Comunicado Unidos y Organizados

Ante los hechos de público conocimiento respecto a la protesta de efectivos de Prefectura y Gendarmería decimos:
Comprendemos el justo reclamo de los afectados en su salario por la implementación contraria al sentido de un decreto que cumplía con un fallo de la Corte Suprema de Justicia.




El objetivo del decreto 1307/12 es recomponer la escala salarial para terminar justamente con las inequidades en beneficio de los que menos ganan, quienes por culpa de una sospechosa equivocación en la liquidación se vieron increíblemente perjudicados por una decisión presidencial en su beneficio.
La manipulación espuria de la información por parte de los históricos enemigos de la democracia está intentando conducir un conflicto que ya se encuentra solucionado a lugares oscuros a los que los argentinos no queremos ni estamos dispuestos a volver.
Son los mismos que fogonean la violencia y el golpismo abiertamente los que intentan generar un clima de desestabilización a través de una serie de hechos que van en escalada de forma casi guionada por el señor Magnetto.
No hay dudas de que los privilegiados durante años reaccionan violentamente ante la decisión del pueblo argentino de terminar con las injusticias sociales.
Los mandos medios y altos de Prefectura y Gendarmería que cobran muchísimo más que el resto, los que atrás de las cacerolas esconden un profundo desprecio por la democracia, los dirigentes que traicionan los intereses de sus representados, las tristes operaciones de desprestigio contra la presidenta en su reciente viaje a Estados Unidos forman parte de la reacción de ese pequeño sector de la sociedad que aceptó la conducción de un empresario mafioso como Magnetto para volver atrás y recuperar sus oscuros privilegios.
Los efectivos de las fuerzas de seguridad son parte del pueblo trabajador y humilde que no se debe dejar engañar por los que nos sometieron a humillaciones durante años, por los que asesinaron, torturaron y persiguieron a compatriotas para que unos pocos empresarios se llenen los bolsillos.
Los mismos medios monopólicos que condenan a los jóvenes, a los estudiantes y a los trabajadores cuando reclaman por sus derechos son los que ahora fogonean preocupantemente determinadas manifestaciones con claros objetivos desestabilizadores.
No es casualidad que estas confusas situaciones que esconden claras intentonas destituyentes y golpistas se producen cobardemente cuando la presidenta se encuentra en el exterior representando a nuestro país y a los intereses de la región.
Sepan estos grupúsculos que no va a haber ninguna corporación que cambie el rumbo de este pueblo que ha decidido de la mano de la presidenta Cristina no dar un paso atrás en la construcción de un país democrático, popular y con justicia social para todos y no solo para algunos.
Con la Democracia no se jode. Todos con Cristina.
Unidos y Organizados.

"Usted, señora, que odia a Cristina Kirchner" -

El filósofo José Pablo Feinmann aprovechó su programa de radio para opinar sobre la gestión de la Presidente y la percepción de parte de la sociedad sobre la mandataria. Reproducimos algunos fragmentos de sus declaraciones.



"Usted, Señora, que no la tolera, que no la puede ver más, que no la aguanta más: usted no la tolera porque…  usted no sabe si robó o no robó, porque realmente ese patrimonio… ella podría demostrar muy fácilmente que hay otros patrimonios en la República Argentina que se han multiplicado muchísimo más y que bastaría darse una vuelta por la Sociedad Rural para ver cómo se han multiplicado esos patrimonios...
Pero lo del patrimonio es una excusa: usted la odia. Yo creo que la odia porque encuentra en ella cosas de las que usted carece y en lugar de admirarla, porque cuando una persona tiene cosas de las que uno carece, uno puede hacer dos cosas: o llenarse de odio, de envidia y de resentimiento y odiar a esa persona, porque su mera existencia demuestra mi mediocridad, porque su mera existencia es la muestra palpable de mi mediocridad, entonces la odio. O puede admirarla...
Entonces yo creo que usted que odia tanto, señora, a Cristina Fernández, es porque posiblemente no esté contenta con su vida, posiblemente no haya hecho la carrera que quiso hacer, posiblemente se dé cuenta de que no tiene la inteligencia que ella tiene, ni podría hablar en las Naciones Unidas como hace ella sin leer un solo papelito e hilando de un modo realmente deslumbrante...
Otra cosa que les da mucha bronca es que no es una viejita, no está fulera, no es un bagayo, es una señora de 58 años, pero usted también vio fotos de cuando era jovencita, una morocha argentina muy linda, y hoy sigue siendo una mujer atractiva...
Es decir, más precisamente que una mujer atractiva, es una mujer. Porque hay mujeres que no son mujeres, son políticas. Si usted la ve a la alemana (Angela) Merkel, yo no le veo mucha femineidad, qué quiere que le diga. Veo a una alemana decidida a llevar a su país otra vez al poder sobre la pobre Europa...
En cambio, Cristina Fernández tiene una base tan atractiva que hasta puede ser tapa erótica de revista diagramada por, no digo enfermos mentales, pero bueno, onanistas compulsivos, digamos, que se excitan mucho con ella y la idealizan, como salió en esa tapa...
Con usted no creo que pudieran hacer esa tapa, seguramente no, porque pocas mujeres tienen la base de belleza como para que se haga con ellas una tapa excitante...
Después creo que le da mucha bronca porque, ¿qué hace esta mujer en la presidencia de la República? Eso siempre fue cosa de hombres, las mujeres tienen que estar en el hogar, llevar los chicos a la escuela, atender al marido… ¿y esto qué es? Es una intrusión...
Digamos que esto le pasa a una mujer. ¿Qué le pasa a un tipo?
Bueno, al tipo peor, mucho peor, el tipo tiene un odio tremendo porque sabe que esa mujer es imposible para él. Por ejemplo, para usted, digamos, eso que José Ingenieros llamó alguna vez “el hombre mediocre”, veamos mujeres imposibles para usted: Charlize Theron, Scarlett Johansson, Marta Argerich, Hiromi Uehara, esa belleza japonesa, la chica esta que hizo el Cisne (negro), Natalie Portman y Cristina Fernández, mi querido amigo, es imposible para usted...
Para usted es tan imposible Charlize Theron o, si viviera, Marilyn Monroe, como Cristina Fernández. Está totalmente alejada de sus posibilidades...
Y no sólo eso, usted sabe que está totalmente alejada de sus posibilidades porque es brillante, porque hizo una carrera política brillante, hizo una carrera más brillante que la mayoría y que todos los políticos que están en acción en este momento...
Sé que me va a costar lo que estoy diciendo, pero cuando uno llega a convencerse de algo, lo tiene que decir pero tratando de fundamentarlo. Si uno da los fundamentos racionales por los cuales dice algo, usted me tiene que respetar. Entonces, yo creo que esta lejanía absoluta de la presidenta de la Nación a usted lo pone mal. Porque usted cree que todas las minas tendrían que tirarse a sus pies...
Y sabe que ésta no se va a tirar nunca a sus pies, ni, sabemos, no creemos que se tire a los pies de ningún hombre porque se autosostiene y éste es el segundo punto: ¡Qué indignación! Que una mujer sea sustantiva en sí misma. ¿Desde cuándo las mujeres se valen por sí mismas, qué significa esto?
Es una alteración total del desarrollo universal de las relaciones entre hombres y mujeres. Las mujeres dependen de los hombres y tienen que seguir así; en cambio, esta yegua nos grita, nos levanta el dedo, nos señala, no puede ser, hay que terminar con esto, tiene que irse...
Esto a usted lo pone muy mal. Lo pone muy mal que una mujer más inteligente que usted, que la mayoría de las mujeres, que la mayoría de los tipos que andan por ahí, de los machos que se reúnen y que están acostumbrados a hablar de las mujeres entre insultos y bajezas…
De pronto tiene una a la cual van a poder insultar todo lo que quieran pero no la van a tocar, no le van a llegar. Se van a quedar permanentemente insatisfechos. Es una de las más grandes insatisfacciones la de saber que por más que uno insulte a alguien no lo va a poder ni rozar...
Entonces eso lo llena de odio y no quiere ser gobernado por una mujer. Menos por una mujer que es una mina, que es inteligente, que es brillante y que usted sabe en algún punto donde la verdad ya no la puede ocultar, que es superior a usted. No por casta social, no, no, intelectualmente. No todos somos iguales intelectualmente…
Ahora, lo que usted quería era ser superior a las mujeres durante todo el transcurso de su vida". 

