FERNANDO BUEN ABAD: "EN EL CONTINENTE HAY OCHENTA LANATAS"

El filósofo de origen mexicano analizó la situación de América Latina. Reflexivo y profundo aseguró que “la arremetida que viene contra Cristina va a ser infernal”. Consciente de las dificultades que acarrea, pero también de la importancia que tendría reclamó una cumbre de presidentes en materia de comunicación y sentenció: “Los monopolios mediáticos están detrás de todos los golpes de Estado que hemos tenido”.


Por Héctor Bernardo (REVISTA 2016)

Entre muchos otros aspectos de su desarrollo académico y profesional, Fernando Buen Abad es doctor en Filosofía, master en Filosofía Política, licenciado en Ciencias de la Comunicación, docente de grado y postgrado en materias de Semiótica, Cine, Producción. En charla con Revista2016, este intelectual de origen mexicano que hoy reside en Buenos Aires habló sobre cómo, desde su campo de estudio, analiza la realidad latinoamericana, la problemática comunicacional de la región, y fue contundente al asegurar que Jorge Lanata “es un calumniador serial”.
-¿Cómo analiza la situación actual latinoamericana?
- Primero hay que decir que yo trabajo desde el campo de la filosofía, y para mí esa palabra es sinónimo de lucha. En ese sentido, entiendo que el concepto de lucha es una categoría fundamental para todos nosotros, por lo que debemos identificarlo y analizarlo donde se presente. Ahí donde haya una expresión de la lucha, ahí donde haya un cauce por donde se libere esa expresión, ahí hay que poner la mirada.
El siglo XX, con el desarrollo de los medios de comunicación, nos ha aportado una experiencia que ha ayudado a enriquecer el estudio de las luchas. Algunos llaman a este escenario “civilización de la imagen”.
-Esas luchas han generado la reacción de los sectores conservadores. Reacción que en algunos casos ha sido muy violenta.
- Esto que defino como los torrentes expresivos de las luchas también ha presionado a los viejos estamentos. El capitalismo todo está en una crisis global. Se están cayendo a pedazos las fórmulas que se consideraban intocables. El modelo económico capitalista ha demostrado su envilecimiento, ha perdido lo que tuvo de revolucionario cuando sacó a la humanidad de la edad media. Hoy ha frenado toda su capacidad de transformadora y se ha vuelto maquina destructora.
Esto se da porque por debajo los pueblos están insatisfechos, porque no puede ser que la riqueza esté tan pésimamente distribuida, que se esté depredando la riqueza del planeta de una manera tan insensible, tan irracional, tan suicida. No es posible que un planeta que es capaz de producir alimento para cuatro veces su población tenga las manchas de miseria y de hambruna que tiene. Y esta crisis estalla producto de la presión de abajo. Presión que se da contra un sistema que de por sí está incapacitado para darle espacio a una gran mayoría.
-¿Esta crisis del capitalismo es terminal o es, como han planteado algunos filósofos, como un árbol que se deshoja por partes y que después vuelve a florecer?
- Soy de los que creen que esta es una crisis terminal. Coincido con la mirada que han expresado Correa, Chávez y Evo en el sentido de que esto no tiene compostura. No es que sea una parte del sistema lo que anda fallando, es el sistema mismo el que no tiene posibilidades de sobrevivencia. En su propia lógica está contenida su incapacidad de sobrevivencia. El punto es que no se cae sólo y eso es muy claro, hay que tener la capacidad organizativa, hay que tener la capacidad política, hay que saber salir de esta crisis de dirección revolucionaria que la humanidad padece. Todavía el traccionarse, el sectarismo, la atomización de la fuerzas son nuestra enfermedad más grande.
Los pueblos que han logrado un mínimo de cohesión son los que están dando el ejemplo de por dónde se puede avanzar.
-¿Esas crisis terminales, no suelen provocar miedo al punto de volver conservadora a gran parte de la sociedad?
- Sí, y con razón. Todos nos espantamos y decimos: “¿qué va a pasar con esto?”. Hay personas que son solidarias con el capitalismo y que derraman una lágrima cuando piensan que se va a caer. Pero tiene que ver con las deformaciones a las que hemos sido sometidos, con el bloqueo informativo y con la ignorancia. Buena parte de los miedos vienen de la ignorancia.
