Otra final sin Videla, Massera ni Agosti



EL FUTBOL Y LOS DERECHOS HUMANOS SE UNIERON EN HOMENAJE A LOS DESAPARECIDOS Y EN REPUDIO A LA DICTADURA

Jugaron dos equipos, en River, integrados por militantes de derechos humanos, mundialistas como Houseman, Villa y Luque y miembros de los seleccionados juveniles. Al final hubo un festival con Liliana Herrero, Spinetta, Viglietti y Fontova, entre otros.

Por Gustavo Veiga

La imagen sintetizó el espíritu de la evocación. Leopoldo Luque y Julio Ricardo Villa tomaron la larga bandera con las fotografías de los desaparecidos, la levantaron y posaron un par de minutos para los reporteros gráficos. Sobre la pista que bordea al raleado césped del Monumental, los dos campeones mundiales del 78 consumaban así lo que había costado tanto tiempo concretar. Que un gesto recíproco, un gesto de aquellos jugadores y de los organismos de derechos humanos que hasta ayer se miraban con recelo, los reuniera treinta años después, en el mismo escenario donde la Selección nacional había ganado su primer título mundial. Un título que se festejó mientras la dictadura militar perfeccionaba el terrorismo de Estado sobre 25 millones de argentinos con su secuencia de secuestros, torturas y desapariciones.

En la cancha de River, esta vez, no hubo genocidas ni multitudes galvanizadas por la alegría de aquellos goles que Kempes y Bertoni convirtieron en la final contra Holanda. En la cancha de River, esta vez, la memoria jugó su propio partido, que empezó con una marcha entre la ESMA y el Monumental, siguió con fútbol y concluyó con un espectáculo ofrecido por músicos de raíces diferentes.

El Instituto Espacio para la Memoria organizó lo que durante treinta años y dos aniversarios redondos (en 1988 y 1998), jamás había sido posible. Juntar en una convocatoria pública, en un acto sensible y con las mejores intenciones, a los jugadores que abrazaron la gloria deportiva en el ’78 y a quienes durante los años posteriores militaron bajo una consigna que se hizo huella: “Aparición con vida y castigo a los culpables”. Allí estaban Luque, Villa y René Houseman, los únicos campeones presentes, entremezclados con Nora Cortiñas, de Madres Línea Fundadora, Alba Lanzilotto, de Abuelas, y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Los primeros se habían colocado la camiseta celeste y blanca de la Selección y hasta los pantalones cortos (Luque fue el único que jugó 5 minutos) y las mujeres de los pañuelos blancos habían llegado caminando desde la ESMA hasta detener su marcha en la pista del Monumental.

A las 15 ingresó en el estadio el grupo más nutrido, que portaba la extensa bandera con los rostros de los desaparecidos encabezado por Pérez Esquivel. Quique Pesoa modulaba su voz grave y Daniel Viglietti abría la parte artística del acto desde el escenario montado a espaldas de la tribuna Centenario, la única que no se habilitó de un inmenso Monumental. El intendente de Morón, Martín Sabbatella; el secretario general de la CTA, Hugo Yasky, y el secretario de Deporte de la Nación, Claudio Morresi, habían detenido su marcha frente a la platea San Martín, donde un instante después recibirían sus medallas los campeones mundiales.

La gente se había acercado hasta Núñez con la típica pereza dominguera posterior al almuerzo. Algunos, los más militantes, arengaban con sus cantitos en la esquina de Figueroa Alcorta y Avenida Udaondo. Agrupaciones como La Cámpora, Proyecto Sur, el Movimiento Nacional Ferroviario y la FTV hacían flamear sus banderas y repartían prensa propia a los padres que llegaban con sus pequeños hijos de la mano. Adentro de la cancha, como si fueran trapos futboleros ante la inminencia de una final, balconeaban los de la CTA (El hambre es un crimen), de Hermanos de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia, del Frente Nacional Campesino y uno que pedía Basta de Terrorismo de Estado en Colombia. Pero el que más se destacaba decía 30.000 detenidos desaparecidos ¡Presentes! y estaba detrás del escenario desde donde Pesoa continuaba leyendo textos alusivos y algunas adhesiones, como las de Diego Maradona, Daniel Passarella, César Luis Menotti, Carlos Bilardo, Carlos Bianchi, Amadeo Carrizo, Víctor Hugo Morales y el empresario Carlos Avila. También se difundieron comunicados que acompañaron la iniciativa, como uno del Colectivo de Exiliados de la Operación Cóndor.

El árbitro Guillermo Rietti esperaba que los periodistas desocuparan el campo de juego para comenzar el partido. Pero Luque y Villa se detenían ante cuanto grabador o micrófono se les interponía en el camino y decían su verdad. “Si mi presencia acá sirve para despegarme definitivamente de lo que pasó, bienvenido. Pero yo nunca me consideré partícipe del horror, aunque es probable que la dictadura nos haya utilizado”, dijo el ex futbolista de Racing y el Tottenham inglés.

Luque se paró de volante retrasado para distribuir juego y se retiró apenas comenzó el partido. Villa y Houseman salieron con los equipos pero no se pusieron los cortos. Se cantó el himno con la versión de Charly García de fondo, hubo fotografías para los protagonistas (militantes, jugadores Sub-20 y Sub-23 y el director de cine Tristán Bauer), hasta que el referí dijo basta. Desde ese momento, la atención se centró en el escenario, mientras una parte del público que ocupaba las plateas bajas empezó a saltar hacia la cancha para ver desde más cerca a Luis Alberto Spinetta.

Cuando el Flaco apareció en el escenario con su Fender (anteojos oscuros, campera blanca, la misma melena de siempre, aunque más canosa), el fútbol, por primera vez en la tarde, quedó desplazado. Regaló cuatro o cinco temas y entre ellos, un par de Almendra, su mítica banda: “Laura va” y “Plegaria para un niño dormido”. Después le dejó paso a Lito Vitale y su trío, que terminó tocando un par de temas con un músico que no estaba anunciado, pero levantó al público con un par de éxitos de su repertorio: Juan Carlos Baglietto. Siguieron Liliana Herrero, Horacio Fontova, Sara Mamani, La Bomba de Tiempo y Arbolito.

La tarde caía sobre el Monumental, los organizadores de Espacio para la Memoria seguían comunicándose entre ellos para no dejar detalle librado al azar y en el Monumental, esa caja de resonancia donde miles de voces atronaron aquellas tardes de junio del ‘78 festejando un título mundial, todavía se escuchaban los ecos de palabras que se repetían una y otra vez. Memoria, desaparecidos, derechos humanos, compromiso, militancia, compañeros, todas ellas unidas por el hilo conductor de una jornada que intentó zanjar las diferencias de dos visiones aparentemente irreconciliables sobre un mismo hecho. El hecho maldito del país futbolero que algunos prefirieron no evocar o del que tomaron prudente distancia.

Las presencias de Luque, Villa y Houseman, apenas tres campeones de aquel plantel de veintidós, de cualquier modo operaron como un símbolo para cumplir con el objetivo de La Otra Final. Hacer memoria en un país de memorias flacas. Un buen antídoto para recuperar la otra historia, ésa en la que aún resta mucho por escarbar.

Las dos puntas del ’78



Los organismos de derechos humanos con la bandera que lleva la foto de los desaparecidos marcharon por Libertador. Martín Sabbatella, Claudio Morresi, Hugo Yasky y Adolfo Pérez Esquivel, entre otros, acompañaron a Madres, Abuelas y Familiares.

Por Julián Bruschtein

“Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar.” Con ese canto de fondo, insistente y repetitivo, los manifestantes rodeaban a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y la larga bandera con las fotos de los desaparecidos mientras ingresaban a la sede de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros clandestinos de detención más grandes durante la dictadura. Una columna de una cuadra y media se reunió ayer para acompañar a los organismos de derechos humanos, que unieron la corta distancia que existe entre la ESMA (hoy Museo de la Memoria) y la cancha de River Plate, para resaltar la diferencia entre la euforia del Mundial y la alegría de los represores Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, mientras desangraban al país con secuestros, torturas y asesinatos.

Rodeadas por manifestantes con pechera verde ligadas a la organización del acto, las Madres encabezaban la movilización con sus pañuelos blancos. Más atrás podía verse una gran cantidad de gente que marchaba, algunos sueltos y otros agrupados bajo banderas de sus organizaciones. Mabel Gutiérrez, de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, aseguró que el acto apuntaba “a lograr una jornada simbólica para recordar que a través del Mundial ’78 se taparon los crímenes de la dictadura. Esta otra final fue programada para reivindicar la lucha de desaparecidos, asesinados, exiliados y la lucha de las Abuelas por recuperar a los nietos”. Estaban el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel; el secretario de Deportes, Claudio Morresi; el líder de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), Hugo Yasky; el dirigente docente de UTE, Francisco “Tito” Nenna; el intendente de Morón, Martín Sabbatella, y organizaciones como Proyecto Sur, el partido político que encabeza el cineasta Fernando “Pino” Solanas y La Falcone, agrupación de la Universidad Nacional de Quilmes, entre otras. Todos ingresaron al predio de la ESMA portando la bandera con las fotografías de los desaparecidos, para luego salir y comenzar la marcha por Libertador.

“Este tipo de eventos es una forma colectiva de construir anticuerpos. Rescatar un hecho contradictorio, porque el ’78 fue el año pico de compañeros secuestrados y es el año en que se registró la mayor cantidad de cesantías en los establecimientos públicos. Esto sirve para levantar otro mojón para fortalecer la memoria”, destacó Yasky en las inmediaciones del estadio. Entre medio de los portadores de la bandera había algunos cascos con inscripciones que decían: “Estibador portuario, desaparecido social”. Un grupo de alumnos del secundario que funciona en el Cenard caminaba a un lado del rector, Rufino Pérez. “Tenemos un proyecto de video con entrevistas sobre el tema –explicó Cinthia, una de las estudiantes–. Hay que informar a la gente acerca de cómo se tapó con impunidad lo que pasó en esos años.”

En el transcurso de la caminata sobre la avenida, una portadora de la bandera agitaba las manos hacia uno de los edificios, invitando a bajar a los vecinos que se asomaban por los balcones, recibiendo frías respuestas. Rigurosamente cortadas por el personal motorizado de la Policía Federal, las calles y avenidas de los alrededores del estadio de River contenían a los conductores que pugnaban por pasar sin dejar de tocar bocina, molestos por la presencia de los manifestantes. Entre los que marchaban se encontraban Bruno, de 16 años, y su amigo Nicolás, de 19. “Con el centro de estudiantes del ILCE organizamos charlas y debates. Después, por mail se fueron sumando, de a poco, más estudiantes”, explica Bruno mientras Nicolás afirma que “caminando también se construye la memoria, por eso estamos acá”. Así, Verónica y Pablo, un matrimonio que llevaba de la mano a su hijo pequeño y caminaban a un costado de la movilización, explicaban a este diario que se habían acercado “por convicción. Leyendo el diario vimos que se hacía esta marcha y no dudamos en acercarnos para participar”. Como ellos, gran cantidad de familias acompañaba los pasos de la movilización, parejas con hijos y chicos en brazos o en cochecito.

Al llegar al cruce con Udaondo, un nutrido grupo de militantes de la Federación de Tierra y Viviendas (FTV) aplaudían y agitaban sus banderas en reconocimiento a las Madres. Cuando la columna dobló para enfilar hasta la cancha se sumaron con sus pancartas y una cuadra más adelante esperaba la agrupación juvenil peronista La Cámpora. Mientras, un rezagado contó a PáginaI12 que había sido increpado “por una señora entrada en años que la enfrentó y le dijo ‘otra vez estos zurdos’. Y en una de las casas por donde pasamos pusieron una marcha militar”, a pesar de que no hubo incidentes. Apenas superando los setenta años, Alcira y Elda, experimentadas militantes de derechos humanos, subrayaban “la tristeza que es ver que los vecinos tienen las ventanas cerradas. Pero la presencia de la juventud es lo más importante. En ellos está la continuidad de la memoria”.