UN DESAYUNO CON HORACIO GONZALEZ - “La sociedad atraviesa un momento de debate muy dramático”



Por Fernando Cibeira
Días atrás, fue de los pocos en el kirchnerismo que opinó que había que prestar atención al malhumor que se desprendía del cacerolazo, una declaración a contramano de la lectura que prevaleció en la Casa Rosada. “Me preocupó la encarnadura que tuvo”, repite ahora que ya pasó un tiempo y que se supone que anuncian otra protesta. Pese a que dirige la Biblioteca Nacional desde hace casi ocho años, Horacio González, sociólogo, ensayista, mantiene una voz de autonomía intelectual. Así, acepta que “la sociedad atraviesa un momento de debate muy dramático” y que eso lo tiene “un poquito nervioso”.
González se mudó hace unos meses, dejó San Telmo y se trasladó a Boedo. Asegura que está contento con el cambio aunque extraña el bar Británico, lugar del que fue habitué durante años y donde promete volver en cualquier momento. Igual, el Café Margot, en Boedo y pasaje San Ignacio, no está nada mal. Una esquina tradicional, con varios diarios para leer y música moderna. Un cartel fileteado asegura que en esta esquina en la década del ’40 don Gabino Torres y su esposa doña María inventaron el sandwich de pavita. Pero la hora no es propicia para la especialidad, mejor un café con leche y tostadas.
Horacio González acepta la charla advirtiendo que la coyuntura es más para “meditar lo que se dice que para las frases sueltas” a las que el periodismo es tan proclive. Frente a la tesis de Artemio López que asegura que el cacerolazo no cambió nada porque esa gente es la misma que nunca votó al kirchnerismo, González replica que “lo que cambió es que ahora está en la calle” y con enjundia fuera de lo común. “El nivel insultante fue llamativo, en la protesta el insulto sustituyó a la palabra”, define. Una de las características que lo hacen reflexionar es el ruido de las cacerolas. “Anuncia un tipo de disconformidad de carácter difuso, se volvió un símbolo en Argentina”, desliza. En otro momento la describirá como “una banda sonora que anuncia ‘estamos al margen del Estado y de la política’”.
Por momentos habla en torrente, en otras –menos– se queda callado, elaborando un poco nuevas definiciones. Le presta atención al hecho de que se haya replicado una protesta en Nueva York por más que fueran unas pocas personas. “No me ocupo del mundo de las estadísticas. Acá también la protesta se dio en barrios donde antes no se daba, de ahí su fuerza política”, describe. “Una mancha que se disemina”, dirá luego sobre el caceroleo. Una fuerza de “contornos borrosos”.
Ve difícil que la oposición pueda capitalizarlo. “Macri puede ser, su mensaje también es difuso”, piensa. Otra coincidencia, anota, un modo de política que empieza a definirse a partir de considerarse propietario. La defensa es a “mi casa, mi seguridad, mis vacaciones, mis ahorros”. Establece que más que burguesía –un concepto que perdió cierto sentido– esto sería “propietarismo”. “Cercan su casa, dicen cualquier insulto, hay una anulación ciega de la palabra presidencial”, enumera sus características.
Con respecto a la Presidenta, destaca sus mensajes que tienen “distintos planos”. También lo maravilla el manejo que hace de “los diferentes tiempos”: el constitucional, el día a día, el de la fugacidad del ser político. Destaca que nunca hasta ahora se había abierto una discusión sobre la cadena nacional. “No es sobre la palabra, sobre lo que se dice, sino de la metodología del uso”, explica.
González se tienta con una tostada de pan negro para acompañar su cortado “americano”. Se acerca un hombre que trabaja en el museo del Banco Ciudad, un bonito edificio art déco ubicado justo enfrente, y le dice que le quiere acercar unos folletos para que conozca de qué se trata. Desde sus inicios, Horacio González se convirtió en una de las caras reconocibles de Carta Abierta, el espacio de debate creado por los intelectuales cercanos al Gobierno al calor de la puja con los sectores agropecuarios que encontró motivos para perdurar y hace poco difundió su carta número 12. Como ya es habitual, la última carta fue un poco más extensa que las anteriores. “Es que el funcionamiento se parece cada vez más al de un partido político, con comisiones divididas por temas, y luego cada comisión quiere que sus conclusiones queden plasmadas en el documento”, explica González, aclarando que las cartas tienen muchos redactores. Parece que le tocó especialmente la crítica del radical Ricardo Gil Lavedra, quien le apuntó al “barroquismo absoluto” de la redacción. “El barroco nació como un intento de divulgación, hoy parece un intento de ocultamiento. Pero, ¿a qué llamamos claridad? ¿A un escrito de Gil Lavedra o a un dictamen de Zaffaroni?”, replica.
A propósito del problema de las “frases sueltas” de un documento de varias páginas, lo único que reprodujeron algunos medios fue la referencia a la reforma constitucional. “La reforma es una discusión posible entre tantas otras. Lo que pasa es que la expresión ‘re-re’ es muy atractiva para los medios que combaten la reforma. ‘Re-re’ significa el capricho de un gobernante con pretensiones perpetuas, y no es el caso. Habría que buscarle otro nombre”, reflexiona.
La cuestión de las muchas “discusiones posibles” lo hace pensar en un momento de debate “muy dramático”. “Está todo en debate: la edad del voto, la seguridad urbana, hasta la propia figura del presidente”, ejemplifica. Para alguien que dice no sentirse especialista en el “binarismo”, en el que si no es esto es aquello, la situación lo tiene “un poquito nervioso”. Aunque amaga seguir la charla, González toma su carpeta y se prepara para ir a su trabajo en la Biblioteca, que ya es hora, aunque sin dejar de pensar sobre el tema de la entrevista y alguno otro nuevo que se le aparezca en el camino.