Imagínate que hoy en Buenos Aires hay personas que tienen pánico de salir a la calle porque está toda esta avalancha de desinformación que dice que te mueres, que en la esquina te asaltan cuarenta, y todos los que salimos decimos: “Pues debe ser que sí es un problema serio la inseguridad, pero no es ese Apocalipsis que pintan algunos medios”. Sin dudas que el terrorismo mediático juega un rol clave.
Una buena autocrítica implicaría preguntarnos por qué las fuerzas transformadoras, revolucionarias o de izquierda no hemos podido construir prestigio para nuestras ideas.
-Al analizar ese problema, ¿usted haría hincapié en lo discursivo?
- Sí, pero no solamente en el discurso, porque el relato tiene que ver con la acción. Si no hay correspondencia con los hechos, el relato por sí mismo acaba siendo ficción, evasión, ilusionismo. Creo que tiene que haber una correlación de avance político y en lo económico que tiene que estar acompañado de una construcción correcta del relato.
Por ejemplo, en Venezuela hay grandes avances en distintas actividades, pero no nos enteramos porque hay un bloqueo mediático brutal. Sumado a eso, hay grandes operaciones mediáticas, como la de este hombre que se hace llamar “periodista”, de apellido Lanata, que es un calumniador serial. Eso nos genera un gran problema, que es que el relato sobre los verdaderos logros no llega a darse.
La problemática comunicacional, por lo que nos bloquea, por lo que nos silencia, por lo que nos hunde en la ignorancia es un problema de seguridad regional.
Las cadenas mediáticas, los monopolios mediáticos están detrás de todos los golpes de Estado que hemos tenido. Hace unos meses, Manuel Zelaya me decía: “Mira, en lo que va del siglo XXI ya son siete los golpes de Estado en América Latina y atrás de todos: la operación mediática”. Los imperios mediáticos amenazan a Chávez, a Correa y a Cristina. O sea, es un escenario de complejidad continental. Por eso he venido insistiendo en una cumbre de presidentes en materia de comunicación. Es indispensable, como así también lo es un foro social de la comunicación que permita abordar los temas urgentes.
-¿Qué implicaría realizar esa cumbre de presidentes sobre comunicación?
- Por un lado, son muchos los millones de dólares que transferimos anualmente por razón tecnológica. Si nos volviéramos compradores organizados tendríamos fuerza política. Sólo hay que imaginarse lo que sería planificar las compras de tecnología para América Latina sobre un proyecto de desarrollo comunicación continental. Junto a eso discutamos leyes, porque el problema de los avances jurídicos en materia de comunicación es que están todos atomizados; Correa hace unos por allá, Chávez hace otros por su lado y Argentina por el suyo. Sería fundamental una gran alianza constitucionalista a nivel continental que nos dejara levantar el derecho de comunicación al nivel de derecho humano fundamental para que no se pueda seguir manejando como mercancía, como propiedad privada. Eso significaría un salto cualitativo.
Otro aspecto de la problemática dura para una cumbre de presidentes sería el problema de la soberanía de contenidos. Todavía no somos capaces producir nuestra agenda. No hay unidad continental de agendas. Ahorita mismo, si pudiéramos hacer una estrategia comunicacional de medios alternativos y comunitarios y de medios servicios públicos de los gobiernos podríamos advertir sobre la arremetida que viene de acá a diciembre contra Cristina, por la Ley de Medios, que va a ser infernal. Hoy el derecho legítimo de la población a escuchar a la Presidenta hablar en cadena nacional es un frente de críticas que no hemos sabido cómo contestar.
-Recientemente se dio que Jorge Lanata, en el programa que tiene en canal 13 y en su columna en el diario Clarín, realizó un ataque muy duro hacia el Presidente Chávez. Al mismo tiempo, la cadena TN difundió una supuesta encuesta que daba ganador a Capriles por tres puntos, cuando hasta las encuestadoras de la oposición reconocen que Chávez estaría entre 10 y 15 puntos arriba de su rival. ¿Cómo evalúa que en Argentina el medio monopólico más importante se haya metido de lleno en la campaña electoral venezolana?