Con las fotos de los desaparecidos cortando la columna, el estampido de los tiros que provenían del campo del Tiro Federal fueron el telón de fondo de la espera al ingreso a la cancha en la que se jugó la final entre Argentina y Holanda hace treinta años. Los manifestantes cantaban sin parar: “Vamos, compañeros, hay que poner un poco más de huevos, los que cayeron son nuestra memoria, desde la resistencia a la victoria”. Al frente se encontraba la actriz Lucrecia Capello, protagonista de uno de los unitarios del ciclo Televisión por la Identidad, quien fue con su hija Martina, su yerno David y sus nietos Bruno y Candela. David, español, destacó que era “muy emocionante ver cómo se exige saber lo que pasó, a pesar de que han pasado tantos años. Emociona mucho ver cómo se sigue peleando y luchando por la memoria”. Capello, con una sonrisa de oreja a oreja, vaticinaba que con su nieta “Candela, que tiene veinticinco días, ya tenemos garantizada una militante en derechos humanos por ochenta años más por lo menos”.

“MI PAPA ME DIJO QUE ERAN GRANDES FIGURAS”
Con todo el peso de la historia




Por Adrián De Benedictis

Las atajadas de Fillol, los goles de Kempes, los remates de Passarella, las subidas de Tarantini, los desbordes de Bertoni y muchos otros lujos del seleccionado argentino que se consagró campeón del mundo en 1978, se producían en River al mismo tiempo que afuera del estadio la dictadura secuestraba y torturaba. Por la memoria de lo que sucedió 30 años atrás y para separar el fútbol del horror, el Monumental volvió a ser testigo ayer de un encuentro simbólico entre algunos de los protagonistas que fueron dirigidos por César Menotti, integrantes de agrupaciones de derechos humanos, y chicos de los seleccionados juveniles que recién ahora comienzan a entender todo el dolor y el terror que se vivía en el país.

Los campeones estuvieron representados por Leopoldo Jacinto Luque, René Houseman y Ricardo Villa. Pero el único que participó del encuentro fue Luque, que fue reemplazado a los cinco minutos en medio de una gran ovación. Y mientras observaba el desarrollo desde el banco de suplentes, el ex delantero recordó: “Son lindas sensaciones las que me toca vivir hoy (ayer). Yo no me sentí usado porque quería jugar el Mundial, era un sueño para mí. La verdad, yo no tengo que pedirle perdón a nadie”.

Cuando se jugaban dos minutos de partido, desde las plateas se escuchó: “Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es militar”. Y en ese sentido, Luque fue más allá: “A las Madres las entiendo porque viví el sufrimiento de mi mamá cuando se murió mi hermano, exactamente la noche del partido con Francia. Es lamentable porque mi madre le puede llevar flores a mi hermano, en cambio las Madres no saben a dónde ir. Yo creo que el tiempo va a separar lo deportivo de lo otro”.

Mientras Luque hacía su relato, los futbolistas juveniles miraban con extrañeza todo lo que ocurría en el estadio Monumental. Uno de ellos, Federico Nieto, jugador de Huracán, de 17 años, no salía de su asombro: “Vi algunos partidos del Mundial por televisión. Estar al lado de los campeones es hermoso, y creo que hay que aprovechar todo esto”. Y agregó: “Yo sueño con jugar un Mundial, hay que darle para adelante, que no es imposible. Mi papá me dijo que eran grandes figuras los que jugaron aquel campeonato”. El partido finalizó

1-1 entre el combinado A y el B, y ambos goles fueron convertidos en el segundo tiempo, que duró 20 minutos, cinco menos que el primero. Entre los jugadores estaban el director de cine y del canal Encuentro, Tristán Bauer; y Alfredo Chávez (ver aparte). En el momento que el árbitro marcó el final, la invasión al campo de juego fue similar a la de aquel 25 de junio, luego de la victoria 3-1 ante Holanda. Con la diferencia de que en la platea San Martín no estaba el genocida Jorge Videla sino familias con hijos menores de diez años, quienes con el tiempo entenderán el motivo de esa visita.

“Cada cosa en su lugar”


Por Gustavo Veiga

Claudio Morresi estuvo presente en el estadio de River durante los partidos del Mundial ’78. Tuvo que escuchar el discurso de apertura que dio el dictador Videla doblado por el dolor. Treinta años después, marchó una vez más (como tantas otras transformado en jugador, técnico o funcionario), para estar en La Otra Final. Para el secretario de Deporte de la Nación, hermano de Norberto, un joven desaparecido, participar del evento significó que “el tiempo, con muchísima lucha, haya llevado cada cosa a su lugar. Al deporte, que sigue apasionando a nuestra gente, y a los asesinos para que se los enjuicie y se los meta en la cárcel. Por eso, a treinta años, es lo que más puedo rescatar”.

Para el ex futbolista de Huracán, River y Vélez, entre otros equipos, La Otra Final “no sé si zanjó las diferencias, pero sigo creyendo que los futbolistas no fueron partícipes de nada que haya hecho la dictadura, y lo mismo digo del cuerpo técnico. Yo separo las dos cosas, aunque haya sectores que lo cuestionen”.

Federación Agraria se desgaja. Se les fue un dirigente histórico



Pedro Cerviño era hasta la semana pasada el jefe del Departamento de Desarrollo Rural de la entidad que encabeza Eduardo Buzzi. Es una figura emblemática del modelo de agricultura familiar, opuesto al monocultivo. Sus razones y quiénes lo siguen.

“Hay momentos donde los objetivos ya no son los mismos”, se lamenta Pedro Cerviño, un “cuadro” histórico de la Federación Agraria que acaba de dejar su puesto como jefe del Departamento de Desarrollo Rural de la entidad. “Fue de común acuerdo”, asegura el dirigente. Cerviño llevaba al seno de la cámara que conduce Eduardo Buzzi la voz de los pequeños campesinos que no participan de la fiesta de la soja, sino más bien la padecen. Productores de cinco, diez o veinte hectáreas que se dedican al cultivo de maíces, porotos, hortalizas, batata, calabaza y zapallo, entre otros, y a la cría de llamas, ovejas, cabras, chanchos, pollos y vacas lecheras.

Su vida y su cultura se encuentran atadas a la producción de alimentos. Pero están en competencia directa con el modelo de agronegocios reinante, que los desplaza para ocupar sus tierras con soja. Las autoridades de Federación Agraria eligieron unirse a Sociedad Rural y dar la pelea por quienes están volcados de lleno al monocultivo. Eso les está provocando el desgajamiento de sus bases ligadas a la agricultura familiar y de figuras como Cerviño.

“La Mesa de Enlace no representa a los pequeños productores. Sólo atiende sus intereses”, sentenció Cerviño en diálogo con PáginaI12. “No puede representarnos porque defendemos modelos de desarrollo agropecuario distintos. No tenemos nada que ver con Sociedad Rural y Confederaciones Rurales”, insistió.

–¿Cómo quedó su relación con Federación Agraria?

–Nuestros objetivos ya no son los mismos. En el pasado hemos coincidido y otras veces disentimos. No voy a hablar mal de nadie. Cada uno debe actuar de la manera que lo crea mejor.

Cerviño comprobó la diferencia de estar de un lado o del otro. Fue el último martes en el Congreso. Diputados de Coalición Cívica, PRO y el radicalismo se sumaron al coro de productores sojeros que les gritaban a él y a otros representantes del Foro Nacional de Agricultura Familiar (Fonas) para que se callaran y dejaran que las comisiones de Agricultura y Presupuesto se ocuparan sólo de la Resolución 125 de retenciones móviles. No tuvieron la oportunidad de exponer su problemática y sus reclamos al Gobierno como lo habían hecho un día antes –con un silencio reverencial de los diputados– los presidentes de las cuatro entidades ruralistas y Alfredo De Angeli.

Lo que tenían para decir, cuenta Cerviño, es que las retenciones móviles actúan como un freno a la sojización, sobre todo en las provincias del norte argentino y en regiones y campos donde sería más rentable social y económicamente volcarse a la producción de alimentos. Pero también que el incremento en los derechos de exportación a la soja no resuelve todo el problema ni mucho menos, sino que se requiere que el Estado lleve a la práctica una política muy activa de incentivo de otras producciones. “Es la forma de garantizar la soberanía alimentaria”, opina el dirigente, quien fue al Parlamento en su condición de coordinador nacional del Fonas. Esta entidad agrupa a unas 300 organizaciones de todo el país de “pequeños productores, minifundistas, chacareros, colonos, medieros y comunidades de pueblos originarios”, como ellos mismos se definen.

Entre ellas figuran el Mocafor (Movimiento Campesino de Formosa), una de las líneas del Mocase (de Santiago del Estero), Cirujas (de La Matanza, en el conurbano bonaerense) y el MAN (Movimiento Agrario de Misiones). Esta última entidad es asociada a Federación Agraria y también se encuentra en conflicto con Buzzi y compañía. De Angeli los descalificó semanas atrás, cuando dijo que se oponían al lockout de las cuatro entidades porque el Gobierno les ofreció ayuda. “No sé qué les ofrecieron y se fueron con ellos”, atacó. “Un arrendatario de 650 hectáreas en Entre Ríos no es un pequeño productor”, le devolvió Benigno López, titular de Mocafor.

“Las retenciones móviles son necesarias para frenar el avance de la soja. No tiene sentido que se la siembre en provincias como Chaco, Salta, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja, con bajísimos rindes. Y encima se quejan. En esa zona debería haber producción animal y alimentos para el consumo”, explicó Cerviño. Pero agregó que al mismo tiempo se requiere de una batería de incentivos públicos a la agricultura familiar. “Hacen falta políticas de infraestructura, de salud, de vivienda, de educación y de inversión para agregar valor”, detalló. Por ejemplo, dijo, habría que desarrollar una red de pequeños frigoríficos estatales para que los productores de llamas, cabras o corderos puedan faenarlos allí y no entregarlos a intermediarios a precios de remate.

“No queremos que los productores faenen en el fondo de su casa en condiciones antihigiénicas, sino que tengan un lugar adonde hacer chacinados, carne envasada y demás productos con valor agregado”, graficó Cerviño. “Necesitamos plantas de transformación para que el productor en lugar de vender aceitunas a granel comercialice aceite de oliva, o para transformar la harina en trigo, para disecar y empacar hortalizas. Plantas procesadoras para seleccionar y fraccionar. Todos estos procesos son indispensables para frenar el avance de la soja”, completó.

Cerviño no encontró espacio para seguir con esa prédica desde Federación Agraria. “Nosotros representamos el 70 por ciento de unidades agropecuarias del país, según datos del último Censo Nacional Agropecuario. La agricultura familiar maneja el 13,5 por ciento de toda la superficie cultivada de la Argentina, y genera el 20 por ciento del producto agrario. No se puede discutir que somos un sector más eficiente que el de agronegocios para la exportación de commodities”, desafió.

El dirigente reivindicó el trabajo de los últimos cuatro años. “El Fonas se fue organizando desde las sombras y ya logramos que la Secretaría de Agricultura nos reconozca como un espacio de diálogo y concertación de políticas, a través de una resolución de diciembre de 2005. También conseguimos que el Gobierno anunciara la creación de la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, para la que estamos pidiendo una asignación de recursos de 1500 a 2000 millones de pesos para encarar las inversiones que necesita la agricultura familiar. Y logramos la creación de un registro nacional de agricultores familiares que debería habilitar políticas diferenciadas para el sector”, puntualizó.

Por David Cufré

De ley




Por Horacio Verbitsky

El Jueves se aprobaría en diputados

Con más concesiones a los productores medianos, el gobierno podría aprobar el jueves en Diputados las retenciones móviles fijadas en marzo: compensaciones para productores de hasta 750 toneladas, aunque tengan deudas impositivas, estén inscriptos como monotributistas y la soja no sea su actividad principal. Pero no es seguro que esta flexibilidad oficial desactive un conflicto de inocultable contenido político.