Ese día de diciembre



Por Eduardo Aliverti
Se vivió una semana muy intensa en cuanto a informaciones destacadas, lo cual no es lo mismo que decir “noticias” si se ata esta palabra a su sentido de “novedad”. La diferencia es importante porque, según sea una cosa o la otra, cambia el resultado de cómo apreciarlas. Hay un hecho, en particular, que de información tiene de todo. Y de noticia, casi nada.
El anuncio presidencial ante la ONU, acerca de establecer conversaciones con Irán para el esclarecimiento del atentado a la AMIA, es auténticamente una noticia. Sólo había versiones en torno de que Argentina adoptaría una postura de esa naturaleza, frente a la solicitud iraní. No es noticioso sino manipulador e indignante, en cambio, el modo en que la prensa del establishment presentó la decisión. “Negociaciones con el terrorismo” fue, casi, lo más suave que se leyó y –sobre todo– escuchó entre quienes no se toman el trabajo de asimilar los datos completos (por ser notablemente suaves, en vez de aludir a prejuzgamiento de gentes asaz sensibles a los lobbies corporativo-comunitarios). Lo que anotició la Presidenta frente al fracaso, en definitiva, de la estrategia seguida hasta ahora para juzgar a los acusados del ataque a la mutual judía, es que se abre una instancia de escucha. Y que esa atención y su eventual propuesta serán sometidas a la opinión del Congreso nacional y de los afectados. Nada menos y nada más que eso. Transformarlo en una agachada ante el régimen iraní es una exageración inaceptable, y que se mente “gravedad político-institucional”, una payasada. ¿Irá a suceder un desembarco de marines? ¿Israel bombardeará la Argentina? Hay un aspecto francamente interesante acerca de cómo se gastó esta noticia de lo anunciado por Cristina. Desde las instituciones y emisarios más mediáticos de la comunidad judía se manifestaron reservas, desconfianzas; voces incluso condenatorias, pero cuidadosas de cruzar límites agresivos contra la palabra de la Presidenta. Esas fronteras las atravesó el periodismo más furiosamente opositor, en otra muestra de quién marca la agenda aun a costa del juicio de los agendados. Por el contrario, la frase cristinista a propósito de que esto no es un partido de fútbol, en respuesta a que la titular del FMI (nos) amenazó con tarjeta roja, mereció el descrédito o la minimización por parte de los diarios y sus comentaristas. Quítese a Cristina y acuérdese con que un jefe de Estado, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, retrucándole con nombre y apellido a uno de los cucos mundiales, no es asunto de todos los días. Pero no. Dicen que es una nimiedad. Lo importante es que si se conversa con Irán somos la suma de Venezuela, Norcorea y todos los déspotas del mundo árabe. Es así como funciona el periodismo independiente que, para renovado horror de las mentes esclarecidas, la Presidenta se permitió decir que no existe ni acá ni en ninguna parte, nunca. No profundizó como a uno le hubiera gustado, delante de los estudiantes un tanto patéticos de la Universidad de Georgetown que, luego, se reprodujeron en la de Harvard con una decoración mucho más parecida al guión preparado que a la autenticidad. Habría sido interesante que Cristina ofrendara algunas de sus frases contundentes al altar de que cuando se hace periodismo se depende de ideología, de que se está de un lado o de otro, de avisadores comerciales; de tácticas empresarias de aquellos manejadores de la información como mercancía a secas, en aras de sus negocios que, además de lo multiperiodístico propiamente dicho, suponen involucrarse en el mercado de la salud, los medicamentos, la telefonía, los espectáculos artísticos, la extracción petrolífera, las corporaciones sindicales. Y, por cierto, la publicidad de los organismos estatales que solamente les importa, en términos de denuncia, cuando se trata del Estado nacional. Guay con cuestionar la plata promocional que gastan el Gobierno de la Ciudad, los municipios, las gobernaciones afines al discurso antikirchnerista. Venimos a enterarnos de que el cordobés De la Sota, quintaesencia del peronismo conservador, nos llama a emular la épica de los estudiantes platenses que sufrieron tortura y desaparición tras La Noche de los Lápices. Hay que echar los fideos y nuclearlos junto con la foto de portada de La Nación del miércoles pasado, en el retrato del “otro” peronismo. Moyano, Busti, Amadeo, Venegas, De Narváez. Se necesita mucha dureza facial para alojar el odio de clase ahí, donde ya se sabe que la espalda pierde su buen nombre y honor. Convocar a que la negrada se junte con los sectores indignados de clase media contra la yegua. Portada de La Nación. Ancha diferencia entre noticia y tratamiento informativo.
La “bestia” de Guillermo Moreno elevó la voz, como el audio indesmentible ratificó, contra la patoteada de una señora conmovida que dice representar derechos del consumidor. El audio no importó; el patotero fue Moreno; se convocó a cacerolear frente a su domicilio circulando un afiche digital que lo muestra en un féretro con un balazo en medio de la frente, pero eso no es odio ni mereció comentarios en la prensa opositora. Para no agotar, Michetti le dice a Mauricio que no irá de candidata bonaerense y le genera tremebundo laberinto porque aquélla era la única ficha del alcalde porteño para estructurar posibilidades electorales en la provincia. ¿Alguien imagina que se pueda tener aspiraciones presidenciales, llegado el caso de querer trabajar, sin chances en el distrito decisivo? ¿Y habrá de creerse, nomás, que el subte se irá a 5 pesos el boleto porque Macri no quiere hacerse cargo de lo que le pasa por debajo de los pies en su ciudad? El periodismo independiente oculta todo ello porque el hijo de Franco es, así sea momentáneamente, la única carta a disposición. El resto, antes que impresentable, es inexistente. Y lo saben de memoria los cagatintas que amplifican lo verosímil de una Cristina en meseta, o descenso de favor popular. Son los mismos que encubren, o mal disimulan, la imposibilidad de que los opositores lo aprovechen.
Bajo ese croquis de correlación de fuerzas y construcción de imaginario, se vive una arremetida mutua, Gobierno y oposición, a propósito de lo que ha dado en llamarse el 7D. El 7 de diciembre próximo. Es el día en que, según el oficialismo, tras un fallo supremo, vence el plazo para que los grupos oligopólicos –no únicamente Clarín, valga subrayar– comiencen a desprenderse de las licencias de radio y tevé que les sobran. O el día en que, según la oposición, recién entraría a regir el período para que lo hagan. El periodista no tiene intenciones de ingresar a esos vericuetos judicialistas, al margen de sus conocimientos para analizarlos. No le parece el fondo de la cuestión, que entiende en un todo como batalla política y no tribunalicia. Si fuera el Gobierno el que tuviera razón y el 7D se termina el mundo mediático tal cual lo conocemos, es menester preguntarse con cuáles armas de contenidos piensa hacerse cargo de lo que Clarín & Cía. deben abandonar conforme lo exigido por una ley cuya limpieza democrática Clarín ignora. Si hay algo que el Gobierno no hizo en estos tres años, desde sancionado el instrumento legal, es arbitrar las medidas de capacitación e implementación para que lo reemplazante del discurso único tenga viabilidad de nuevas voces profesionales, de entretenimiento, de seducción. La ley de medios, como cualquier ley, es una herramienta que se sabe usar o no. Punto en contra, hasta donde uno sabe, de lo cocorito que se muestra el oficialismo ante ese dichoso 7D.
Sin embargo, es precisamente esa debilidad del kirchnerismo lo que desarma el alerta opositor en su aviso de que habrá de padecerse una dictadura arrasadora de la libertad de expresión. Deberían jugar un poco más limpio, aunque más no sea, porque la restricción de esos medios que les sobran jamás les supondrá quedarse sin sus medios. Tendrán o tendrían una cantidad menor. La que les estipula la ley que no soportan. No habrá Víctor Hugo en lugar de Lanata, para usar el disparador de demagogia barata de que vienen valiéndose los propagandistas del imperio de clarinete. Lo que no habría, en algún caso que en la mejor de las hipótesis resulta incomprobable y dudosísimo, es una cadena de señales excedentes al servicio de destruir al Gobierno que les jodió algunos negocios (por las razones que fueren). Y al fin y al cabo, ¿a qué tanta preocupación si tan seguros están de que “la gente” no come vidrio? ¿En qué quedamos? ¿No es que la sociedad tiene la madurez de saber elegir la verdad?
Una de las claves sigue siendo, vaya noticia, que los adalides de la competencia no quieren competir. Hay algo que los irrita demasiado.

La confusión - Por Mempo Giardinelli


Por Mempo Giardinelli (Pagina 12)