- En realidad no es solamente Argentina. En esta danza está el Grupo Prisa de España, que es uno de los principales inversionistas en Repsol; está metida la British Petroleum, que tiene proyectos de inversión y explotación en todo el continente; está la CNN, Televisa de México, Globovisión de Venezuela, O Globo de Brasil, El Mercurio de Chile, Caracol de Colombia, y Clarín y la Nación de Argentina. Es decir, todo el catálogo de los medios golpistas en América Latina, todos están ensamblados en el mismo acuerdo. Cualquier cosa que anuncia Alberto Ravel (propietario de la cadena Globovisión) en Venezuela, la repite TN en Argentina y la levanta el Grupo Prisa en España. El mismo discurso lo replican continentalmente a través de sus distintos Lanatas, porque en el continente hay ochenta Lanatas, como hay ochenta Grondonas. Se repite ese esquema porque en todos lados necesitan voceros de ese calibre de servilismo.
La matriz se basa en decir que Chávez es un dictador, que es ineficiente y que profesa un autoritarismo de tufo comunista procubano –lo cual asusta mucho a ciertos sectores del gorilismo en todo el continente–,  aseguran que todo está crispado porque hay excesiva inflación y violencia y que Chávez tiene una cómplice que se llama Cristina, a la que le da órdenes como si fuera su jefe. Esa es la matriz con la que trabajan en todo el continente. Eso tiene un tufo al modelito Siria, al modelito Libia: fabrican algunos focos de supuesta insurrección de un pueblo que dicen que está harto de todo eso y en lugares como Zulia o Táchira siembran episodios insurreccionales, porque mercenarios para eso sobran. Y no estoy hablando de situaciones ficticias, acaban de detener en Venezuela a varios hombres que son de este perfil, formados en Estados Unidos, con experiencia de actividad terrorista, que se paseaban  por esa zona.
Para ese modelo necesitan estigmatizar a Chávez y eso produce repudio generalizado y miedo en aquellos que muerden ese anzuelo. He conversado con jóvenes que ni la deben, ni la temen; ni se enteran, ni saben, pero tú les preguntas qué piensan de Chávez y sin saber nada te dicen que le tienen miedo, que es un dictador y que es un autoritario, y cuando les cuentas el ejercicio democrático que tienen en Venezuela no te creen, porque no les ha quedado margen para darle crédito a eso.
- Los grandes medios también han construido un estereotipo del nuevo referente de la derecha, como es Peña Nieto en México, Capriles en Venezuela, Macri en Argentina…
- Y Santos en Colombia y Piñera en Chile. Todos tienen esa impronta de yupis, jóvenes empresarios, pulcros de la moral del capitalismo joven, algunos llegan a decir que son progresistas,  incluso juegan con vocabularios que no les son propios. El mismo Capriles dice que él es un hombre progresista, que tiene ideas de izquierda…
- En algún momento llegó a decir que su referente es Lula.
- Sí, y ya Lula dijo “¡No, por favor!”. Pero como te decía, el problema no es lo que ellos digan, el problema es cómo nosotros podemos contrarrestar esa ofensiva. Buena parte del trabajo es el archivo, la historia de estos personeros es absolutamente negra. Peña Nieto es el autor de uno de los actos represivos más terribles que México ha vivido en los años recientes, puso en evidencia las nuevas técnicas de la represión, que incluyen la violación de las mujeres por parte de la policía. No se nos va a olvidar Atenco. Estos tipos son criminales. Pero la protección que ha tenido por parte del aparato mediático mexicano - que es una de las mafias mediáticas más brutales de América Latina-  ha sido enorme.
Yo estoy convencido de que la alianza que va a hacer Peña Nieto con Santos y con Piñera, y probablemente con el presidente de Perú, Ollanta Humala, implique que estos cuatro países -que tienen tratado de libre comercio con Estados Unidos- se asocien para proponer que se resucite el cadáver del ALCA, que está enterrado aquí en Mar del Plata, que está sepultado porque Néstor Kirchner tuvo la fortaleza de decirles: “no nos prepoteen”. Pero estoy convencido que estos personajes van a venir a tratar de levantar su zombie, que tal vez tenga otro nombre, pero el mismo propósito.