Los diputados del Frente para la Victoria y el Partido Justicialista confían en alcanzar 134 o 135 votos, es decir seis más de la mayoría absoluta, para mantener las retenciones móviles en los niveles en que las fijó el Poder Ejecutivo el 10 de marzo. Trabajan sobre este cronograma tentativo: entre mañana y el martes se terminarían de discutir las modificaciones al proyecto en el bloque propio, el martes o miércoles se aprobarían los dictámenes en las comisiones de Agricultura y de Presupuesto y Hacienda, el mismo miércoles comenzaría el debate en el recinto y el jueves se votaría.

Las concesiones

El 27 de marzo, cuando la Coalición Cívica Libertadora, la UCR, el Frejuli y el PRO intentaron derogar la resolución 125, la posición oficial fue sostenida por 132 diputados. El Frente para la Victoria cree que las listas publicadas en los diarios sojeros sobre disidentes que no votarían el proyecto oficial provienen de una sugerencia que la señora Patricia Bullrich, por ahora en la Coalición Cívica Libertadora, les hizo a los miembros de la mesa de enlace de entidades patronales, de prescindir del diálogo con las autoridades del bloque y concentrar la presión sobre los legisladores más dubitativos, tratando de cortar la cadena por sus eslabones más débiles.

De ahí a atribuirles una decisión de voto rebelde hay un trecho que el bloque que preside Agustín Rossi no da por recorrido. Hasta ahora sólo tres diputados cordobeses y tres entrerrianos han anunciado un proyecto propio, que disminuye las alícuotas. Pero como no han conseguido apoyos ni siquiera es seguro que ellos deserten a la hora de la votación. En consulta permanente con el Poder Ejecutivo, Rossi cree que es posible incluso mejorar el resultado obtenido en marzo. Para lograrlo, aceptaría abrir el proyecto en varios puntos:

1 Las compensaciones creadas en el artículo 2c de la resolución 284, que dejan las retenciones en el 35 por ciento para un sector de productores de menor envergadura, se pagarían a quienes cosechan hasta 750 toneladas de soja y girasol y no hasta 500, como decía el texto original. (En las reuniones con los diputados las corporaciones reconocieron que el 80 por ciento de los productores, que concentran el 20 por ciento de la producción, están en la franja que llega hasta las 500 toneladas por cosecha; que del 50 al 60 por ciento de la producción se concentra en 2000 grandes productores entre propietarios, pools y fondos agropecuarios y que el 20 o 30 por ciento restante corresponde a quienes producen entre 500 y 3000 toneladas.

Si las retenciones quedaran en 35 por ciento para las primeras 1000 toneladas de ese grupo, el impacto en el sector sería fuerte. Esos productores de 500 a 3000 toneladas, hombres de 30 a 50 años, que siembran en campos propios y arrendados, son profesionales universitarios o hicieron tecnicaturas agropecuarias, constituirían el nuevo sujeto social dinámico que emergió como sostenedor de los piquetes durante el conflicto.

La presidente CFK atendió el argumento pero fijó el límite en 750 toneladas, con este razonamiento: en cualquier caso se está hablando de un sector de las clases medias que defiende sus niveles de rentabilidad, mientras en el país hay millones de personas que carecen de lo elemental, y que constituyen los verdaderos pequeños por los que el Estado debe velar).

2 Se eliminaría el requisito del punto 2e, que negaba la compensación a quienes tuvieran deuda líquida y exigible por Declaraciones Juradas presentadas y por pago de impuestos a la AFIP. (La Federación Agraria trabó las negociaciones con el Poder Ejecutivo al exigir que el reintegro se pagara incluso a los productores que operan en negro, para lo cual ideó ingeniosos mecanismos con intervención de la entidad y de las cooperativas. El gobierno fue inflexible en este punto, que hace al propio Estado de derecho. Excluyó a los evasores pero aceptó beneficiar a los deudores impositivos. Lo que resta fijar es el mecanismo por el cual al momento de recibir el reintegro cancelarían toda o parte de la deuda con la AFIP).

3 Se agregaría un inciso que también permitiera cobrar el beneficio a quienes estuvieran inscriptos como monotributistas.

4 También se eliminaría del punto 2c de la Resolución 284 el requisito de que el beneficiario de las compensaciones tenga el cultivo de soja o girasol como actividad principal.(Este punto fue propuesto por los diputados y cuenta con la aceptación del jefe de gabinete Alberto Fernández, pero todavía no fue aprobado por la presidente).

La leche y el aceite

La Federación Agraria también desearía que se convirtiera en ley el acuerdo con el Poder Ejecutivo sobre precio pleno del trigo exportado una vez asegurado el abastecimiento interno. Sobre esa misma línea, el Poder Ejecutivo prosigue negociaciones con los distintos sectores. La lechería, cuya capacidad instalada es de 15 mil millones de litros, podría proseguir su actividad sin retenciones a sus ventas externas y con precios más elevados al tambero si la industria se comprometiera a mantener sus precios fijos para los consumidores locales. Bien entrada la noche del jueves, CFK acordó con la cámara de productores de aceite un mecanismo diferente de regulación entre mercados interno y externo.

El Estado dejará de pagar compensaciones a una actividad que es líder en el mundo (se exporta el 65 por ciento de la producción de aceite de girasol y el 95 por ciento de la de aceite de soja), y las empresas se comprometieron a abastecer el mercado local con un precio 30 por ciento inferior al actual, que estará estampado en la botella para que las cadenas de supermercados no puedan hacer diferencia remarcándola. Las compensaciones se pagarán de un fondo fiduciario constituido por las propias aceiteras, de modo que el subsidio al precio para el consumo interno se prorratee entre todas ellas, tanto las que colocan toda su producción en el exterior, que son la mayoría, como aquellas que además abastecen el consumo interno, como Molinos y General Deheza).

La realidad provocadora

Algunos proyectos complementarios requerirán más tiempo para llegar al recinto. El más notorio es el de arrendamientos rurales. Hay uno del kirchnerista bonaerense Luis Ilarregui, otro de la caleidoscópica tucumana Beatriz Rojkés de Alperovich, uno de Eduardo Macaluse, de Solidaridad e Igualdad, apoyado por el Partido Socialista, y otro del socialista santafesino Lisandro Viale. Todos coinciden en elevar el plazo mínimo del arrendamiento de 3 a 5 años. El del SI fue elaborado por la Federación Agraria y tiene 130 artículos.

Cuando Vilma Ibarra convocó a discutirlo en la comisión que preside, de Legislación General, lo defendió el coordinador del Departamento Gremial de la Federación Agraria, Luis Contigiani. Pero el economista jefe de la Sociedad Rural, Ernesto Ambrosetti, y su representante en el Registro Nacional de Trabajadores Rurales (RENATRE), Abel Guerrieri, se opusieron. Antes del comienzo formal de la reunión uno de los representantes de la Sociedad Rural dijo que el proyecto terminaría con la figura del arrendamiento rural y que no se había discutido en la mesa de enlace. Sus otros puntos principales son:

Contratos escritos y no de palabra, con los que prevalecen los más fuertes.

Regulación de precios.

Contratos agrarios que permitan asociarse y participar en las ganancias.

Contrato promovido, como el que se usa en Europa. Alienta a los propietarios a arrendar su tierra a los pequeños productores mediante beneficios impositivos a ambas partes. No pueden aspirar a las desgravaciones en IVA y ganancias los grandes capitales o los pools de siembra.

Promoción de buenas técnicas agrarias para proteger el medio ambiente, como la rotación de cultivos, y respetuosas de la biodiversidad, la conservación y renovación de los recursos. El contrato podría rescindirse si alguna de las partes incurriera en prácticas que deterioren los suelos. El SI también tiene dos proyectos de recreación de las juntas nacionales de cereales y de carne. La ley de arrendamientos fue reclamada por Eduardo Buzzi a la presidente en la primera reunión posterior al lockout.

“No tengo problemas si las cuatro entidades están de acuerdo”, respondió CFK. Mario Llambías respondió que Carbap no lo estaba. Desde Alcorta, Buzzi dijo que había sido una “provocación” presidencial porque las entidades “podemos estar juntas en contra de algo, pero es imposible que hagamos un proyecto común”. Más allá de la impertinencia machista con que Buzzi se permite calificar a la presidente, su confesión también ayuda a entender la dificultad de la mesa de enlace para alcanzar un proyecto unificado y su apuesta limitada a quebrar el proyecto oficial en el Congreso.

Detrás de escena

Detrás de escena hay intereses políticos que intentan utilizar el conflicto como ariete desestabilizador. En su conferencia de prensa de la semana anterior, Kirchner exculpó al ex senador Eduardo Duhalde. Sin embargo, al día siguiente, Duhalde se reunió con el ex gobernador de Córdoba José De la Sota, y con el vocero mediático de las cámaras patronales agropecuarias, Alfredo De Angeli, en la quinta de su colaborador Antonio Arcuri, a quienes se sumó, por teléfono, Felipe Solá.

Después de ese encuentro, De Angeli anunció el levantamiento de las medidas de fuerza y aclaró que no cejaban en la protesta, sólo cambiaban de estrategia. De Angeli vive sus quince minutos de gloria, como los que ilusionaron a otros emergentes de la antipolítica, como Aldo Rico y Juan Carlos Blumberg. En cambio Duhalde y De la Sota son avezados en operar con discreción e imaginar las consecuencias de los actos que otros realizan.

De la Sota fue el introductor en la política partidaria del economista socialcristiano Domingo Cavallo y, luego, del aceitero Roberto Urquía, quien esta semana cedió su cargo para no enfrentar un debate en el que oficialismo y oposición lo tomarían como blanco. Había ofrecido su renuncia cuando comenzó el conflicto y la entregó sin dilación cuando se lo solicitaron los senadores Miguel Pichetto y Nicolás Fernández. Es posible que recale al frente de la Comisión de Obras Públicas.

Durante el proceso electoral de 1989, Cavallo, con el respaldo de De la Sota, viajó a Estados Unidos para reunirse con funcionarios del Banco Mundial, a quienes advirtió que si brindaban el financiamiento pedido por el gobierno de Raúl Alfonsín la fórmula presidencial de su partido en la que Duhalde acompañaba a Carlos Menem desconocería esos compromisos. Ésa fue la señal de largada que precipitó la hiperinflación, aseguró la victoria electoral justicialista y luego forzó el acortamiento del mandato de Alfonsín por medio de los saqueos producidos en los cordones urbanos de Buenos Aires y Rosario.

En 1996, cuando Menem no había cumplido un año de su segundo mandato, Duhalde intentó una maniobra similar en su contra. Temía que la alta desocupación estropeara su candidatura presidencial y pensó en una convulsión social que acelerara los tiempos. “Cualquier día una mujer tira una papa en la Matanza y el estruendo llega hasta acá”, decía entonces uno de sus confidentes.

El secretario de Inteligencia Hugo Anzorregui y Julio César Aráoz conversaron sobre la eyección anticipada de Menem con varios dirigentes sindicales, entre ellos el camionero Hugo Moyano, que denunciaba la política neoliberal. “Esto termina mal. A Menem lo va a mandar preso la justicia. No hay cómo defenderse, porque por imponer este modelo destruyó el partido, las estructuras sindicales y la unidad política en el parlamento”, dijo Anzorregui durante una de esas reuniones.

La idea era que Carlos Rückauf o Antonio Cafiero asumieran en forma interina el Poder Ejecutivo y convocaran a elecciones presidenciales anticipadas (“Caída libre. Duhalde quiere acortar el calvario y forzar una crisis que adelante las elecciones presidenciales”, 20 de octubre de 1996). Pero Menem pudo retener el control partidario y desbarató la operación. En 2001, Duhalde concibió aplicar el mismo esquema al presidente radical Fernando De la Rúa, cuya posición se tornó insostenible con la derrota en los comicios de octubre de 2001, luego de cuatro años de recesión.