“El pueblo argentino, como nunca, duerme un interminable sueño, que se acabará cuando despertemos y ya no existamos como país.”
Así comienza un mail extraordinario que llega a mi computadora, enviado anónimamente y supongo que destinado a que cada destinatario despierte de la supuesta irrealidad en que vive.
Me parece interesante compartir con los lectores la asombrosa repetición de lugares comunes que hacen los promotores de estas campañas lanzadas desde las hoy llamadas “redes sociales”.
Veamos, sólo como ejemplos, algunas afirmaciones que hacen:
1) “Apretaron a la Iglesia. Apretaron al Campo. Apretaron a los medios y periodistas. Forrearon a las FF.AA. Apretaron a la oposición, a la Industria, a la Justicia.”
2) “Tienen fuerzas de choque y patoteros pagos, que sacan de las cárceles cuando los necesitan, para pegarle a la gente y provocar en los cacerolazos.”
3) “Transformaron el Congreso en escribanía. Extorsionan y patotean a gobernadores e intendentes.”
4) “Hicieron y hacen terribles negociados con la obra pública. Compran los votos de los legisladores. Esta época es peor que cuando usaban la Banelco.”
5) “Son más corruptos que todos los presidentes anteriores juntos.”
6) “Nos aislaron del mundo (...) Argentina está devaluada, no existimos. Tenemos una economía cerrada.”
7) “Nos distraen con la ley de medios y el voto a los 16 años, como si no hubieran cosas más urgentes.”
8) “Pronto tampoco va a haber propiedad privada ni libertad individual.”
9) “Cada día vemos cómo matan a nuestros vecinos; nadie responde, nadie hace nada.”
10) “No llenan una tribuna sino es con dádivas, planes, micros. Autoconvocados no tienen a nadie. Ultrajaron el Indec. Mataron a López. Mataron a Juan Castro (...). Burlaron a los 400.000 electores de Patti, aprobado como candidato por la Cámara Electoral. Pisaron a maestros de Río Gallegos. Patotearon a los manifestantes en Plaza de Mayo. Dejan que la delincuencia no pague. Dan prisión domiciliaria a los violadores. Ignoran y verduguean a Macri.”
11) “Cada día hay más miseria. Crearon la fábrica del subsidio para generar más vagancia (...) Premian a los que menos hacen y castigan a los que laburan. Los que tienen cinco hijos ganan más que un jubilado.”
12) “No hay infraestructura vial, no hay salud, no hay seguridad, no hay educación, no hay previsión energética, no hay combustibles, no hay carnes, no hay leche, no hay estrategias ni políticas.”
13) “El año próximo importaremos carne, trigo y maíz.”
14) “Con el dinero de las drogas y la salud de nuestros hijos, ellos se compran campos y estancias en la provincia de Santa Fe.”
15) “Cuando sea expulsada de la Casa Rosada, la Presidenta vivirá en uno de los tantos palacios comprados en el extranjero, con dinero que robó, roba y robará.”
Entre las esperanzas, que las tienen, aseguran que ahora “nos queda Jorge Lanata. Pero él solo no puede hacer nada” porque “a este pueblo parlanchín y fanfarrón le sobra lengua y le falta coraje”. Todo escrito con grandes signos de admiración no forzados.
Como se aprecia, la histeria y el despropósito de estos enunciados son tan palpables que asombra que muchos argentinos/as puedan creerlos.
Es curioso, sin embargo, que en esa pintura del supuesto país horroroso en que creen vivir, no mencionan la tan meneada re-reelección presidencial, que por ahora no existe como proyecto legislativo concreto y todo lo que el país está viendo es sólo una creciente esgrima periodística. A la que no habría que hacer caso, y menos si acusan de confrontativa a la Presidenta cuando la verdadera confrontación –sistemática e implacable– la generan y sostienen los medios encabezados por el Grupo Clarín.
Ellos son, además, la verdadera y más poderosa oposición que hoy existe en la Argentina. Alarmados porque se acerca el 7 de diciembre y la lucha ideológica devino también económica, es presumible la tentación de que se rompan los principios de la democracia. El golpismo destituyente, como lo prueba la historia de nuestro país, puede llegar incluso a estimular formas de violencia. Ojalá me equivoque, pero podríamos estar en vísperas de días sombríos.
Bien haría el Gobierno en tener en cuenta todo esto, por si acaso, pero sobre todo es imprescindible que tomen nota de ello algunos dirigentes que parecen no advertir la gravedad y exageración de sus reclamos, pero llaman a marchas y manifestaciones que no es seguro que controlen. Hugo Moyano, Pablo Micheli y Pino Solanas, entre ellos, que ya están coincidiendo con los señores Macri, De Narváez, Buzzi, Duhalde, De la Sota y Cecilia Pando.
Digan lo que digan, en la cancha parecen estar pateando todos para el mismo lado: la desestabilización. Porque si se trata de construir alternativas para vencer electoralmente –para lo cual tienen derecho, y también muchos deberes– no parece ser éste el camino. Y menos el de confundir a la ciudadanía exagerando el pánico.



Más Florencio Varela y menos Harvard


Por Eduardo Anguita


Una de las curiosidades del Cordobazo, allá por mayo del ’69, fue que entre los estudiantes que dijeron basta, estaban los de la Católica. Curiosidad, porque uno de los objetivos del Onganiato era terminar con la llamada universidad cientificista, que contaba con unos académicos de excelencia y unos presupuestos que les permitían hacer investigación y aportar a la generación –sistemática– de profesionales capaces de inventar, de agregar talento a lo que comúnmente se llama valor agregado. Días pasados, quien escribe estas líneas conoció de modo eventual a un joven ingeniero argentino con licenciatura y doctorado en Córdoba que luego fue a trabajar a una empresa dedicada a reactores nucleares –su especialidad– en España. Recién aterrizado en Buenos Aires, este ingeniero joven, contaba que fue contratado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), con un buen salario, con los gastos incluidos para su traslado y el de su familia por parte del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Entre los aportes de este especialista joven está el de buscar procesos que puedan hacerse en la Argentina para reemplazar aquellos que se importan de empresas o laboratorios extranjeros de altísima gama. Soberanía. Márgenes de soberanía que a diario, en silencio, se van ganando. El ingeniero empezó a ir a diario a la sede de la CNEA, se cruza con Tecnópolis con la misma familiaridad con la que un empleado de la Rural se cruza con el Zoológico.
La historia de la Católica de Córdoba viene a cuento por muchos motivos. Era privada y a Onganía le salía un grano fuerte porque para terminar con la excelencia de la universidad pública contó con el apoyo de la Universidad Católica Argentina, cuyo pionero y rector fue el obispo católico Octavio Derisi. La idea de esa universidad surgió en plena pelea del Episcopado con Juan Domingo Perón a fines de su segundo gobierno y formalmente se presentó como proyecto no bien se concretó el crimen de Estado que sus perpetradores llamaron Revolución Libertadora. En tiempos de la lucha de Laica y Libre (gobierno de Frondizi), esa casa de estudios empezó a funcionar. Era confesional y privada, pero sustentada en gran medida por fondos públicos. Es decir, el Estado estableció girar fondos para formar una elite de cuadros dirigenciales referenciados en las autoridades católicas argentinas. El problema de la elite argentina no radicaba sólo en que Juan Perón había terminado con los aranceles para los estudiantes o que Perón hubiera creado la Universidad Obrera Nacional, que era la manera de darles herramientas reales y concretas para que los asalariados pudieran tener movilidad social ascendente en un país donde una elite manejaba los recursos financieros, la propiedad de la tierra y buscaba los alineamientos de la Argentina a favor de procesos dependientes y no soberanos. No era sólo eso, sino que una camada de radicales, socialistas y académicos de izquierda no peronista habían puesto en marcha una universidad pública, autónoma y con criterios de soberanía nacional. Para decirlo en términos de una polémica que tiene gran vigencia y enerva a mucha gente: un importante sector de las clases medias no peronistas –y muchos de ellos con pasado antiperonista– se sumó a la lucha de calles junto a los sectores obreros. Eso pasó en el Cordobazo y en muchísimos hitos de la lucha de los sesenta.
Desbordadas las usinas confesionales, políticas, empresariales y militares de la elite argentina, por una alianza política y social (de sectores peronistas y no peronistas, de sectores obreros y no obreros), empezó a elaborarse la doctrina de seguridad nacional, capaz de eliminar a una generación de luchadores formados tanto en el sindicalismo combativo como en la excelencia académica pública y popular. En Iglesia y Dictadura, el gran intelectual y luchador Emilio Fermín Mignone desnuda cómo la cúpula eclesiástica puso especial atención durante la última dictadura militar en preservar ámbitos académicos que recibieran el bombardeo ideológico de los sectores privilegiados al tiempo que mantenían una visión inquisitorial de la fe católica. Mignone era católico y resultaba una piedra en el zapato del Episcopado. Como lo fue Carlos Mugica, que además de cura obrero era un académico extraordinario y daba sus clases en la Universidad del Salvador, creada en la misma época de la Católica pero que mantuvo una gran amplitud de cátedra y una formación no inquisitorial.