Cacerolas, representación y liderazgo




Por Edgardo Mocca
Las marchas de protesta del 8 de noviembre fueron más numerosas que las anteriores del 13 de septiembre. El dato no es en sí mismo ni novedoso ni sorpresivo; es un producto del atractivo de una iniciativa exitosa y de enorme repercusión mediática. No indica necesariamente el vuelco de nuevos contingentes hacia una posición contraria al Gobierno, sino un mejor clima de movilización, un mayor entusiasmo en el interior de los sectores sociales ampliamente predominantes en la composición de estas acciones.
Un poco más significativo es, en cambio, el mayor grado de organización fácilmente perceptible en la puesta en escena de la protesta. Más moderación en las consignas que portaron los carteles y menos agresividad en los estribillos que se cantaron. Contra el lugar común tecnocéntrico que exalta el prodigio espontáneo del que son capaces los navegantes de las redes sociales, el hecho revela la existencia de formas muy concretas de dirección política del movimiento. La moderación, como se cansaron de aconsejar los “espontáneos” ámbitos donde se elabora el guión de estas manifestaciones, es necesaria para evitar la construcción de una imagen de odio e intolerancia factible de ser aprovechada por el Gobierno y sus adeptos. Nada que tenga por qué escandalizar a nadie: las nuevas configuraciones comunicativas pueden producir muchos milagros, pero no logran eximir a la acción política de la necesidad de contar con estructuras que las sustenten y les provean orientaciones generales. Claro que asumir la existencia de nodos centrales con roles de conducción en el idealizado universo de las redes sociales resulta incómodo para aquellos que construyen sistemáticamente la irreconciliable antinomia entre lo político como manipulación y lo espontáneo como expresión pura de la voluntad de “la gente”.
El repertorio de las consignas transitó, entonces, el último jueves el territorio de lo políticamente correcto. La libertad, la unión entre los argentinos, la democracia, el respeto por la ley ocuparon un curioso lugar en una manifestación claramente inscripta en una batalla cuyo único sentido conocido es la expresión del rechazo al gobierno nacional. Es decir, una movilización claramente antagonística, envuelta en el ropaje de valores abstractos, casi imposibles de contradecir desde la perspectiva de un ánimo de convivencia social civilizada. No faltó un cartel que rezara “basta de matar”, en lo que constituía de modo evidente un alegato dirigido a los autores de homicidios: el Estado puede, en el mejor de los casos, mejorar el nivel de protección de sus ciudadanos, pero de ningún modo eliminar el crimen. En el terreno de la demanda política sobresalió el reclamo contra la inflación y contra la inseguridad, en términos tan abstractos que difícilmente se pudiera estar en desacuerdo. En el mismo sentido, se demandó “libertad de expresión”, pero, curiosamente a pocos días de la fecha en que caducan las medidas cautelares tramitadas por el Grupo Clarín, no hubo ninguna mención a la ley de medios audiovisuales. Parece que los organizadores consideraron imprudente un encolumnamiento tan explícito con las huestes de Magnetto. Igual que, como decía Borges, el Corán no necesita de la presencia de camellos para adquirir color local, la marcha del jueves podía prescindir de una definición sobre la ley que estaba implícita en su contenido. Todo esto, claro está, no tiene sentido para quien siga creyendo que las marchas no tuvieron organizadores.
La gran pregunta sobre el 8N no es sobre el número de sus participantes, ni sobre su condición social predominante ni sobre el carácter organizado o no de su presencia: son muchos, su composición es de modo abrumadoramente mayoritario de clases altas y media-altas y el contenido de la actividad está organizado. El enigma es cómo impacta en el sistema político. En este punto, el sentido común mediático ha ido trazando su esquema interpretativo: se trata de una masa sin representación política, es necesario que surja un liderazgo que pueda expresarla y dirigirla. Algo así como un movimiento por etapas en la que a la iniciativa “espontánea” se van agregando las condiciones necesarias de representación y liderazgo. Por el tono de las expresiones que pudieron recogerse en la calle –contrariando la orientación de los organizadores de no hablar con el periodismo para no prestarse a la manipulación kirchnerista de sus dichos– la cuestión de la representación y el liderazgo de los movilizados no se presenta