Según los acuerdos entre Duhalde y el ex presidente Raúl Alfonsín el senador misionero Ramón Puerta asumiría la presidencia y convocaría a elecciones, en un proceso que contaba con la bendición del Episcopado. Cuando la fuga de capitales financiada por el FMI forzó al gobierno a establecer el corralito, ante la primera protesta Fernando De la Rúa no tuvo mejor idea que decretar el estado de sitio y ordenar la represión, que causó 31 muertes. La mayoría justicialista anunció que iniciaría el procedimiento para destituirlo por juicio político y el presidente renunció. Fue la negativa de Adolfo Rodríguez Saa a convocar a elecciones en tres meses y el caos producido por la devaluación salvaje lo que forzó a Duhalde a asumir en forma interina el Poder Ejecutivo. Estos antecedentes son insoslayables ahora. Duhalde no oculta su juego.

Lo anunció hace un año, cuando los mismos sectores justicialistas que ahora se alinean contra el gobierno, le pidieron apoyo para presentar una candidatura alternativa a la de CFK. Dijo entonces que era imposible impedir su victoria, pero que había que prepararse para las situaciones críticas que sobrevendrían por la inexperiencia de CFK. El objetivo de máxima es forzar su renuncia, como ocurrió con Alfonsín y De la Rúa. Duhalde sabe que no será fácil, porque a diferencia del último presidente radical, Cristina dispuso no reprimir ni siquiera la protesta ilegal, pero enfrentarla con medios políticos. Por eso, el objetivo de mínima es desgastar a su gobierno para batirlo en las elecciones de 2009, con lo que comenzaría otra etapa.

Votos y/o consensos

El vicepresidente Julio Cobos planteó que el gobierno no debería buscar votos sino consensos. Éste es un consenso generalizado entre quienes no tienen votos. Con distintos grados de buena fe plantean que si el gobierno se limitara a imponer el número la crisis no se cerraría porque, como ya anticiparon diversos líderes patronales, de aprobarse la resolución 125 dispondrán el regreso a las rutas. Para evitarlo, algunos diputados sostienen que sería necesario elaborar un consenso para que la votación del Congreso fuera por una mayoría tan amplia como para aislarlas y disuadir su beligerancia. El gobierno piensa, en cambio, que luego de dos semanas de discusiones en las que todos pudieron expresarse con absoluta libertad, corresponde que el Congreso vote y decida. Éste debería ser el principal consenso de quienes aspiran a vivir en democracia.

El campo o la democracia del apriete. Convicciones




Por Alfredo Zaiat -

Durante 101 días se desarrolló el lockout más violento de la historia argentina, extendido en una y otra ocasión con excusas que compiten en su profundidad con la portada de Billiken. No debería sorprender que después de unas semanas de despachar granos a la exportación, para de esa forma obtener recursos, las cuatro entidades que representan al sector del campo privilegiado por el boom sojero expongan una nueva excusa para volver a cortar rutas. Después de esta experiencia, con el ejercicio de desabastecer a los centros urbanos como presión, saben que cuentan con una poderosa arma de extorsión.

Resultó reveladora la angustia de Mario Llambías, titular de CRA, por la suerte de las ovejas del sur por las cenizas del Chaltén, mientras ratificaba la continuación de los cortes de rutas que terminaban disparando los precios de la canasta de bienes básicos de los hogares. También fue conmovedora la expresión de vocación democrática de su segundo, Ricardo Buryaile, que dijo que el Congreso debería ser disuelto si ratifica las retenciones, con disculpas posteriores que lo condenan.

Ante tanta exteriorización de sensibilidad de bolsillo colmado, en situaciones de tanta tensión y confusión provocada, resultan una buena guía las enseñanzas del profesor Salvador Treber, miembro del Plan Fénix y uno de los más respetados tributaristas del país. Escribió una reciente columna de opinión en La Voz del Interior (“Será que la memoria nos traiciona”) destacando que “el Gobierno ha cometido serios yerros, verdaderos delitos de torpeza y soberbia, aunque sólo aportando ideas y vías de solución alternativas podremos contribuir a recuperar la buena senda y la paz social”.

Y en referencia a un sector de la clase media y a dirigentes del agro que se dicen progresistas, afirma que “parece que muchos protagonistas (...) inexplicablemente hoy respaldan a quienes antes los repudiaron. En vez de pensar en el país, se dejan llevar por impulsos de confrontación; olvidan experiencias en que fueron usados y luego desplazados sin ninguna consideración”.

Los niveles de violencia física y de apriete a quien opina diferente en los pueblos del interior y en las rutas por parte de ciertos piqueteros rurales, acciones que ha sido ocultadas a lo largo de todo el conflicto, han provocado una corriente de miedo en la zona liberada por los sojeros. En estos meses varios fueron los mails que llegaron a la dirección publicada al final de esta columna reflejando el temor que existía de productores y habitantes de pueblos del interior a oponerse a los cortes.

También han aportado explicaciones reveladoras de comportamientos de los agentes económicos en conflicto: por ejemplo, la sorprendente pareja que se formó de productores y dueños de camiones para cortar rutas. Uno de esos mails explica ese matrimonio con un pedido expreso de anonimato del lector nacido a no más de 100 kilómetros de Rosario: “te voy a pasar todos mis datos pero al mismo tiempo te pido que si escribís algo de esto no pongas mi apellido en ningún lado porque me van a querer cagar a trompadas por estos lares”.

El siguiente relato aportado en ese mensaje electrónico puede ayudar a algunos desorientados que todavía piensan que la Familia Ingalls está en rebelión:

“En la zona, por el alquiler de los campos se están pagando de 12 a 17 quintales (qq) de soja por hectárea/año. Si un agricultor (dueño del campo) cobra la cantidad que te digo es porque otro agricultor (allí no hay pools de siembra, lo alquilan vecinos) saca mucho más, de lo contrario no tiene ningún sentido el pago adelantado de esos quintales. Veamos un ejemplo: tienen 50 hectáreas, las alquilan a 15 qq/ha/año. 15x50 = 750 qq/año. 750 qq x $100/q = $75.000/año. $75.000 dividido 12 meses = $6250 cada treinta días. Y tienen un capital de 15.000 dólares por cada una de las 50 hectáreas (750 mil dólares).

Esto si le alquila el campo al vecino y se sienta a tomar mate bajo el ombú. Hacé vos la cuenta de lo que gana quien arrienda el campo. Con la guita que les sobra (sí, que les sobra) a los ‘chacareros’, como le gusta llamarlos Sociedad Rural Buzzi, comenzaron hace ya unos años a comprar camiones para llevarse su propia cosecha y lograron meter algunos de esos camiones en los acopios de la zona, es decir que vuelcan el sobrante de tal forma que terminan cagando al tipo que vive de su camioncito.

Por lo tanto, están de los dos lados del mostrador, así que se encontraron más de una vez cortando la ruta con sus tractores y cosechadoras y a la vez con sus camiones. Es obvio que no son la mayoría los que compraron camiones, pero hay muchos. Otros son los que inflaron la burbuja inmobiliaria en Rosario y que hicieron que un laburante no pueda ni comprar ni alquilar por los valores que los muchachos pagan en la gran ciudad”.

Los legisladores que en estos días recibirán la visita de dirigentes del sector agropecuario preocupados por las alícuotas de las retenciones tendrán la posibilidad de comparar los ingresos mensuales de los productores, como el de ese propietario-arrendador de apenas 50 hectáreas calculado en ese mail, con otras variables sociolaborales relevantes, como la pirámide salarial de los trabajadores o el sueldo promedio de los empleados en negro.

Después de esa sencilla comparación, si tienen convicciones firmes para definir cuál debe ser la prioridad en la intervención del Estado y del destino de recursos públicos y, a la vez, pueden superar la presión social del escrache rural, les será más fácil en el momento de la votación resistirse a la opción por los privilegiados.

Los elencos



Por Eduardo Aliverti

La Argentina transmitida por los grandes medios ofrece, con particular intensidad desde la última semana, una imagen que asemeja a comedia dramática. Si efectivamente el país es eso, o si eso es lo que construyen como símbolo los flashes televisivos, puede no interesar mucho. Muchas veces, lo importante no es lo que pasa sino lo que la gente cree que pasa o lo que quiere que pase y, al cabo, otras tantas veces lo que se cree o lo que se quiere terminan siendo lo que es. ¿Cuál “vez” es ésta?

Los medios se regodean con las trifulcas verbales de esos ridículos encuentros parlamentarios en que los diputados aparecen apretados –-literalmente– por unos presuntos representantes campestres que amenazan con pudrir todo apenas se les ocurra. Cancherean gestos a la cámara mostrando que se sienten en medio de un circo, toman el micrófono o gritan a capella sus situaciones personales, se abren paso a los empujones y se plantan detrás del presidente de la Comisión convencidos (y aciertan) de que sólo importa ganar el foco; porque casi inmediatamente ya no importará quién diga qué sino concitar que los rodee una nube de cronistas concentrados en regalarles escándalo a los estudios centrales, donde siempre habrá alguien con cara de sufrir estreñimiento y que rematará con algún concepto profundo en la gama de “qué nos pasa a los argentinos”.

Nadie dirá que, entre otras cosas, nos pasa que ni siquiera a un descerebrado podría ocurrírsele que puede darse un debate serio en esas condiciones. Algo que se aproximara a eso podría ser transmitir lo que sucediera en un marco liberado de energúmenos, ya sea en sala de comisión o en recinto, si es que tanto se pretende que el Congreso sea el republicano parlante de la Nación. Pero ni “la gente” ni los medios quieren eso. Es esto o “Bailando por un sueño”. Si no hay show, no sirve.

El carpódromo montado frente al Parlamento nacional es una especie de coronación de esta preponderancia impresionante del efectismo. Los macristas contrabandeando sus aspiraciones de policía propia ante la imposibilidad de desalojar a los acampantes kirchneristas, tras haberse prendido al corte de rutas en todo el país. El picadito entre el camping K y el gauchócrata como alegoría, dicen los medios, de que esto podría terminar con onda de “Un sol para los chicos”.

Alguien diciendo que en un tumulto lo puntearon a cuchillo, para después mostrar una raspadura producto de un tropiezo mientras los noticieros titulaban que había un manifestante herido y que quisieron apuñalar a “Alfredo”. Y una fila de inimputables sacándose fotos al lado de un toro de plástico. No está mal. Es divertido y democrático, no se genera ni inflación ni desabastecimiento, no se toma de rehén a nadie y ni siquiera cortan la calle. La plaza se transformó en una especie de parque temático gratuito, donde todos los que pasen y tengan cualquier cosa para decir pueden contar con la seguridad de que habrá una cámara esperándolos.

El problemita de todo esto es cómo separar al espectáculo de la realidad, porque en caso de no hacerlo, y volviendo al párrafo inicial, se corre el serio riesgo de que la realidad sea el espectáculo. Y eso significaría que pasa a no comprenderse qué va en chiste y qué en serio. Bien que a un costo muy alto en varios sentidos, este conflicto permitió que mucha gente –incluyendo dirigentes políticos, periodistas e intelectuales– se desayunara respecto de temas que les eran parcial o absolutamente extraños: tenencia de la tierra, ingresos por exportación, agronegociados, contaminación del suelo.

Pero a medida que el choque avanzó, esos bienvenidos aspectos informativos fueron cediendo paso a una lucha de intereses políticos en la que los representantes campestres desnudaron que, más allá de la puja por su bolsillo, se escondía la constitución de un movimiento opositor de derecha. Lo cual, a su vez, fue aprovechado por el Gobierno para erigir un discurso que reafirmara consenso a su alrededor. Y de esa segunda etapa se saltó a la tercera y actual, que consiste en esta cierta frivolización de la emblemática enfrentada.

Los sectores medios malhumorados con el kirchnerismo, con el concurso de los medios de comunicación más poderosos, se prenden a todo relato que favorezca su malestar: quién paga las carpas en Congreso, los exabruptos de D’Elía, la “inocencia” de la oratoria campechana de De Angeli, la “oportunidad histórica” que pierde el país, la soberbia oficialista. Y las franjas afines al Gobierno, ya sea por convicción o por el espanto que produce lo que se les arremolina enfrente, trazan una lógica igualmente lineal en la que casi todo se reduce al duelo con la vieja y nueva oligarquía más sus gruesos funcionales.