Florencio Varela y Harvard. Robert Merton es uno de los pilares de la sociología funcionalista de Estados Unidos y es quien redefinió un viejo concepto: el de la profecía autocumplida. Merton provenía de una familia judía emigrada de Europa oriental y se convirtió en uno de los íconos de la Escuela de Negocios de Harvard. Dicha en pocas palabras, la profecía autocumplida significa que si una situación es definida como real, va a tener efectos reales. Una de las frases que parecen una verdad indiscutible por estos días, en boca de muchos dirigentes o pensadores del llamado campo nacional, es que la clase media es reaccionaria y antipopular, que odia todo lo que está originado en el gobierno de Cristina Kirchner y que no hay modo de establecer un diálogo inteligente y respetuoso por parte de quienes apoyan lo que comúnmente se llama “el modelo” y que se expresa en las múltiples políticas de inclusión social que en la última década están modificando el mapa político y cultural argentino. Quienes sostienen esta postura argumentan, como si recurrieran a la mejor bibliografía posible, a notas de TN o a artículos de diarios opositores. Es decir, tratan de simplificar complejos mecanismos sociales y culturales por lo que llaman evidencias, que no son más que algunas manifestaciones de conductas aisladas e individuales. Quien escribe estas líneas no es un especialista pero se tomó un año entero de su vida para elaborar junto a Alberto Minujin un texto (La clase media - Seducida y Abandonada, Edhasa, 2004). El libro fue publicado para contribuir a un debate imprescindible cuando llega un gobierno de corte popular a la Argentina y tiene que ver con las profundas divergencias entre los beneficios económicos –y de políticas públicas– de sectores medios y sus inclinaciones y opiniones políticas. Pero para quienes se autocomplacen despilfarrando su enojo contra “la clase media”, ese texto dispara muchos hitos de la historia de los últimos 40 años de la Argentina que pone en cuestión estas afirmaciones ligeras. En primer lugar porque puede constatarse que aquella lucha de los años sesenta le significó al peronismo un aporte de votos y de cuadros políticos provenientes de capas medias que le dio una mayoría abrumadora en las elecciones de marzo y de septiembre de 1973. También se puede advertir que, tras el triunfo magro de Néstor Kirchner en 2003, su imagen –la de su gobierno– había calado en el corazón de muchos sectores medios. Ni qué hablar del aporte de votos de sectores medios urbanos y rurales en las últimas elecciones donde Cristina Kirchner obtuvo el 54% de las adhesiones. Con un elemento nuevo: el encono del Grupo Clarín y otros medios opositores, que hasta 2007 se mostraban más prudentes en su antikirchnerismo. Cualquier medición sociológica permite constatar que muchísimos de los que se informan por esos medios opositores votaron por Cristina. Entre otras cosas, por la inmensa volatilidad de la identidad de las llamadas “clases medias”. Está claro que quienes tienen una visión inquisitorial o dogmática no pueden aceptar los fenómenos contradictorios y mucho menos los cambios repentinos en los procesos políticos y sociales.
Desde ya, quienes no estén dispuestos a meterse en la compleja trama donde lo aparente no siempre es lo real, podrían dar un paso al costado y ponerse a estudiar con serenidad los procesos sociales. No solo por una elemental necesidad funcional consistente en contar con votos de sectores medios y no entregárselos a sus adversarios. Sino por algo más profundo y que tiene que ver con lo que, a criterio de este cronista, constituye uno de los aportes más genuinos del kirchnerismo: romper barreras que permiten el ascenso social a sectores que sufrieron niveles de exclusión que fueron denigrantes. Muchas de esas barreras rotas son fenómenos asentados en la educación y son la contracara de los procesos elitistas. Ocho de cada diez inscriptos en la Universidad Nacional Arturo Jauretche, en Florencio Varela, recientemente creada, son primera generación de universitarios. En estos años, muchos jóvenes se capacitan en áreas técnicas y el trabajo que consiguen no sólo es registrado sino de calidad. Quienes vivían en villas a veces ven cómo se urbaniza la villa, otras logran juntar recursos para mudarse. Las conductas que cada grupo o individuo tienen frente al ascenso cultural y económico son variadísimas. Muchas veces se expresan en la negación del pasado, al menos por un tiempo. Para graficarlo: ser pobre da vergüenza y cuando alguien mejora su condición social puede tener conductas para eludir o disimular su pasado. El llamado “orgullo” de ser obrero en otros tiempos de sociedades más estructuradas y menos mediáticas podía funcionar más o menos como lo expresan muchos relatos de los años cuarenta y cincuenta. La actual configuración social pone en duda esos mitos. Esto es sólo un aspecto de los tantos fenómenos contradictorios que deben tenerse en cuenta para entender que los procesos sociales que vive la Argentina actual se mueven como un caleidoscopio, con mucho vértigo, con mucha imprevisibilidad.
Pero de la infinidad de aspectos cambiantes en una sociedad con políticas que estimulan el ascenso social no debe olvidarse que los laboratorios de formación de cuadros –en todo el mundo– tienen la finalidad de hacer círculos cerrados. Es decir, son antagónicos con los procesos inclusivos. Se habla estos días con fruición de las preguntas y respuestas de la conferencia de Cristina Kirchner en Harvard. Y deberían tomarse algunas apostillas para contribuir a que tan acaloradas opiniones resulten menos chatas, menos ramplonas, de lo que se lee en tantas páginas. Harvard tiene casi cuatro siglos de vida. Es un negocio privado dedicado a la formación de ejecutivos de bancos o grandes empresas, la mayoría de los cuales provienen de las familias de supermillonarios estadounidenses. Permite también, a quien esté en condiciones de pagar entre 50 y 100 mil dólares anuales o conseguir una beca, entrar a ese selecto mundo de quienes se autodefinen como líderes pero que tienen la curiosa situación de estudiar en el país que está generando la peor crisis del capitalismo. La Escuela de Negocios de Harvard (ésta es de las de 100 mil dólares anuales) formateó a un tipo como Sebastián Piñera, el presidente chileno que reprime estudiantes que quieren educación pública. O a Felipe Calderón, el mexicano que deja la presidencia con decenas de miles de muertos por el llamado narcotráfico y con un 50% de pobres. O a tipos como Domingo Cavallo, cuyos desmanes en la Argentina están suficientemente contados. Para quienes, realmente, quieren tomar dimensión de los desafíos de diálogos sociales imprescindibles en los procesos inclusivos y contradictorios, sería bueno simplificar estos conceptos en una frase: Más Florencio Varela y menos Harvard.