tan sencilla ni tan evolutiva. Lo que luce como el punto de unión más verosímil del estado de ánimo de esas multitudes es un ánimo de sospecha respecto de la política. Un rechazo que no es fácil atribuir a la falta de correspondencia de sus reclamos con el discurso público de la oposición: todo el universo antikirchnerista habla un lenguaje muy parecido al de los manifestantes a los que nos fue dado escuchar. Se oponen a la reforma constitucional y a la re-reelección, fogonean el clima de la inseguridad ciudadana, se rasgan las vestiduras con el problema de la inflación, agitan la cuestión de la corrupción en sus episodios reales, más o menos reales, o fugazmente inventados por algunos medios de comunicación, hablan del aislamiento argentino del mundo... No hay ningún desajuste importante a la hora del diagnóstico de las calamidades que estaríamos viviendo y, a pesar de eso, ninguno de los líderes opositores aparece hoy en condiciones de ejercer un liderazgo real sobre el movimiento.
Es que la cuestión del liderazgo aparece reducida a algo así como una tarea de selección de personal empresario, analogía que borra lo específico de la política. Liderar un proceso político es establecer un corte, construir un límite, un recorte de las fuerzas que actúan en una situación concreta. No alcanza para conseguir el sitio del liderazgo, el propósito de agregar aritméticamente voces diferentes que en su suma mecánica inclinarían la balanza en una dirección determinada. Justamente en la palabra “dirección”, en su pluralidad de significados, parece radicar una clave del problema: no hay una dirección dada del movimiento de la marcha hacia la cual tenga el líder que ponerse al frente. No hay una hoja de ruta a cuyo frente haya que colocarse. El líder es el que puede crear esa hoja de ruta. No, claro está, crearla de la nada sino a partir del material que la propia masa provee de modo inorgánico. El liderazgo es un atributo de la hegemonía. Significa la voluntad y la capacidad de construir rumbos, de fijar estrategias y tácticas, de establecer la amplitud y los límites de la unidad a alcanzar. El líder no tiene temor a cortar el cuerpo de la política: no busca el equilibrio mecánico de todo el arco de fuerzas que potencialmente puede seguirlo; más bien pone en tensión ese arco, de modo tal de asegurar las condiciones para dirigir al conjunto. El líder –esto es lo básico– no puede depender de ninguna fuerza ajena para establecer las consignas y los tiempos: es políticamente soberano o no es.
El país vive un liderazgo político específico; es el que nació del vacío y la confusión de nuestro comienzo de siglo. El kirchnerismo es el emergente hegemónico de la indignación de otras cacerolas, de aquellas que en diciembre de 2001 confluyeron con otras urgencias de otros sectores sociales golpeados por el múltiple derrumbe del neoliberalismo. Con el heterogéneo material que proveía la indignación del ahorrista de clase media estafado por el corralito y la desesperación del desempleo y las carencias básicas construyó el fundamento discursivo de su emergencia política. No hizo la suma mecánica de las muchas crisis que estallaron dentro de la gran crisis –la de la moneda, la de la producción, la del federalismo, la del orden político, entre tantas otras– sino que acudió al patrimonio de una añeja tradición política, el peronismo, para darle una inteligibilidad práctico-política a la crisis general. Es decir, no una interpretación académica ni tampoco una simple carta de reivindicaciones sectoriales, sino un relato histórico-político, capaz de darle sustento a una política de reparación de la emergencia y, a la vez de nutrirse de la experiencia transformadora, pensada, cada vez más, como parte de un proceso regional y mundial.
Ningún liderazgo es eterno. La historia, tarde o temprano, los agota, los supera y los sustituye. Pero la sucesión de liderazgos no es un acto arbitrario. Un nuevo liderazgo presupone un nuevo proyecto de país. Un proyecto que puede nacer solamente desde el reconocimiento del país real sin las anteojeras propias de la exaltación de los intereses particulares. Por ahora el movimiento de masas opositor carece ostensiblemente de esa brújula. Luce mucho más capaz de contribuir a la generación de climas de inestabilidad, funcionales a determinados grupos empresarios, que a constituirse como un gran actor colectivo de la democracia. Para el Gobierno, su emergencia es una gran oportunidad para mejorar sus dispositivos políticos y culturales en busca de su autosuperación.