En el primer caso están disparándose a los pies, porque le abren la puerta a la posibilidad de que se reagrupen políticamente los bloques del capital ultraconcentrado que supieron incendiar el país con la propia clase media como víctima. Y en el segundo, lo imperioso de defender al Gobierno frente a la avanzada reaccionaria hace perder de vista que es el propio kirchnerismo el que está suicidándose, por obra de un modelo que sólo tiene la ocurrencia de servirse con la renta despampanante del agro. Con eso no alcanza para distribuir la riqueza y pagar la deuda, que este año tiene vencimientos por varios miles de millones de dólares.

Como viene la mano, al Gobierno no le queda mucho más que cuidar de y refugiarse en los sectores populares que tuvieron un grado de recuperación importante tras la crisis de 2001/2002. La clase media se le escurre como agua entre los dedos y ya hay tropa institucional que se muda de bando. El oficialismo habla de una nueva derecha, pero lo que sea que eso quiera decir viene después de lo que ya es verificable: la derecha la tiene adentro. Reutemann, Schiaretti, Cobos, Scioli, diputados, intendentes.

En la mejor de las hipótesis, recuperar cierta expectativa benévola de esas porciones medias le llevará mucho más tiempo que el que insumen sus enormes errores y la capacidad destructiva de lo que se nucleó en derredor del movimiento campestre. En caso de profundizarse las estocadas de desestabilización, es probable que cuente con un apoyo más activo de actores estudiantiles, profesionales, intelectuales, y hasta algunos corporativos que se preocuparían por el modo en que los perjudicaría la densidad del clima. Pero ya estamos hablando más de una etapa de resistencia que de otra cosa.

Impensable hasta hace pocos meses, hay ahora la perspectiva más o menos cierta de que la derecha recobre fuerzas. Y ésa es la parte dramática. La de comedia se puede visitar en la Plaza del Congreso o poniendo cualquier noticiero a cualquier hora.

Democráticos los gauchazos camperos. LLambías dijo que el paro continuará si se aprueba el proyecto oficial de las retenciones




Una tregua que amenaza terminar

El dirigente de CRA planteó una advertencia si el Congreso “vota el acuerdo de la intolerancia del ex presidente”. El oficialismo pidió acatar la decisión parlamentaria. La Mesa de Enlace no se pronunció.

En horas decisivas para la discusión de la ley de retenciones en el Congreso, las entidades agrarias volvieron a levantar el fantasma de un nuevo conflicto. La advertencia salió de la boca de Mario Llambías, de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA): si se aprueba el proyecto oficial –dijo–, continuará el conflicto en el campo.

Un representante de la Federación Agraria también se pronunció en ese sentido hace pocos días, al término de una reunión con diputados peronistas. Y aunque Alfredo De Angeli ayer salió a abrir un nuevo paréntesis, la sombra de un nuevo lockout rural llegó hasta el Congreso. El diputado kirchnerista José María Díaz Bancalari salió a pedir a los sectores agropecuarios que acaten la decisión del Congreso “por más que no resulte de agrado a unos u otros” ya que, dijo, “la representación popular por excelencia está en el ámbito parlamentario”.

“Si se vota el acuerdo del capricho y la intolerancia del ex presidente de la Nación –dijo Llambías ayer, por radio–, evidentemente el conflicto sigue y no sólo será del campo, sino de otros sectores que ven con qué prepotencia se quiere manejar el destino del país.”

La posición de Llambías hasta anoche no había recibido apoyos abiertos de las organizaciones del agro ligadas a la Mesa de Enlace. Consultados por este diario, ellos se mostraron más bien sorprendidos no tanto por el contenido del mensaje, sino por el momento.

Desde hace una semana, las entidades del sector optaron por bajar los niveles de la confrontación pública con el Gobierno para abrir canales de negociación con los distintos sectores del Congreso, especialmente dentro del PJ, que encarna la mayoría. En esa línea mantuvieron encuentros con el peronismo y, más frustrados, con los “hiperkirchernistas”, los “más duros”, según los mencionó ante este diario un vocero de la Sociedad Rural. “Más duros que el propio Kirchner –aseguró–, en eso bajan la línea kirchnerista como una tabla; son más blandos después ante las cámaras, cuando mencionan la posibilidad de que habrá diálogos, pero puertas adentro no dejan pasar nada.”

La SRA apuesta en este momento a alinear fuerzas en torno de, por ejemplo, el borrador del proyecto de Felipe Solá, que elimina las retenciones móviles. A partir del martes y contrarreloj, la entidad se estará reuniendo con intendentes de la provincia de Córdoba, radicales y peronistas, para que se sienten con los diputados.

En esa línea trabajan las otras organizaciones y por eso aún parece prematuro saber qué harán después de la votación, porque hasta ahora todavía parecen apostar a cambiar el equilibrio de fuerzas en el Congreso. En ese contexto, y si todas las negociaciones siguen adelante, las declaraciones de Llambías parecen más un instrumento de presión sobre el Congreso que una declaración del fin de la tregua. Aunque para saberlo habrá que esperar. Con el correr de las horas, y mientras se aclaren las respectivas fuerzas en el Congreso, esas posiciones se irán haciendo más claras.

“No sabemos si vamos a volver a las rutas”, dijo ayer De Angeli. Pero aclaró: “Vemos un escenario muy complicado porque el ex presidente está influyendo mucho. Estuve con algunos legisladores K y ellos están muy preocupados”.

Non sancto. Soja, pesticidas y una denuncia contra Monsanto





Por Alicia Dujovne Ortiz *Desde París- En el centro del negocio mundial de la soja y los pesticidas –que van de la mano– hay una multinacional norteamericana especializada en alta toxicidad. Una serie de investigadores denuncia a Monsanto por el sistema con que opera, que deja un tendal de monocultivo, deformaciones genéticas y enfermedades, y que quiere hasta patentar a los chanchos.

“Hace más de veinte años que recorro el mundo, y en todas partes he oído hablar de esta multinacional norteamericana, a decir verdad bastante mal. Quise entender de qué se trataba y navegué por Internet durante meses. Es así como he descubierto que Monsanto representa una de las empresas más controvertidas de la era industrial, porque siempre ocultó la extremada toxicidad de sus productos. ¿Qué pasa hoy? ¿Nos dicen la verdad sobre esos OGM? ¿Podemos creerles cuando nos dicen que las biotecnologías resolverán el problema del hambre y de la contaminación del medio ambiente? Para responder a esas preguntas, retomé mi bastón de peregrina y viajé a lo largo y a lo ancho de tres continentes. Hoy estoy segura de que no debemos dejar que esta empresa se apodere de las semillas, vale decir, de la alimentación mundial.”

La autora de esas palabras, Marie-Monique Robin, ya había tomado su bastón de peregrina para ocuparse, entre otras cosas, de la presencia en nuestro país de la OAS, la organización paramilitar argelinofrancesa que a través de la Triple A exportó a la Argentina sus escuadrones de la muerte. Hace unos pocos meses Robin publicó un libro decisivo, El mundo según Monsanto, de la dioxina a las OGM, una empresa que nos desea el bien, y realizó un documental donde cuenta la historia de estos no menos espeluznantes escuadrones. Según sus declaraciones, los telefonazos insultantes recibidos a raíz de su primer texto fueron juego de niños en comparación con los aprietes que le valieron meterse con Monsanto.

No es la primera vez que se denuncia a esa empresa, pero sí es la primera en que el desenmascaramiento llega, por fin, a una cadena televisiva de tanta difusión como la francoalemana Arte, que transmitió hace poco el filme de Robin. Ya en el año 2000, Isabelle Delforge había publicado, en Bruselas, Alimentar al mundo o el agrobusiness, donde revelaba el engranaje oculto de Monsanto. Para escribir estas líneas me he guiado por los trabajos de Robin, de Delforge y del investigador Raoul Marc Jennar, de la Urfig/Fundación Copernic, que, como nuestro Premio Nobel Alternativo, el doctor Raúl Montenegro, tampoco se queda corto al analizar todo lo que en Monsanto resulta non sancto.

¿Merece Monsanto la calificación de “necroempresa” con que muchos la adornan? El siguiente relato parecería confirmarlo. Si a principios del siglo XX, los “mercaderes de la muerte” fueron la compañía alemana Krupp, la británica Vickers y la francesa Schneider-Creusot, Monsanto los reemplazó simbólicamente en 1945. En primer lugar, al asociarse, dentro de la Chemagrow Corporation, con la IG Farbenfabriken que había sostenido financieramente al nazismo en los años treinta y fabricado el gas para Auschwitz diez años después. Es cierto que una empresa no tiene por qué meterse a fisgonear en lo que han hecho sus socios, antes de haberlos frecuentado en carne y hueso; sobre todo si esa empresa está basada en un criterio de rentabilidad, acaso incompatible con el de humanidad, como el que el propio Edgar Monsanto Queeny, presidente de Monsanto desde 1943, manifestó con una sinceridad casi conmovedora: “I am a cold, granitic believer in the law of the jungle”.

Esta sociedad transnacional comenzó a hacerse célebre por ella misma, y no por sus malas compañías, durante la guerra de Vietnam y a causa de su tristemente célebre “agente naranja”. Destinado a desherbar la selva para impedir que los vietcong se escondieran entre sus vericuetos, el agente naranja, fruto de la combinación de los elementos 2,4-D y 2,4,5-T, fue difuminado en dosis gigantescas desde las avionetas norteamericanas. Pequeño problema, al fabricar este herbicida surge un producto derivado conocido como TCDD o dioxina, “impureza” que no puede ser eliminada y que provoca malformaciones del feto, transformaciones genéticas y cáncer. La hierba vietnamita murió, en efecto, de un solo saque, pero los seres humanos siguen muriendo de a poco hasta el día de hoy. En 1988, diecisiete años después del bombardeo desherbante, las sustancias tóxicas seguían presentes en la fruta y la verdura repletas de dioxina. “No nos nacen bebés sino monstruos”, exclamó un médico partero, el doctor Le Diem Huong, al tomar entre sus manos a un recién nacido de cuya carita salían los órganos genitales.

Penetrar los entretelones de Monsanto no es tarea difícil. Convencida de su derecho a llenarse los bolsillos, y fiel a la sinceridad de su fundador, la empresa no se traga la lengua. “Nuestro objetivo es la captación de toda la cadena alimentaria”, declaran sin ambages sus máximos representantes, refiriéndose a una dominación que les asegura el control absoluto de las distintas poblaciones por su lado más débil, el vientre. Las predicciones de Aldous Huxley y de Georges Orwell quedan reducidas al tamaño de un poroto, obviamente de soja, al lado de esta posesión de lo comestible que se manifiesta por medio de una curiosa idea: patentar la vida.

¿Cómo se obtiene la patente de algo que, con inconmensurable ingenuidad y en nuestra calidad de seres vivos, hemos creído nuestro? Desde la semilla “Terminator” (admitamos que el nombre es un hallazgo) hasta la producción de pesticidas y herbicidas, de hormonas de crecimiento y de organismos genéticamente modificados, altamente tóxicos y cancerígenos (¿pero acaso un “granítico frío” se achicaría ante tan nimio detalle?), se trata de inventar y de producir todo lo susceptible de ser comercializado en forma óptima, vale decir, sin el menor prejuicio de carácter ético. Ejemplo: crear especies vegetales Monsanto que resistan a los pesticidas y herbicidas Monsanto, y sólo a ellos. Dependencia asegurada: para garantizar la producción, no queda más remedio que desherbar y apestar con esas sustancias específicas y no con otras. Cada semilla genéticamente modificada es propiedad de su inventor, patentada y protegida por las reglas de la Organización Mundial del Comercio. La modificación genética puede ser tan ínfima y, por ende, tan insospechable, que el campesino que compra una semilla cualquiera, y la siembra sin suponer siquiera quién está por detrás, se expone a una persecución judicial. Es lo que acaba de sucederles a los campesinos mexicanos que sembraron maíz, tal como lo vienen haciendo desde mucho antes de Moctezuma. Un buen día les cayó encima Monsanto, a quien desde ese momento no me extrañaría que le llamaran Mondiablo. “Esa semilla es nuestra –les dijeron–. Ustedes no tienen derecho a utilizarla porque está... patentada.”