Escrache a Moreno - A la derecha del miedo


Por Luis Bruschtein


Cuando se juntan el odio y el miedo, el resultado es altamente inflamable. Hay un lenguaje mediático que estimula el discurso violento que se instaló en algunos nichos sociales y culturales. Al mismo tiempo le otorga a ese nicho la calidad de vocero, de emergente de una animadversión generalizada. Entre ambos se potencian, se crispan unos a otros y así los grandes medios transmiten una vibración de odio y furia a toda la sociedad. Hicieron lo mismo después de la derrota del Gobierno con la 125, al punto de que el oficialismo parecía reducido a una mínima expresión en un océano de repudio. La fiesta del Bicentenario fue como si se hubiera descorrido el telón de esa imagen virtual mentirosa.
“Somos los guerreros de la red” se presentó el joven cacerolero en un programa de TN. Apareció allí como un joven independiente indignado con el gobierno kirchnerista, presentado por periodistas con antecedentes progresistas. En la red, el dizque guerrero aparece abrazado con el
inefable Tula (el bombista oficial de Menem) y con el Momo Venegas. Cada vez que se rasca la cáscara de esa rabia virtual y cacerolera, no aparecen ni independientes ni progresistas ni moderados. Hay en la red una lista de las páginas –alrededor de medio centenar– que convocaron al cacerolazo y están los nombres de sus administradores, todos cercanos al PRO, a la Sociedad Rural o a los dictadores. No hay ni un solo progresista y menos de izquierda. No aparece ninguna constancia de que haya otra fuente de ese odio que la de amigos de la Sociedad Rural, colaboradores del macrismo o amigos de los represores de la dictadura.
Pero hay una oposición diferente. Hay una disidencia crítica diferente y que además es mayoría frente a esa protesta violenta. Confundir a los caceroleros –“esas señoras con abrigos de piel”, como dijo Charly García–, con toda la oposición sería hacerles el juego a la violencia y a la estrategia cada vez más visible del Grupo Clarín de desestabilizar y jaquear al Gobierno de cualquier manera a medida que se aproxima la fecha en la que deberá desinvertir por la cláusula antimonopólica de la ley de servicios audiovisuales.
Asimilar esa marcha como la única expresión o la expresión mayoritaria de la oposición forma parte de esa estrategia que intenta nuevamente generalizar una voz minoritaria. Es una forma de extender el odio, de convertirlo en el único argumento opositor, un argumento que no admite discusión, que se dice a los gritos y que cierra el debate.
En los barrios del sur de la ciudad no se movió ni una hoja. La condición social de los caceroleros fue más que evidente y hasta resulta patético el oportunismo de algún dirigente piquetero opositor cuando alaba estas manifestaciones, creyendo que así será bien visto por estos sectores, una de cuyas consignas es “soy de la mitad del país de la cual vive la otra mitad”. Señor dirigente piquetero: para esa gente, usted es de los parásitos que viven de lo que les sacan a ellos. No hay puntos de contacto, cualquier esfuerzo por encontrarlo es puro oportunismo. Facundo Moyano no tiene la edad suficiente para saber que ese mismo tipo de marchas eran las que hacían los viejos gorilas antiperonistas en el primer peronismo. Si Facundo no lo sabe, el intento de su padre Hugo por congraciarse con ellos resulta por lo menos poco peronista.
Para la oposición sería un error convalidar estas expresiones de odio por oportunismo o por creer que allí se encuentran posibles votos. Esa gente no vota radicalismo ni socialismo y mucho menos izquierda. En ese sentido, fue más inteligente la posición del PTS que, desde una izquierda muy crítica con el Gobierno, se diferenció de las consignas reaccionarias que se escucharon en el cacerolazo.
Pero al mismo tiempo que este discurso mediático estimula esas expresiones de odio, denuncia que la gente que se expresa con esa violencia tiene miedo. Hay una lógica en esa aparente contradicción: el miedo puede generar odio. Cuando alguien es apuntado por un arma, tiene miedo, pero en el fondo quiere asesinar al que lo está apuntando. Si este discurso mediático puede convencer a una parte de la sociedad de que debe tener miedo, estará generando odio. No se trata de que haya razones reales para el miedo, sino que se trata de inducirlo.
Los “guerreros de la red”, como los amigos del Tula y del Momo, hicieron una campaña diciendo que el Gobierno retiraría los pasaportes a los que tuvieran deudas con la AFIP. Aunque parezca mentira, hubo incautos que se apresuraron a tramitar su documento, lo cual demuestra que es un error despreciar el poder conjunto mediático y virtual. En apenas una semana se presentaron dos denuncias por supuesto maltrato de género. TN se sumó a la campaña y mostró una lista ridícula de frases del secretario de Comercio que “producían pánico en los empresarios”, como una en la que le decía “chucrut” a un superempresario alemán u otra en la que trataba de “Ratonazi” al dueño de la FIAT, Cristiano Rattazzi.
En nueve años de gobierno kirchnerista puede haber seguramente muchas críticas en todos los planos. Pero las razones para tener miedo serían represión, persecución y amenazas, listas negras, cierre de medios, personas golpeadas por matones, vidrieras rotas por hordas, policía política, presos políticos, exiliados, periodistas agredidos, opositores agredidos. No hay nada de eso.
El miedo es una mentira. Y una mentira menos digerible todavía en un país que tuvo una dictadura en la que todo eso fue llevado a la enésima potencia. El superempresario alemán se puede ofender porque le digan “chucrut” y hasta es discutible el sentido del humor de Moreno, pero es ridículo que alguien pueda creer que eso le dé miedo, igual que al dueño de la FIAT. El empresario español, de origen argentino, Martín Varsavsky, que quedó desgraciadamente enredado en la quiebra de la aerolínea Southern Winds y que no puede exportar a este país productos informáticos por culpa de las disposiciones de Moreno, también dice que los empresarios argentinos tienen miedo por la AFIP, pero en vez de indignarse contra los empresarios que no están en regla, se enfurece con los funcionarios que hacen cumplir la ley. Esta conjunción mediática y virtual de referencias insistentes al miedo no proviene de una situación real ni de una exageración periodística. Forma parte de una mecánica para generar odio y para justificarlo cuando explote.
Cuando un matón ataca en público, lo hace mientras se victimiza a los gritos para que la gente justifique su agresión y no intervenga. Es una lógica de escaramuza callejera, de barrabrava, que se aplica también como técnica sucia en campañas mediáticas. No es éste el caso, pero todos los golpes de Estado fueron antecedidos por fuertes campañas mediáticas de este tipo. Cuando el 6 de septiembre la Presidenta bromeó en un discurso con que sus funcionarios deberían tenerle un poquito de miedo si cumplían mal sus funciones, se forzó la frase para convertirla en una amenaza que nunca fue tal. Los lectores de Clarín y de La Nación leyeron que la Presidenta había dicho que la sociedad debe tenerles miedo a ella y a Dios.
Los caceroleros salieron después con carteles que decían “no le tenemos miedo”, replicando la tergiversación estúpida de una broma y exhibiendo una valentía de papel. Fue un acto de opereta salir con esos carteles. No tienen miedo porque no hay nada a qué tenerle miedo, excepto a ellos mismos por la violencia que expresan y el primitivismo gritón y autoritario al que reducen la política. En la Argentina hubo miedo en otras épocas y eso sucedió cada vez que expresiones sociales de ese tipo llegaron al poder, la mayoría de las veces a través de golpes de Estado que tuvieron un respaldo civil cimentado en el miedo y el odio.
La mayoría de la oposición, por más crítica que sea con el Gobierno, no piensa de esa manera. La polarización cada vez más fuerte que están planteando los medios hegemónicos está fomentando la conformación de una tercera fuerza a nivel nacional como expresión de una derecha muy clara alrededor del jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. El peronismo expresado en el kirchnerismo y sus aliados peronistas y no peronistas conformarían una fuerza; el socialismo y el radicalismo necesariamente quedarían en una intersección que los presionaría a la unión, y en un tercer andarivel, la ideología mediática de confrontación desesperada ha actuado como la ambulancia que recoge a los heridos de los ’90: restos del menemismo y el duhaldismo, de la derecha radical, candidatos mediáticos y partidos provinciales conservadores tenderían a delinear la primera formación nacional de derecha clara, alrededor del PRO, un heredero de la vieja UCeDé. Estas expresiones, inclusive la de los chicos que preguntaron en Harvard, entre los que había un ex funcionario de Esteban Bullrich y un activista homofóbico que realizó una fuerte campaña virtual en contra del matrimonio igualitario, son parte de este nuevo y viejo componente del escenario político. Nuevo porque sería una novedad la conformación a nivel nacional de esta corriente de derecha como fuerza competitiva electoral. Y vieja, porque se identifica con todos los componentes ideológicos de la antigua derecha liberal.

DECLARACIONES DE HUGO YASKY ANTE EL DISCURSO DE CRISTINA EN LA ONU -

"Sentimos orgullo al escuchar a quién representa a todos los argentinos"


Tras el discurso que brindó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante la Asamblea de las Naciones Unidas, el secretario general de la CTA, Hugo Yasky expresó:

 “Hoy los trabajadores de esta Central sentimos orgullo al escuchar a quién representa a todos los argentinos, denunciar con valentía la hipocresía de quienes desde el Fondo Monetario Internacional pretenden seguir imponiendo recetas de ajuste a los pueblos del mundo para resolver la crisis que generaron sus mandantes, los dueños el capital financiero”. Yasky además señaló que: “Desde la CTA nos sentimos plenamente representados cuando sin pelos en la lengua la Presidenta señaló que “no seremos economistas pero no somos tontos: sabemos que estos movimientos significan gigantescas trasferencias de recursos ” de los que menos tienen a los que más tienen”. “Sería muy bueno que tomaran nota los deformadores de opinión de los grandes multimedios que como un coro de cipayos festejaron una y otra vez la amenaza de la tarjetita roja para la Argentina por parte de la presidenta del FMI. En ese sentido, compartimos con Cristina Fernández, a pesar de que podamos ponernos en contra de Maradona, aquello que “el rol del presidente de la FIFA ha sido mucho más satisfactorio que el rol del FMI”, sostuvo el titular de la CTA. Además manifestó: " Fue muy buena la referencia que “la argentina durante la década del noventa fue exhibida como un ejemplo de lo que había que hacer”. Para los desmemoriados, que parecen haber olvidado como quedó nuestro pueblo después del 2001, no pueden dejar de tomar nota de la frase en la que la Presidenta hizo mención a que “cuando hablamos de esto, lo hacemos desde el conocimiento de haber sido conejillo de india de las políticas neoliberales del consenso de Washington”. Por último, el secretario general de la CTA destacó que: “Tras el discurso recibimos mensajes de las principales centrales sindicales hermanas de la región identificadas con la valiente denuncia de la Presidenta de nuestro país y solidarias también con la afirmación de que debe terminarse con el colonialismo Británico en Malvinas”.