El tema no es el número. Es su composición.




La cantidad de ingredientes analíticos dejados por el dichoso 8N puede ser tan enorme como reducida. Va a gusto de cada quien, según fuere que se prefiera describir o profundizar. Parece un tanto obvio señalar eso pero, a estar por mucho de lo leído y escuchado, no lo es. Si lo que se quiere es profundizar, a nuestro juicio la descripción jamás debe ser cuantitativa. Ni respecto del número de concurrentes, que fue enorme, ni acerca de las consignas que portaron.
De todas formas, antes de ingresar a ese terreno es necesario reparar en cierto dato, furibundamente objetivo, en torno del cual este periodista renuncia a toda pretensión de originalidad. Algunos colegas ya lo señalaron con énfasis gracias al modo en que dejaron servida la bandeja. En su editorial del mismo jueves, el diario La Nación cometió un sincericido. Recordó que su profesión de fe permaneció invicta en defensa de la democracia representativa, y nunca del asambleísmo callejero. Sin eufemismos, el jueves se metió su tribuna de doctrina allí donde se sabe y convocó formalmente a ganar el espacio público frente a lo excepcional de una situación de gravedad extrema. “Actuemos contra el miedo”, señaló. “Es necesario ser valientes cuando lo que está en juego es la República”, dijo el diario desde cuya usina rectora fueron entusiastamente generados y apuntalados cada uno de los golpes militares que sacrificaron al pueblo en nombre de sus privilegios. Ya sin partido castrense, no le quedó más que la renuncia a su escuela ortodoxa de Jockey Club. Llamó a competir en la calle, a poner el cuerpo. Quién te ha visto y quién te ve. Sin embargo, cómo no reconocerle a La Nación su sinceridad brutal. El hermano menor en términos de categoría periodística, de plumas con cierto vuelo, pero muy superior en la extensión de sus tentáculos e intereses afectados, todavía tiene el tupé de jugar a la impolutez del periodismo independiente. Una colega de Clarín escribió que la del jueves fue una “manifestación de gente herida, hastiada, humillada y ofendida”. Por todos los santos, ya que hablamos de una colega que supo militar en la religiosidad del extremismo de izquierda, ¿cómo hace –con qué reacción frente al espejo, digamos– para decir una cosa de esa naturaleza? Si a los ruidosos del jueves les adjudica carácter de penuria semejante, mientras circulaban con una libertad absoluta, amplificados por una virtual cadena nacional de medios privados y estatales, ¿qué tendría que decir del pueblo victimado en la dictadura?
Lo notable, decíamos, es que la colega se anima a incurrir en esa obscenidad desde una pretensión de independencia periodística. Allí, el símbolo de la diferencia entre La Nación y Clarín. El primero quema todas las naves que deban quemarse, incluso violando uno de sus íconos más preciados: de nunca en la calle, que es de zurdos y peronistas, a competir en ella. Oligarquía intelectual-afrancesada, llamaríamosle. Clarín, en cambio, es un busca que vende baratijas pero capaz de seguir poniéndole ficha a la corrección de la inocencia. Oculta esa estirpe feriante por la que todo consiste en no quedarse sin Cablevisión, ya expropiados su negocio futbolístico y sus AFJP. Con ejes como aquél del editorial de La Nación, que suscribió ese “doctrinariamente no me gusta un pito pero está bien, vamos a la calle”; como el de El Grupo, que llegó a ubicar cámara en la central de monitoreo de la Policía Metropolitana para no perderse detalle de delectación con la muchedumbre; como el de los dirigentes político-sinónimos que no se animaron a cacerolear cual tales pero sin privarse de convocar a la marcha, la columna de Sandra Russo en Página/12 del viernes pasado los resumió, a todos ellos, en un título aplastante, indesmentible, casi hasta el punto de no tener necesidad de leer el artículo completo: “Bienvenidos a la militancia”. Porque es eso. No careteen más. No resiste. Imiten a La Nación, que lo editorializó. La dirigencia opositora no se animó a poner la cara, pero sabe que no tiene retorno para disfrazarse. Y Clarín, el cigüeñal supremo con el 7D encima, termina siendo el único que pretende ese candor insuperable de la frase de Osvaldo Soriano puesta en boca de Gatica, El Mono: “Yo de política no entiendo nada, yo soy peronista”.
