño privilegiado por la privatización energética, y que no había tenido, como político, intervención en ninguna cuestión ni ideario nacional relevante.

Pero además otro dato: el que triunfa primero, como salida de la era de vergüenza menemista, de la bárbara ley de mercado, del Estado vaciado, de la Argentina a precio de costo, del fin de las fraternidades, es Menem. Recién después Kirchner resulta el increíble presidente del 22 por ciento, desafiado hasta por un periodista de La Nación, Claudio Escribano, que en realidad con su “petitorio de advertencia” contra políticas de derechos humanos, contra el juicio a genocidas, contra todo latinoamericanismo popular, a favor de la Corte de Justicia menemista y por una severa seguridad social represiva, no sólo asienta el golpismo antes de la propia instalación del gobierno (a la manera de Aramburu y Rojas en 1958), sino que se precia vocero de ese país de los últimos tres lustros obscenos: con sectores importantes de una población conservadora, frente al largo silencio de otra mayoría social esquilmada (y diferente a la criada en los pastizales del neoliberalismo).

5. ¿Quién ve esta carta sobre la repisa, vivita y coleando? Es en este punto neurálgico donde los diversos progresismos, deben poder leer ahora dicha carta. Entender el significado de estos cinco años de gobierno que elevan al kirchnerismo al 45 por ciento del electorado, en relación a aquella Argentina 2003 descripta entre el patético festín de las derechas y un progresismo abdicador, políticamente no popular como sensibilidad “ética” de clase media.

Las contradicciones, acuerdos y socios cuestionables con el establishment son datos hoy menores de un kirchnerismo, comparado al decisivo hecho de haber regresado luego de 30 años a un Estado democrático protagónico con sus políticas actuantes y autónomas, frente a la vieja “normalidad” de la jefatura de los lobbies económicos, mediáticos, eclesiásticos, jurídicos, militares y culturales que siempre mandan (fin de un Estado como alfombra roja para tales patrones del país, alfombra como hoy lo representaría todo el espectro de partidos políticos opositores, sin excepción, incluida por cierto la sempiterna derecha peronista).

Ese 45 por ciento de votos fue la reaparición, en concreto, de la posibilidad de instalar base política para un Estado nacional modificador y democrático cierto, priorizador de la justicia social, centrado en los derechos humanos, sin claudicar frente a las bestiales campañas mediáticas de descrédito, con preocupación redistributiva de la renta, integrador del marginado, al que hay que presionar para que genere y profundice mucho más variables de reforma social y recuperación de lo nacional, frente a las claras y cada vez más evidentes políticas desestabilizadoras del conservadurismo neoliberal de la pura avidez capitalista, que ve en la conducta de la Casa Rosada “el zurdismo de los setenta montoneros” con “actualizaciones chavistas”.

La carta está entonces sobre la chimenea. ¿Se la ve? Una carta que dice de dónde se viene recientemente. Tan reciente, que esa derecha que no pudo y lo tenía todos servido en el 2003, es la que persiste hoy contra “la soberbia”, “el autoritarismo” y “la terquedad” del “oficialismo”, desde un bloque bien conocido: Duhalde, Reutemann, De la Sota, Rodríguez Saá, Barrionuevo, el empresariado agrario, la Iglesia, el radicalismo del 2001, y la moralina elitista y antipolítica del cualunquismo de Carrió. La carta –robada a los ojos, a la conciencia– es la historia que vale contar, nos dice el gran Edgard Allan Poe. En nuestro caso, si no se la ve, no se entiende lo que está pasando en otro momento crucial de la Argentina.