¿Qué te pasa Daniel Martínez? - COMUNICADO DE PRENSA - Edgardo Depetri


Nos resulta extraño y lamentable que Daniel Martínez, “Rector electo a dedo en el 97” de la Universidad de la Matanza salga de manera lastimera a prestarse a la operación mediática montada por el Grupo Clarín y sus satélites. Es lamentable que semejante personaje olvide que hace poco tiempo nuestra Presidenta estuvo en Villa Palito inaugurando 923 viviendas de lo que antes era una villa miseria.

 Parece que el “Rector a dedo” se olvidó del dolor de miles y miles de matanceros que no tenían agua potable y hoy gracias a Néstor y Cristina la tienen casi en su totalidad. Parece que el “Rector a dedo” olvidó que desde el 2003 a la fecha no deja de crecer la cantidad de nuevos ingresantes a las viejas y nuevas Universidades. No lo escuchamos en la década del noventa cuando gobernaban Menem y Duhalde sentirse dolido por tanta miseria y desocupación. ¿Será que el “Rector a dedo” es incapaz de sintonizar la fina ironía de la Presidenta a favor de los matanceros o estará soñando en ser candidato a diputado de la mano del Grupo ilegal y monopólico? ¿Será que lo conmueven los matanceros o que es parte de la oposición destituyente que encabezan el Grupo Clarín, el Pro y Cecilia Pando? ¿Le escribirán el libreto los mismos que le bajan línea a los “becarios de la abundancia” en Harvard? ¿Será del Pro o cliente del estudio jurídico Perez Alati, Grondona, Aramburu y Martinez de Hoz? ¿Le pedirá consejos a Ciro James y Macri? ¿Qué te pasa Daniel Martinez? Cuando nuestra Presidenta se planta ante los poderosos del mundo con dignidad y valentía, algunos personajes se suben al tren fantasma conducido por Magnetto y se prestan al show montado por quienes solo defienden sus intereses corporativos contraponiéndolos con los de nuestro pueblo y los de nuestro Patria. Nosotros estamos orgullosos de tener como Presidenta a Cristina porque se planta en la ONU, en Harvard o donde sea a defender a los 40 millones de argentinos porque es la síntesis junto a Néstor de las mejores experiencias de nuestro pueblo. Fuerza Cristina. Unidos, organizados y solidarios seguiremos transformando nuestro país y Latinoamérica.

Una larga primavera kirchnerista


Por Jorge Giles

 Hay varias cuestiones para analizar, tratando de entender lo que nos viene pasando.

 El sistema político argentino estalló en diciembre del 2001.

 Lo admiten todos los dirigentes partidarios y mediáticos, de la boca para afuera.

 Pero resulta que el movimiento nacional y popular, primero de la mano de Néstor Kirchner y después de Cristina, fue el único espacio social que logró reconstruir su tejido, interpretar el momento histórico  y transformar la realidad.

 Los demás sectores y actores, sin excepción, siguen volando por el aire sin poder dar pie con bola.

Otra cuestión.

 El kirchnerismo es la suma de las clases medias, los trabajadores y los sectores más humildes de la sociedad. El proyecto de país liderado por Cristina los amalgama a todos con políticas de gestión de gobierno y con la dinámica que le imprime a la etapa la creciente participación de la juventud.

 Sin embargo, o quizás porque saben que esta descripción es la pura realidad, el Grupo Clarín instala la falsa idea de que en los cacerolazos “se expresa la clase media” como un todo. Falso de toda falsedad. En esas concentraciones llenas de odio y vacías de propuestas, se expresan las clases más ricas acompañadas, como históricamente pasó, por sectores reaccionarios que por derecha o por “izquierda” aprovechan la volada para subirse a la carroza.

 Otra.

En una democracia cada vez más participativa y con un gobierno que representa genuinamente sus intereses y que demuestra tener muy en claro hacia dónde va, los pueblos no retroceden. Avanzan siempre. Es entonces cuando la memoria colectiva se expresa en las franjas juveniles y no en la franja etaria más envejecida culturalmente.

 El poder monopólico lo sabe y por eso mismo, utiliza la campaña del miedo y el desánimo en los intersticios de cada coyuntura para desbaratar la participación juvenil cada vez más significativa.

 Otra.
Las movilizaciones sociales, sean estas pequeñas, medianas o masivas, están en condiciones de mover el amperímetro de la realidad cuando son capaces de entusiasmar a un grueso de la sociedad en torno a tres o cuatro ideas centrales propositivas y superadoras del cuadro institucional que se está cuestionando y condenando.

 ¿Alguien escuchó alguna idea nueva y superadora de la oposición en sus distintas versiones parlamentarias o caceroleras?

 Otra.
 La América latina se mueve desde hace unos cuantos años a esta parte, Lula, Chávez y Kirchner mediante, del centro hacia la izquierda. ¿Cómo correr entonces por esa franja a un gobierno como el de Cristina? De manera tal que los únicos espacios que siguen vacíos para ocupar, son del centro hacia la derecha. Y siguiendo con este razonamiento, se impone otra pregunta: ¿Dónde está él o los dirigentes opositores con lustre “republicano” que puedan competir con alguna chance en esa competencia?

 La derecha agotó su cantera cuando se quedó sin cuarteles, sin la época dorada del neoliberalismo, sin juego decisivo en su entrismo peronista o radical.

 Para peor de males, hoy está bajo la mira de la ley y la democracia su principal conducción: el Grupo monopólico de medios.

 No les alcanza con el rezago de los que vendieron su alma al diablo, los ex combativos del sindicalismo, devenidos en burócratas que responden al comité central del Clarín.

 Ahora, repasemos.

 El kirchnerismo no es un partido político. Es un movimiento forjado por la sociedad en una encrucijada histórica.

 Si las revoluciones se producen en los callejones sin salida, como decía Bertolt Brecht, Néstor Kirchner fue el que mejor comprendió por dónde se salía de esos callejones en los que estaba la Argentina a finales del siglo XX y principios de este. Por eso, salimos del encierro y la crisis terminal de aquel capitalismo prebendario y financiero del 2001.

 Y allí ya no se vuelve.

 La oposición plantea, como un eco vago de Clarín y La Nación, volver como si nada a ese pasado.

 El movimiento nacional, popular y democrático combina tres factores que, al estar en armonía, resultan imbatibles si no se pierde la paciencia ni se asusta nadie en la primera de cambio.

 Tiene el mejor y más representativo cuadro dirigente del país; hablamos de Cristina, obvio.

 Tiene el mejor y más cohesionado equipo de gobierno para la etapa.

 Y tiene razones muy profundas para seguir ganando, como lo viene haciendo, la batalla cultural del Bicentenario.

 Pase y compare, como dicen los carteles de las tiendas.

 ¿Dónde está el dirigente lúcido que ofrece la derecha para competir en democracia, es decir en las urnas?

 ¿Dónde está el equipo opositor que gobierne mejor que el gobierno kirchnerista? ¿El rejunte del naufragio de la Alianza radical? ¿El rejunte del menemismo duhaldista y el macrismo que no acierta una en la única ciudad grande que gobierna?

 ¿Y dónde están las razones ideológicas, políticas e históricas que asisten a los movidos y promovidos por Magnetto y el diario de los Mitre?

 No habrá esta vez otra batalla de Caseros.

 Esta vez es cultural la batalla. Se trata de confrontar civilizada y democráticamente, ideas, argumentos y vivir cada día mejor que el anterior.