Queda el lugar para la diferencia entre describir y profundizar. Yendo en ese orden, respetando escrupulosamente el colectivo social que difundió el ideario opositor, la descripción fue y es –y es correcto, de acuerdo con los testimonios recogidos y pancartizados– que una marea humana reclamó a ciegas contra la inseguridad. Por la Fragata Libertad. Contra la inflación. Por la Justicia. Contra la re-reelección. Por la libertad de prensa. Contra la corrupción. Por la libertad y listo. Contra la soberbia de Cristina. Por la República. Contra que un juez otorgue salida condicional a un violador. Por la independencia de poderes. Contra Moreno. Por un Consejo de la Magistratura sin presiones. Contra Boudou. Por la Patria. Contra los planes sociales. Por la bandera argentina. Contra la droga. Por comprar dólares libremente. Contra los vagos y los pibes-chorros que toman cerveza que pagamos todos. Por salir del país si se me canta.
Perfecto. Pero lo que sigue es la ingeniería política de darle a todo eso una resultante que no sea suma cero. O lo que Horacio González definió como una masa abstracta. Encontrarle a esa multitud, sin siquiera examinar su pertenencia de clase media mayormente acomodada, un sentido de comunidad. Algo que exceda a la sensación de individualidades o familias que salieron a marchar no por lo que le pasaría al país sino porque lo que me pasa a mí y a los míos o, aunque repique extremadamente antipático, por lo que los medios me dicen que me pasa. Esto último merece consideración especial porque, como concepto a secas, se presta a tergiversaciones jodidas. Cuando quienes se manifiestan en forma multitudinaria son las masas correspondientes al palo ideológico propio, uno refuta con toda su voz la acusación de que salen a mostrarse por obra de programas de ayuda, viandas, entregas materiales y añadiduras del decálogo gorila. Uno defiende que ganan la calle por convicción, por alegría, por agradecimiento o por bronca auténtica. De última, porque tienen el derecho de hacerlo como clase oprimida y se acabó. Con criterio análogo, mal podría afirmarse que la multitud del jueves salió a protestar arrastrada de las narices por, nada más, la prédica de los medios. Es cierto, sí, que llamaron la atención tantas declaraciones y eslóganes repetitivos, textualmente, de aquello con que los medios machacan. “A Clarín hay que elegirlo todos los días.” “Vengo acá porque presionan a la Justicia.” “No quiero que usen la plata de los jubilados.” “Nos vamos a quedar sin medios independientes.” “Ella dijo que hay que tenerle miedo.” Y otros etcéteras muy tentadores para largarse a decir que esas cantinelas mediáticas son el choripán de la tilinguería. Pero no. No hay que caer en esa tentación. No hay que preguntar quién pagó los globos; ni las banderitas que entregaban de a miles; ni la iluminación del Obelisco; ni las camionetas que repartían latas de dulce de batata; ni el camión con pantalla gigante que proyectaba imágenes de Cristina en discursos editados. Nada de eso, porque nada de eso altera que toda esa gente salió a la calle auténticamente embroncada. Que representó a sus intereses de clase, reales o simbólicos. Que aprendió que salir a la calle es una forma legítima de reclamar. No tienen volumen golpista, porque si lo tuvieran –se copia a Ricardo Rouvier– tendríamos que estar preparando un nuevo exilio. Son, para reiterarse a sí mismo, gente incapaz de tolerar que los de abajo hayan subido un poquito. Y son muchos. Siempre fueron muchos. Son la encarnadura de un país inmensamente rico. Lo demostraron redobladamente. Nosotros, los del palo contrario, también somos muchos. Pero eso no amerita ignorar la magnitud de la gente que el jueves salió a manifestarse en total libertad. Fueron un montón. La 9 de Julio era realmente una alfombra tapizada de multitud. No metamos los goles con la mano. No ignoremos. No minimicemos. Los kirchneristas que secundarizan el número de manifestantes, prendiéndose al cálculo de si cien mil, doscientos mil, medio millón o la cantidad que fuere, le erran fulero al vizcachazo.
El tema no es el número. Es su composición. Es la capacidad de poder unificar consignas, superadoras de estar a favor de la felicidad. Es cuáles y no cuántos pibes les responden a su ambigüedad. Es cuánta gente humilde. Es de quién se agarran. Es que digan cómo. Es que la militancia que asumieron no consista en un 8N cada tanto o en acumular puntos de rating los domingos a la noche. Es si pueden exponer que no quieren ir para atrás. Porque si quieren ir para atrás, hay mucha más gente significativa que está dispuesta a mantenerse adelante.