Terminator se llama así porque termina con las hierbas salvajes, y también con todo intento de autonomía agrícola. Gracias a la introducción de un gene autodestructor, la dichosa semillita sólo germina una vez, de modo que el campesino está obligado a comprarse otras todos los años, en vez de tomarlas de su cosecha anterior como lo tuvo por costumbre desde siempre. Aunque Monsanto haya anunciado que retira del mercado su semilla con nombre de juego electrónico para adolescente con cerebro lavado, otras firmas la comercializan, en particular su genio creador, la Delta & Pine Land Co. Sin contar con que la tecnología Terminator tiene como treinta patentes distintas, compradas por unas cuantas transnacionales agroquímicas que tampoco se andan con chiquitas. Transnacionales que, con Monsanto a la cabeza, extienden la práctica a todas las especies vivientes que puedan servir como alimento o como medicamento de origen vegetal, pero también animal. Esto último no es broma: Monsanto ha presentado una solicitud de patente para cerdos que, de ser aceptada, le permitiría cobrarle una suma por chancho a cada propietario de chiquero, en la Argentina, en Eslovenia y en Dakota del Sur.

Monsanto, fundada en 1901 por John Francis Queeny y así llamada en homenaje a su esposa, Olga Méndez Monsanto, ha debido enfrentar, y algunas veces perder, unos cuantos procesos. Los veteranos norteamericanos de la guerra de Vietnam, encargados de pulverizar el agente naranja pero incapaces de evitar que el mismo chorro les cayera a ellos; la asociación vietnamita de víctimas del agente naranja, que denuncia a Monsanto y a otros diez fabricantes de herbicidas por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra; una Madre Coraje paraguaya, Petrona Talavera, entrevistada por Robin y cuyo hijo Silverio, como tantos otros Silverios argentinos, brasileños y paraguayos, súbditos de la “República unida de la soja”, murió envenenado bajo una lluvia de pesticidas; o la asociación bretona Aguas y Ríos, que acaba de reaccionar con santa indignación a una página de publicidad donde se exaltan los beneficios del célebre Roundup, causante de la fuerte contaminación de los ríos bretones y enérgicamente denostado, por sus claros efectos cancerígenos, durante el Grenelle del Medio Ambiente que tuvo lugar en Francia hará dos o tres meses; todos ellos han presentado sus quejas y hasta, en raras ocasiones, obtenido justicia. Nada de lo cual detiene a la necroempresa: en la actualidad, Monsanto es el líder planetario en la producción de glifosato, un herbicida total comercializado bajo la citada apelación de Roundup. La semilla de soja genéticamente modificada que le va como anillo al dedo se llama Roundup Ready y es, qué duda cabe, resistente al herbicida del mismo nombre.

Lo cual, de modo indefectible, nos lleva a preguntarnos: ¿y por casa?

Según datos publicados por este mismo diario, en la Argentina de 2007 la cosecha de soja transgénica llegó a los 47 millones de toneladas y abarcó 16,6 millones de hectáreas, rociadas con 165 millones de litros de glifosato. Los agronegocios basados en la soja transgénica desalojaron, en los últimos diez años, a 300.000 familias de campesinos e indígenas que fueron a engrosar los contingentes de las nuevas Villas Miseria. Un número aún indeterminado de peones perdió su trabajo, y su sueldito de hambre, porque el cultivo de la soja no requiere de muchos brazos. El avance de la soja obligó a desmontar 1.108.669 hectáreas de bosques en cuatro años, con el consiguiente empobrecimiento de la tierra en poco tiempo más. Las compañías que se han beneficiado con el negocio sojero son, por supuesto, Monsanto, pero además Dupont, Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow y Basf, entre otras. Mientras tanto, las malformaciones de fetos, los abortos espontáneos, el aumento del cáncer en vastas zonas de nuestro país, y la aridez inexorable para dichas zonas, no regadas con lo mismo que en Vietnam pero casi, apenas si entran en las discusiones que nos agitan desde cien días atrás.

En el libro de Robin, el capítulo dedicado a la Argentina da frío en la espalda. Todo empezó con Menem a principios de los noventa, en medio de un coro de alabanzas oficiales y privadas a las biotecnologías que contribuirían a “ganar la guerra contra el hambre y a proteger el medio ambiente”. Al principio, las “semillas mágicas”, vendidas muy baratas, a pagar después de la cosecha y fácilmente sembradas con siembra directa sobre los residuos de la anterior, tuvieron el efecto de un canto de sirenas. Frente a la crisis de 2001, el boom mundial de la soja transformó el oro verde en “refugio y motor de nuestra economía”. Algunos comenzaron a comprender, lo cual no garantizó la durabilidad de su inteligencia: “Asistimos a una expansión sin precedentes del agrobusiness en detrimento de la agricultura familiar”, se lamentaba en 2005 un Eduardo Buzzi entrevistado por la investigadora. Sin embargo, las ganancias alcanzaban cifras astronómicas y un programa de “Soja solidaria”, implementado en las villas, pretendió taparles la boca a los pocos aguafiestas que entendieron la trampa.

Hoy tampoco son muchos los que lo saben ni los que lo difunden: la aparición de biotipos que ya no son tolerantes al glifosato obliga a aumentar las dosis de herbicidas. Consecuencia (aparte de las muertes fetales precoces): disfuncionamientos de la tiroides, de los pulmones, de los riñones, malformaciones genitales en los varones, nenas de tres años que ya tienen la regla. “Un verdadero desastre sanitario”, según el doctor Darío Gianfelici, médico de un pueblito entrerriano que ve lo que sucede y que se anima a decírselo, por lo menos, a una francesa, felizmente dispuesta a meter sus narices donde nadie la llama. ¿Habrá previsto el doctor en 2005 que sus palabras nunca serían escuchadas tal como hoy lo son las de un comprovinciano suyo, autor de la mejor frase acuñada en la Argentina en lo que va del siglo, “las vacas morirán de pie”, y para quien, frente a las cámaras, pibe más, pibe menos que nazca enfermo no es un tema que importe?

¿Pero para quién lo es? De memoria sabemos que el productivismo frenético del campo acrecienta la hambruna y la desnutrición en los países pobres, provoca el éxodo rural, la desertificación, la destrucción de los ecosistemas, introduce enfermedades por ahora incurables en las plantas, los animales y los seres humanos, y produce una “contaminación genética” de consecuencias imprevisibles. Con todo, es necesario machacarlo: cuando los responsables políticos sienten la más olímpica indiferencia hacia la seguridad sanitaria de sus respectivas poblaciones, y cuando la investigación científica se ve obligada a venderse al poder privado, la organización mercantilista del mundo gana por varios tantos.

Por sentido de la equidad, y porque el enriquecimiento desorbitado de un puñado de gente me da dentera, desde el comienzo del conflicto he apoyado las tan cacareadas, baladas o mugidas retenciones; y no puedo menos que felicitarme de que con esa plata, la Presidenta se proponga construir hospitales. Sin embargo, tampoco puedo menos que acongojarme al comprobar que los dimes y diretes entre el Gobierno diz que bifronte, y los cuatro jinetes del Apocalipsis, reunidos al grito de mozo jinetazo ahijuna, no hayan tenido en cuenta que, si se sigue sembrando nuestra tierra con semilla transgénica y espolvoreándola con los pesticidas que son su media naranja, ni los nuevos hospitales darán abasto. Toda redistribución de la riqueza que no le imponga las más draconianas trabas legales a Monsanto y a la sojización del territorio sólo será otro modo, por cierto no exclusivamente argentino, de una sola y misma complicidad.

* Periodista y escritora; su último libro es El camarada Carlos.

La carpa kirchnerista que sostienen las compañeras. Las mujeres picaron en punta en el nuevo siglo



Una vez mas las mujeres se pusieron al frente de la lucha y marcaron una tendencia en La Plaza de los Congreso. Impusieron una forma de protesta que luego otras organizaciones imitaron. La diputada Sandra Cruz, del Frente Transversal Nacional y Popular, junto a otras mujeres de distintas organizaciones sociales y políticas alineadas con el kirchnerismo, dieron el puntapié inicial de la campaña de esclarecimiento y defensa de la política de retenciones del Gobierno.

En el acervo cultural existe esa idea de que los hombres son puro bla bla y que las mujeres –en forma silenciosa- avanzan y cómo avanzan. Sin duda, algo de eso habrá porque cuado los hombre de campo vociferaron a los cuatro vientos que iban a poner una carpa frente al Congreso de la Nación para defender el negocio de la soja, nuestras mujeres (ni lerda ni perezosas) comenzaron a unir caños para montar una estructura en la esquina de Rivadavia y Entre Ríos.

Una de esas tantas militantes sociales que acompañó y dio impulso a esa acción política fue la compañera Sandra Cruz que marcó el camino a seguir al señalar que “las compañeras de género somos mujeres militantes, madres y trabajadoras, que vamos a defender al Gobierno popular de Cristina para seguir profundizando las políticas públicas que ayuden a resolver el problema de miles de familias que todavía sufren necesidades".

Y en una entrevista concedida a un canal capitalino, la militante social y diputada bonaerense indicó que “la idea de la carpa es profundizar el debate con el conjunto de la sociedad, no solamente con las entidades agrarias” Y dejó en claro que “venimos acompañando al gobierno, no solo desde la discusión de las retenciones, sino desde el 2003 cuando optamos por éste modelo de país, por éste proyecto político”.

¿Cuál es el rol de las mujeres y que importancia tiene fortalecer la idea de género en este nuevo proyecto de país?

“Las mujeres, por nuestra condición de militantes, de trabajadoras, de madres y de compañeras de genero de la presidenta, de la cual sentimos orgullo por sus convicciones ideológicas, por como ha mantenido su posición a pesar de las agresiones y por su condición de mujer, vamos a seguir estando en está carpa para acompañarla y para dar el debate con el conjunto de la sociedad. Y vamos a explicar porque el Estado debe intervenir frente a la renta extraordinaria que ha tenido uno de los sectores más beneficiados por la devaluación, que no es el único, pero sí fue el más beneficiado. Devaluación que sostenemos con el esfuerzo del pueblo argentino

¿Cómo piensan llegar al conjunto de la sociedad a través de una carpa?

“Vamos a estar haciendo exposición de todos los trabajos que realizan nuestras compañeras en cada uno de los territorios, porque lo fundamental también aquí es poder escuchar la voz de los que no tiene voz, de los que no aparecen en los medios masivos de comunicación y de mostrar que aquí también hay mujeres que no tienen cacerolas de teflón, sino que tienen el esfuerzo cotidiano de parar la olla en los territorios, en los lugares donde no ha llegado todavía la distribución de la riqueza”.

¿Cuánto tiempo cree diputada que van a estar en la carpa?

“Vamos a acampar hasta que sea necesario y además nos parece que el debate no termina con las retenciones sino que tenemos que discutir cómo avanzamos en la distribución de la riqueza, cómo producimos alimento para todos, y cual es el modelo productivo. Que debería dejar de ser agroexportador para cambiar hacia un modelo exportador de productos industrializados, que genera mucho mas trabajo para el conjunto del pueblo argentino”.

Por último la diputada Cruz habló de la juventud a la que visualizó muy comprometida con el proyecto político del gobierno actual e indicó que “si hay algo de bueno en este conflicto es que politizó la sociedad y que comenzamos a hacer visibles voces que antes no teníamos participación. Y las mujeres estamos convencidas y comprometidas con el proyecto político de Cristina Fernández de Kirchner”.