 De eso se trata. De vivir mejor. En una sociedad mejor. Más igualitaria. Más justa y soberana. Más latinoamericana. Y en eso el kirchnerismo le saca varios cuerpos de ventaja a la oposición al saber leer correctamente el proyecto de país que le hace bien a la Argentina.

 El kirchnerismo, mal que les pese a algunos, no está enamorado de manera narcisista del proyecto de su ombligo partidario.

 Un dato que lo ilustra: mientras la oposición suma a los Moyano, el gobierno propone a Martín Sabbatella.

 Vaya con la diferencia.

 La oposición irá de tumbo en tumbo hasta que pueda encontrar un sistema de ideas más complejas en términos políticos y las pueda expresar sencillamente en un nuevo espacio democrático electoral que lo vuelva comprensible para un conjunto social.

 Hasta que ello no ocurra, la democracia seguirá fortaleciéndose como hasta ahora, en torno a un modelo de desarrollo inclusivo y a un proyecto de país integrado a la región. Y de eso se hace cargo el gobierno de Cristina.

"Ya tenemos resuelto el 2015: o es Cristina o es el que diga Cristina"


Edgardo Depetri afirmó que "jamás estuvo en discusión" la realización de una contramarcha para responder a las protestas que se registraron el jueves pasado en la ciudad de Buenos Aires y algunos puntos del país, y señaló que quienes publicaron esas versiones buscan "generar niveles de confrontación o polarización".
 


"Jamás estuvo la discusión de hacer una contramarcha. Lo que estamos haciendo es construyendo fuerza propia, de cara a la sociedad, trabajando en el debate político y social, acompañando a la Presidenta, pero jamás enfrentando a ningún sector que aparezca en el debate político argentino", dijo Depetri en declaraciones a radio La Red.

 Para el diputado del Frente para la Victoria, con este tipo de versiones periodísticas "se intenta generar niveles de confrontación o polarización, y son análisis políticos que intentan generar un título, pero no tienen nada que ver con la realidad".

 Según Depetri, en las protestas del jueves se escuchó "un discurso muy duro, muy descalificante" de parte de "sectores claramente enfrentados con el gobierno nacional, que son los mismos que cacerolearon con (Juan Carlos) Blumberg, con la (resolución) 125 y el campo, contra la ley de medios". "Hay un hilo conductor de un sector social que ha votado en contra del Gobierno y se ha movilizado en cuanta marcha se planteó en contra de este modelo nacional", sostuvo.

 Ante una consulta sobre una eventual reforma de la Constitución, Depetri aclaró que "no hay de parte de la Presidenta ni de ningún integrante del Poder Ejecutivo ninguna decisión de impulsar el tema" y señaló que las opiniones en favor de esa iniciativa son "a título personal". "Nosotros ya tenemos resuelto el 2015: o es Cristina –si quisiera- o es el que diga Cristina", planteó el legislador kirchnerista y agregó: "Nadie puede tirar candidaturas por afuera de la conducción y de la decisión de la Presidenta de la Nación".

La "Noche de los Lápices" y el voto a los 16

Agrupaciones kirchneristas y estudiantiles realizaron un acto a 36 años del secuestro de estudiantes en La Plata, con un fuerte protagonismo de la juventud que se expresó a favor del voto a partir de los 16 años





Con fuertes consignas de respaldo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, otras a favor del voto a partir de los 16 años y algunas contra el Gobierno de la Ciudad por su política educativa, miles de personas se movilizaron hasta una de las esquinas de la Plaza de Mayo para reivindicar fundamentalmente el rol que ocupan los jóvenes en la sociedad de este domingo.


En el escenario, los protagonistas fueron los estudiantes secundarios de todo el país y dos sobrevivientes de la Noche de Los Lápices, Pablo Díaz y Emilce Moler, quienes junto al diputado nacional Horacio Pietragalla (Frente para la Victoria) conformaron la lista de oradores de la jornada.




Al tomar el micrófono, Pablo Díaz evocó la memoria del fallecido ex presidente Néstor Kirchner, y contó que "antes de que sea presidente me junté con él en La Plata, y me dijo que ya no estaba solo. Yo le dije que no era militante político de ninguna agrupación, sino más bien un referente de los derechos humanos. Él me retó, porque me quería como militante político".

"Yo le dije que quería que los chicos, mis compañeros de aula aparecieran. ¿Y qué hizo? Un proyecto nacional y popular para que yo vuelva a militar. Los incorporó a ustedes (los jóvenes) al proyecto para que los chicos de la Noche de Los Lápices vuelvan a aparecer", sostuvo sobre quien lo "alentó" a dar su testimonio en juicios contra los represores que "nos persiguieron por ser militantes populares".




"Tenemos por delante que cumplir el sueño de una generación, de los hombres de bien, que es el de una sociedad que nos contemple a todos y donde no haya ningún compañero con las necesidades básicas insatisfechas. Somos militantes populares y tenemos un proyecto que contempla a todos los argentinos. Y tenemos referencias políticas que ponen en la mesa lo que hay que poner", concluyó.

Por su parte, Moler se dirigió siempre a los jóvenes y aseguró que "estamos tranquilos de poder transitar junto a ustedes este proyecto y esta maravillosa Argentina que tenemos para adelante", a la vez que sostuvo que "a esa fuerte convicción que tuvimos nos encontró un Gobierno que escuchó e hizo carne la lucha de los derechos humanos, y que hace que este nuevo país sea posible".






Sobre aquella noche de 1976, en la que fueron secuestrados siete jóvenes estudiantes de entre 16 y 18 años, en su mayoría militantes políticos, Moler evocó que los militares "nos robaron la adolescencia, dejamos de ser jóvenes y pasamos a ser subversivos, presos y la peor lacra de la sociedad. Pero después fuimos militantes de derechos humanos, querellantes y víctimas".

"Tuvimos que oponernos a una sociedad que no nos quería escuchar. Pero este domingo realmente se puede hablar y veo en ustedes lo que es ser joven, y estoy aprendiendo a serlo, a recuperar esa juventud que nos arrancaron. Fuimos en esos años lo suficientemente maduros como para oponernos a una dictadura", agregó.

Y concluyó: "Por suerte ahora tenemos la posibilidad y el espíritu de poder entender el proyecto y saber de qué lado tenemos que estar. No me equivoqué en el 76 en luchar contra la dictadura, no me equivoqué al oponerme contra las privatizaciones, y no me equivoco de estar de este lado del proyecto".



Por su parte, el diputado nacional y nieto recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo, Horacio Pietragalla, dijo al reconocer a otros nietos presentes en el acto que, "cada vez que vemos a algún nieto de un desaparecido vemos a nuestros viejos, con esa frescura y rebeldía de militancia".

"Recuerdo una frase de Cuba que decía, y esto es para (el jefe porteño) Mauricio Macri que cree que todo se impone, que `la juventud sin rebeldía es una falla de la naturaleza`. Esto es un acto natural, porque sin rebeldía no hay cambio", agregó el legislador nacional, acompañado por otros dirigentes kirchneristas. 



En tanto, Nicolás Ritacco, referente de la Juventud Sindical, anticipó que el secretario general de esa organización y diputado nacional por el Frente para la Victoria (FpV), Facundo Moyano, acompañará con su voto positivo la sanción del proyecto de ley que propone fijar el voto optativo a partir de los 16 años.

Asimismo sostuvo que "hay que incorporar a los jóvenes no sólo en términos jurídico-formales, sino también en términos sociales para que todos puedan comer, estudiar y tener un trabajo formal", y agregó: "¿Cómo no va a haber democracia si estamos debatiendo que los jóvenes de dieciséis años pueden votar?".



Entre los dirigentes que acompañaron con su presencia el acto se encontraban el diputado nacional Andrés Larroque; el titular del bloque kirchnerista en la Legislatura porteña, Juan Cabandié; el embajador argentino en Bolivia, Ariel Basteiro; el secretario general de la CTA, Hugo Yasky; el titular de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, entre otros.

La militancia estuvo organizada y representada por agrupaciones de La Cámpora, Frente Trasversal, JP Evita, Nuevo Encuentro, MILES, Kolina, JP Descamisados, Peronismo Militante, Corriente Peronista Descamisados, Partido Comunista, entre otras.