La palabra




Por Alfredo Zaiat

El debate sobre las retenciones en el espacio de la opinión pública tiene un condimento que excede a las cuestiones técnicas de esa medida. El factor que está distorsionando la posibilidad de abordar con menos apasionamiento y más rigurosidad tiene que ver con la crisis de legitimidad de la palabra. O sea, no es sólo el cuestionamiento a la intervención del Estado en el mercado por parte de los apóstoles del neoliberalismo, sino que están puestas en duda la acción y la intención del Gobierno con esa iniciativa.

Resulta evidente que alrededor de esta puja se ha precipitado una intensa batalla política y de medios de comunicación, una expresión de intereses ocultos y una impresionante presión del poder económico construido por la trama multinacional sojera. Pero la fragilidad para reunir consenso social y político para poder aplicar una necesaria y obvia medida, teniendo en cuenta el contexto local (dólar relativamente elevado) e internacional (precios de las materias primas en constante alza), remite a la devaluación de la palabra oficial a partir de la grosera intervención en el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

El Indec no tiene nada que ver con el proceso polémico de las retenciones, pero que todos los meses, desde enero de 2007, se difunda un índice de precios al consumidor que no es creído por casi nadie termina deslegitimando propuestas de la administración kirchnerista, y aún más si es una que roza un poco los intereses del principal poder económico emergente del siglo XXI. Esa manifiesta debilidad política se enfrenta, paradójicamente, con un discurso y acción de los principales dirigentes del sector del campo privilegiado, amplificado por un coro de analistas de títulos de diarios, cuyo eje central también es la mentira.

Sin embargo, por cuestiones que tienen que ver más con el estudio del complejo comportamiento de grupos sociales que con la economía, la confusión, la violencia física y verbal, el ocultamiento de la información y la tergiversación de la situación por parte de los líderes del campo rico no es interpelado. El despropósito del Indec o el desubicado proyecto del tren bala pasa a ser el hormigón para descalificar, con el objetivo de enterrar, la que pudo haber sido una de las medidas más audaz e indispensable de política económica, no sólo pensada para el corto plazo, sino, fundamentalmente, para trabajar en la construcción de un proyecto de país de mediano y largo plazo.

Esa distorsión en la contienda, trampa en la que han caído inteligentes exponentes del pensamiento progresista, hace que sea difícil hoy discutir con cierta sensatez una herramienta imprescindible de política económica.

De todos modos, en el actual contexto político vale la pena determinar el alcance y la importancia de los Derechos de Exportación, que es la definición técnica de lo que vulgarmente se denomina retenciones. Resulta relevante precisar la palabra sobre el tema en cuestión porque hace al contenido de la discusión y para que adquiera legitimidad propia: no existe retención alguna a ningún agente económico como daría a entender ese concepto, sino que se trata de Derechos de Exportación que cobra la Aduana al exportador.

Este compra los cereales y oleaginosas a los productores al precio FOB descontada la alícuota correspondiente. Esa carga arancelaria constituye un factor de redistribución de ingresos, pero se ha abusado de esa idea al ponerla como un eje político central. Si bien es una medida importante tras ese objetivo, no es la única. Los Derechos de Exportación son relevantes por elementos que son más complejos que la sola apropiación de recursos de un sector privilegiado para reorientarlos a cubrir necesidades de postergados o, incluso, para pagar con alivio los compromisos de la deuda externa.

En concreto, los Derechos de Exportación son una necesaria herramienta de política económica en un modelo de dólar alto y precios internacionales de las materias primas agropecuarias en alza por las siguientes razones:

1 Intenta separar el comportamiento del precio internacional de la evolución de los precios domésticos de los alimentos de la canasta básica de los hogares. Es un efecto sencillo de comprender: si al productor y exportador le conviene vender al exterior porque los precios son altísimos, va a querer también vender su producción en el mercado interno a esos valores. Entonces, la intervención del Estado a través de los Derechos de Exportación busca amortiguar ese impacto al disminuir el ingreso neto de los envíos al exterior. Esto no significa que los precios de los alimentos dejarán de subir en el mercado doméstico, sino que subirán menos de lo que ya lo hacen.

2 Al definir que los Derechos de Exportación son móviles brinda previsibilidad de precios a los productores. Además, al definirse con alícuotas diferentes se apunta tendencialmente, o sea como una potente señal de política pública para el mediano plazo, a privilegiar otros cultivos frente al avance arrollador de la soja. De esa forma se comienza tímidamente a plantear la importancia de evitar el monocultivo, que la historia mundial enseña que provoca devastadores impactos sociales, políticos, económicos y de medio ambiente.

3 También al establecer la movilidad y alícuotas diferentes se intenta intervenir en el esquema de rentabilidades relativas para alentar la producción de otros cultivos que no sea la soja y, fundamentalmente, para que no se abandone la de alimentos clave, como la leche y la carne. Por ese motivo, además de los Derechos de Exportación, se requiere una política específica para la lechería y la ganadería, no porque pierdan plata, sino porque con la soja se gana mucho más. Al margen, los reintegros a los pequeños productores son innecesarios porque el resultado es mantenerlos en la opción de la soja, cuando lo que se necesita es el fomento de otras producciones. Además, la clave de la vinculación del Estado con el pequeño productor pasa por otro lado, como la de facilitar el acceso a la tierra, dar previsibilidad en el arrendamiento y garantizarles precios justos en insumos y en la comercialización de su producción.

4 Los Derechos de Exportación permiten también capturar una renta extraordinaria; no una ganancia extraordinaria. No es porque el campo gana mucho entonces se le debe cobrar más. La economía agraria se distingue de la economía general en la especificidad de la producción agropecuaria. Esta, a diferencia de la producción industrial, reconoce la particularidad de la tierra como factor de producción. La tierra, medio fundamental en el que se apoya la actividad primaria, tiene características propias que lo hacen diferente a los otros factores de producción (trabajo y capital), a saber: no es producida por el trabajo humano, no es reproducible, es limitada en cantidad y es de calidad heterogénea.

La renta agraria, entonces, no se origina en la apropiación por el empresario del plusvalor generado por el trabajador asalariado. Se trata de una ganancia extraordinaria de la que se apropian los rentistas (dueños de los campos, pero también el resto de los eslabones que distribuyen y comercializan la producción), originada en ventajas naturales (fertilidad del suelo y clima). Argentina, por obra y gracia de la “pampa pródiga”, tiene una renta agraria diferencial a escala internacional. Como la renta de la tierra es una ganancia extraordinaria, y la tierra es considerada un patrimonio social (por las ventajas naturales), el Estado tiene la facultad de regular la forma en que dicha renta agraria a escala internacional se distribuye al interior de la sociedad.

5 La intervención del Estado vía Derechos de Exportación a la producción agropecuaria forma parte también de una política de desarrollo. Con un dólar alto y un contexto internacional favorable, esa carga arancelaria a los despachos externos de producción primaria genera la existencia de tipos de cambio diferencial que alientan un proceso de industrialización. Existen varias experiencias exitosas en el mundo en ese sentido. El tipo de cambio diferencial otorga competitividad a la industria para que pueda exportar y, de ese modo, se genera una economía que transita hacia el pleno empleo. Además de brindar las condiciones para construir una economía que pueda desplegar el potencial productivo de todos sus sectores y regiones. En cambio, un dólar bajo y sin retenciones es el modelo agroexportador para unos pocos que deriva en un proceso de desindustrialización y exclusión social.

6 Otro elemento importante es el fiscal. Los Derechos de Exportación permiten acercar recursos al Tesoro nacional. Se recauda sobre un sector que no registra niveles de cumplimiento para el elogio, como lo demuestran las denuncias de los organismos de fiscalización tributaria a nivel nacional (AFIP) y de la provincia de Buenos Aires (ARBA). La base imponible es sobre rentas extraordinarias, como ya se mencionó. O sea, es una fuente de recursos más equitativa que conseguir fondos con el tradicional ajuste fiscal que recomiendan los ortodoxos.

Ahora bien, se han puntualizado seis factores relevantes para comprender la importancia de los Derechos de Exportación. Pero, a la vez, vale destacar que esa herramienta de política económica no constituye de por sí una política agropecuaria ni da respuesta a las deficiencias de la gestión política en la vinculación con los diferentes actores del complejo mundo del campo.

La palabra deslegitimada, los excesos y carencias de unos y otros terminan ocultando y confundiendo. No se incendia el país por esa medida que impulsa el Gobierno ni los productores que protestan están al borde de la quiebra, como escuchan en silencio sus ocasionales interlocutores. Se trata de pensar para qué sirven los Derechos de Exportación como una herramienta de política económica y a partir de ese criterio básico pensar qué proyecto de país se quiere construir.

"En Argentina es la ultra derecha que está resurgiendo..."




Entrevista a James Petras

“En Argentina es la ultra derecha que está resurgiendo, y los marxistas, los trostkistas, no reconocen que son aquellos los que van a cosechar todas las consecuencias del paro".

Pregunta: En la Argentina uno se pregunta, ¿qué intereses están de un lado y del otro en este conflicto donde los sectores del campo amenazan prolongar 100 días más esta protesta?

Petras: Yo creo que hay una dinámica en Argentina que mucha gente no ha comprendido. Creo en el comienzo el conflicto era un conflicto reivindicativo para bajar las tarifas en las exportaciones del sector agro, pero con el tiempo y el éxito que han tenido los agro exportadores, particularmente, movilizando los pequeños y medianos agricultores y con el avance de los paros y la incapacidad del gobierno de resolver el problema ni por una intervención fuerte o a partir de concesiones.

Yo creo que los que dirigen este paro es la derecha económica y los pequeños agricultores combativos son las fuerzas de choque, en cualquier caso ellos no van a dictar las condiciones para un arreglo, mucho menos se van a beneficiar de las consecuencias. Pero más allá, en el último tiempo, la derecha política se ha ido involucrando particularmente movilizando la clase media en la ciudad de Buenos Aires, Rosario y el interior; y han tomado últimamente una fisonomía política para debilitar desprestigiar al gobierno.

Y como el gobierno no tiene una política de parar o movilizar contra los partidos, han quedado con declaraciones unos momentos duros y otros con discursos conciliadores y esta vacilación ha estimulado a la derecha política ahora con cacerolazos en Buenos Aires y van mas allá ahora de la lucha reivindicativa.

Yo creo que atrás del paro de agro exportadores está la derecha política y la ultra derecha que está, no simplemente tratando de desprestigiar al gobierno, sino desplazarlo, forzarlo a una crisis económica de desabastecimiento. Buscan provocar una crisis tanto en las cuentas externas como en la inflación interna, por la falta de mercancía y la falta de control sobre los caminos y transporte.

Eso me hace pensar que ha entrado en este cuadro algo que hace tres meses no pensaba, que son los grupos golpistas que están metidos en este proceso, que no sólo quieren cambiar la política económica sino que quieren cambiar el régimen mismo. En ese sentido creo que las alternativas que enfrenta el gobierno son dos. Uno, una capitulación que creo que es lo más probable.

Aceptar concesiones económicas y sufrir la pérdida de carácter, el desprestigio por su política. La otra alternativa, que no está sobre la mesa, es intervenir en las grandes unidades de producción agro exportador. Amenazar con tomarlos y desplazar los oligarcas y reorganizar la organización de producción. Y eso es una manera de combatir las exigencias exageradas del campo.

Pero para eso necesitas un gobierno mucho más a la izquierda, un gobierno capaz de poner frente a la ciudadanía, frente a los sindicatos, a los obreros, a los pobres, un programa alternativo diciendo que “si el capitalismo no está dispuesto a producir nosotros tomamos estas unidades y ponerlos a trabajar bajo el control del Estado con la colaboración de los obreros, trabajadores y jornaleros del campo”. Pero ni se considera eso, ni siquiera la izquierda argentina ha discutido esta alternativa.

Entonces yo creo que en el territorio de lo probable, estos paros van a seguir hasta doblegar el gobierno. El gobierno no tiene otra alternativa que negociar con los capitalistas que dirigen el paro y dentro de la izquierda típicamente argentina, la izquierda radical ha tomado partido con el sector agrícola, supuestamente en solidaridad con los pequeños agricultores. Pero el hecho es que los pequeños agricultores están en solidaridad con los grandes agro exportadores, incluso son mas combativos como fuerza de choque y como en otros países, la pequeña burguesía lo ha notado y la gran burguesía está simplemente esperando, provocando para tomar el poder en esta coyuntura.

Yo no creo que la pequeña agricultura tenga una señal de considerar alguna alianza con la izquierda, mucho menos con los obreros y sindicatos. En este caso, uno tiene que rechazar cualquier esfuerzo de diferenciar entre el pequeño y el gran agricultor, porque ya están hegemonizados, forman un block político, y están en una trayectoria de confrontación y buscan derrocar al gobierno.

En este sentido creo que la lucha ahora es entre el centro izquierda institucionalizado y paralizado, pero dentro de los matices de un sistema burgués democrático; y afuera la ultra derecha encabezada por los agro exportadores que están acumulando fuerzas rápidamente y eso es lo más importante mientras el gobierno está paralizado, la izquierda no muestra ninguna señal de presentar alternativa.

Es la ultra derecha que está resurgiendo, los marxistas, los trostkistas no reconocen que como consecuencia de este paro, ellos no se van a beneficiar, sino que es la ultra derecha la que va a cosechar todas las consecuencias de eso.

En esta situación creo que uno tiene que poner toda la fuerza contra el paro de patrones, movilizar todas las fuerzas disponibles sufriendo desabastecimiento, la inflación y en ningún caso dar apoyo al gobierno de Kirchner, pero sí defender las instituciones y leyes democráticas, contra estos resurgentes golpistas.

(Fuente: Vientos del Sur) Nota abreviada

El odio de estos días



Por José Pablo Feinmann

Uno de los mails que recibí durante estos días me pareció no sólo doloroso, sino revelador de un estado de espíritu que atraviesa la derechizada sociedad argentina de estos días.

Esta derechización no tiene nada de extraño pues el mundo ha girado a la derecha y en los países ricos surgen el fascismo, el neonazismo, la violencia contra el diferente, la incapacidad del diálogo, el desprecio de la democracia.

Estuve –por cuestiones literarias– unos quince días en Europa y la xenofobia, el racismo y la violencia que conllevan son moneda de todos los días. Todos piden que se expulse a los inmigrantes, que no se los deje entrar. Se levantan muros legales o muros reales, como el que levanta Bush contra los mexicanos.

El mundo está entre la derecha occidental y el irracionalismo extremo del islamismo. Entre tanto, habían surgido algunos gobiernos tenuemente populistas en América latina, a los que se toleró durante un breve tiempo y sobre los cuales las embestidas son cada vez más feroces. Se trataría de quebrar algunas opciones de esos gobiernos: reemplazar el Mercosur por el ALCA, abjurar de todo gesto de intervencionismo estatal, eliminar cualquier intento de redistribución de la riqueza, concentrar definitivamente los medios de comunicación en el sistema comunicacional que establece hegemónicamente Estados Unidos (con matices, pero sin diferencias notables), desterrar todo lo que apeste a populismo. Si esto se hará democráticamente o no es difícil decirlo.

A Chávez, entre la oposición política, los medios de comunicación y el apoyo de Estados Unidos, estuvieron por voltearlo. Lo que se nota en la Argentina es un factor que acaso (porque así es este país) se manifieste con más potencia que en cualquier otra parte: el odio. Sencilla, simplemente, poderosamente el odio. Si alguien pudo pintar: “Cristina vas a morir como Evita”, todo es posible. Si a Cristina se le endilgan insultos del calibre más bajo, más obsceno y si, para peor, son las mujeres las que principalmente lo hacen, uno se pregunta: ¿qué pasa?

Supongamos que el gobierno de Cristina Fernández no le cae bien a un sector de la población, pero: ¿es para tanto? ¿Es para injuriarlo más que a Menem, que a De la Rúa? Sabiendo (y aceptando en alguna medida) que a otros gobiernos, sobre todo al militar, no se les dijo nada de esto.

Tomo un ejemplo. El cantante Ignacio Copani escribió una canción. Yo no conozco a Copani. Pero ése no es un problema de él, acaso sea un problema mío. Escucho música clásica desde joven y no he logrado moverme de ahí. Hay quienes intentan hacerme “entrar” en el rock, pero no lo logran. Lo siento. La cuestión es que Copani compuso una canción que lleva un título traslúcido.

Se llama: “Cacerola de teflón”. Debe tratarse de una crítica al sector social pro-agrario que se manifiesta en las calles con los utensilios que tiene en su cocina según su pertenencia en la escala social. Las cacerolas que tiene son de teflón. Copani canta su letra.

Dice lo que tiene que decir y ahí empieza la invasión mediática. El “foro”, en Internet, tiene un anonimato que facilita la agresión y hasta el insulto más soez. Facilita la expresión del odio. De este modo, Copani dice que, a raíz de su canción, recibió algunos mensajes afectuosos. Pero: “Pero he recibido también otro tipo de contactos llenos de reproches, cargados de odio, regados de violencia, intolerancia, agresión y con un espíritu inquisidor que no creí que anidara todavía en gente de mi comunidad.

He sido amenazado, agraviado, insultado, difamado, calumniado y, peor aún, han sufrido ese tipo de atropello miembros de mi familia. No me refiero a los impunes foros de Internet sino a e-mails, cartas y llamados recibidos”. ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos viviendo? ¿Esta es la ciudad de Buenos Aires? ¿Esta es la capital cultural de América latina? ¿De dónde salió esta tropa de asalto, organizada, feroz, violenta al extremo de estar a las puertas de la agresión física?

Sigue Copani: “Aquellos que piensan que la Sra. Presidenta de mi país me paga por verso, recital u opinión, simplemente están expresando su propia escala de valores y asumiendo que ellos mismos podrían torcer sus convicciones a un precio determinado. Yo no”. Este es otro toque infaltable de este periodismo del odio. Afirma: todo aquel que se manifieste a favor de este gobierno lo hace por interés. En cambio, si “el campo” llena la Plaza ahí está la patria, la tierra, los valores centenarios, la clase rural que hizo la grandeza de la patria.

Si la llena el Gobierno son todos gronchos traídos en los camiones de Moyano, o bandoleros de D’Elía, o desdichados que están ahí por un choripán. Y esto lo dicen periodistas con una trayectoria. Que de pronto se han erizado también de odio. Algunos de ellos cambiarán milagrosamente no bien el Gobierno arregle con sus patrones, con los grupos económicos para los que trabajan. La conversión ideológica del periodismo en los últimos tiempos ha sido vertiginosa. Incluso conozco mucha gente que lo detecta. “¿Viste? Fulano ahora ya no está en contra de Cristina”. “Y claro: si la empresa para la que labura arregló con el Gobierno.”

Hay, sin embargo, un ingrediente genuino en este periodismo que acaso ni puedan variar, aunque el grupo mediático para el que trabajan les dé la contraorden: su antiperonismo. El odio gorila pocas veces penetró tanto en nuestra sociedad. Y peor aún: el odio a la generación del ’70. Lo peor que se le puede decir a alguien es setentista. Y al matrimonio presidencial se les dice sin más “la pareja montonera”, cuando jamás estuvieron en esa organización y no se ha discutido aún con claridad los dislates o no que ha cometido en nuestro país.

Dice, en fin, Copani: “Nunca discuto una crítica, sea como sea y venga de quien venga. Pero en este caso no recibí opiniones sobre la conformación estética del tema, de su métrica, de sus rimas, de sus sonidos, de la destreza para ejecutarla, sino una violenta y censuradora mirada hacia el contenido de mis ideas y mi conducta, bien típico de tiempos de inquisición y dictaduras”.

Voy a citar ahora otro mail. Es de Hernán Nemi, que tiene 36 años, es profesor de Literatura en la Universidad de Morón, da clases en varios colegios secundarios y tiene un par de obras escritas para Teatro por la Identidad. (Esto lo torna muy sospechoso para la Argentina del odio y sus voceros comunicacionales. Porque la cosa también tiene este costado de destrucción fundamental: “¡Basta con esa cuestión de los derechos humanos! ¡Basta de juzgar a militares! ¡Basta de exhibir a Hebe de Bonafini en cada acto! ¡Ni a la Carlotto nos bancamos ya! ¡Eso terminó, es el pasado, hay que archivarlo!” O si no: “¡Hay que juzgar a los guerrilleros! ¿O no quedó alguno vivo?”.)

Suscribo todo lo que dice Nemi, de modo que citarlo es hablar y decir por su medio, que es impecable, y exhibe una prosa inusual: “Se critica a Cristina por autoritaria: ¿qué otro presidente hubiera soportado cien días con rutas cortadas, desabastecimiento y amenazas constantes sin disparar un solo tiro ni reprimir en ninguno de los cientos de cortes de caminos que hubo? Entre el 19 y 20 de diciembre de 2001 murieron 31 personas en la represión del gobierno de De la Rúa a las manifestaciones populares.

El matrimonio ‘montonero’ tuvo la actitud más tolerante y democrática frente a las protestas de la ciudadanía que se recuerde en toda la historia argentina”. Aquí sólo podríamos pulir la frase “toda la historia argentina”. Hubo otros gobiernos con tolerancia de democrática. Es cierto que, en este caso, el llamado “campo” ha paralizado el país y su abastecimiento. Se trata, sin más, de un acto de subversión absoluto que deteriora por completo el funcionamiento del país. Y a los piqueteros se los quería colgar por cortar una calle.

Sigue Hernán Nemi: “¿Es éticamente correcto que la clase media y alta de Buenos Aires salgan a golpear cacerolas por las retenciones del campo cuando jamás las golpearon por las flacas jubilaciones que cobran nuestros viejos ni por los chicos que tienen hambre, ni por los sueldos docentes, ni por la carpa docente, ni por la privatización vergonzosa de nuestras empresas en los ’90?”. Y también: “¿Tiene autoridad moral la Sociedad Rural de pedir más institucionalidad cuando apoyó a cuanto gobierno de facto hubo en la Argentina? ¿Este campo hoy indignado es el mismo que aplaudió a Menem a lo largo de la década del 90? Sí, es el mismo”.

Es siempre el mismo, Hernán: es el que recibió con atronadores aplausos a Juan Carlos Onganía cuando el dictador entró en el predio de la Sociedad Rural... ¡en carroza! El que abucheó a Alfonsín. El que respaldó a la patria financiera en el golpe de mercado. El que apoyó a Videla y negoció con Menem. Hoy, en esta Argentina del odio, es la clase heroica que representa los intereses de la patria. ¡Y con los periodistas progres a sus pies!

Y, por fin, escribe Hernán: “Quienes piensan –legítimamente– que los ruralistas tienen razón, ¿por qué lo expresan a través de mails o comentarios tan agresivos, tan cargados de odio, tan faltos de argumentos racionales?, ¿qué nos pasa a los argentinos (y argentinas) que nos cuesta tanto bancarnos a una mujer como presidenta? Muchos de los adjetivos de esos mails –muchos de ellos enviados por mujeres– muestran el peor machismo: se la llama a Cristina ‘puta’, ‘conchuda’, ‘turra’, ‘tilinga’... Y al mismo tiempo, los argumentos brillan por su ausencia”.

Es así, Hernán: pero eso de bancarse a una mujer como presidenta no nos pasa “a los argentinos”, sino a ciertos argentinos. Y si hiciera otra política le tirarían flores. No es que no se bancan a una mujer, no se bancan una política. El poder, en este país, es pragmático. Si hacés lo que yo te digo, lo que yo necesito, lo que llena mis arcas, estoy con vos y sos hermoso. No lo olviden: si el establishment argentino se bancó a Menem, se puede bancar a Drácula. Al sólo costo de que Drácula haga lo que ellos quieren.