8N - IMAGENES DE DEMOCRATAS, REPUBLICANOS, DIALOGISTAS, TOLERANTES, PACIFISTAS Y GENTE COMO UNO !!







De clase, organizada, sin impacto electoral

 

 LOS PRINCIPALES CONSULTORES DE TODAS LAS TENDENCIAS ANALIZAN EL 8N
 
Todos coinciden en que fue importante, que tuvo identidad de clase media o alta, que pasó de cacerolazo espontáneo. Pero las diferencias aparecen al hablar de su legado, que va de poco a una mayor distancia con el Gobierno que no se traduce en votos.
 

Por Raúl Kollmann (Pagina 12)

Los principales consultores políticos de todas las tendencias coinciden en algunos diagnósticos –tal vez los más sustanciales– respecto del 8N, aunque mantiene miradas discrepantes en relación con sus efectos sobre el futuro político nacional. La mayoría afirma que la movilización fue esencialmente de clase media, que fue bastante organizada –dejó de ser un cacerolazo, si se toma el término como sinónimo de espontaneidad–, que no tiene una representación política clara y que por esa razón no muestra por ahora un impacto electoral decisivo. En el marco de las discrepancias, algunos consultores destacan que la marcha exhibe un retroceso del oficialismo, mientras otros sostienen que simplemente se muestra en la calle lo que ya existía como antikirchnerismo, lo que, también por ahora, no significaría cambios importantes en la relación de fuerzas electorales. En ese terreno vuelven las coincidencias: casi todos piensan que el oficialismo podría ganar las elecciones de 2013, aunque discrepan sobre los porcentajes que alcanzaría.

Clase media

Manuel Mora y Araujo, uno de los consultores más tradicionales, hoy titular de la Universidad Di Tella, evalúa que el jueves “la clase media, escasamente articulada a través de organizaciones como los partidos, los sindicatos o grupos militantes, ratificó su capacidad de llenar la calle. La práctica de la protesta, definitivamente, no es patrimonio de ningún sector de la sociedad”. Analía Del Franco, de Analogías, considera que “la gran mayoría de los participantes son del mismo espectro social que los del 13 de septiembre. Si bien esta fue una movilización más numerosa, se puede asegurar que no atrajo a otros sectores sociales más que los niveles medios medios y altos. Para sintetizar, se puede decir que su tendencia ideológica es de centroderecha. Eso no implica que el Gobierno no reciba críticas por izquierda, pero no percibo que se hayan sumado al 8N. Tampoco, votantes de CFK 2011 y hoy críticos o defraudados. Nuestros estudios cualitativos muestran que la critica de éstos no los impulsa (aún) a salir a marchar contra el Gobierno”.

La ¿originalidad?

Enrique Zuleta Puceiro, titular de Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM), mide la convocatoria no sólo en términos de los que fueron, sino también en términos mediáticos. “La movilización del 8N no tiene precedentes en la historia de las multitudes en la calle y la razón es simple: se desarrolló en todas las ciudades medias y grandes todo el país y ocupó todos los segundos de todo el encendido radial y televisivo en el prime time entre 19.30 y 22 en todas las señales públicas y privadas”.
Artemio López, de Equis, no le ve tanta originalidad histórica. “Los 200.000 opositores de clase media alta y alta, que ya adversaron al gobierno nacional en octubre de 2011, se movilizaron el 13 de setiembre y el 8 de noviembre pasado, rechazando explícitamente toda representación partidaria y señalando claramente la fragilidad de la oposición política realmente existente.”
“Más allá de las discusiones acerca de magnitud –razona Eduardo Fidanza, de Poliarquía– de las polémicas sobre la composición, procedencia y eficacia política que provoca el 8N, lo que creo más significativo es que refleja la desaprobación mayoritaria a la gestión presidencial. En sí misma la concentración no es capaz de cambiar el curso de los acontecimientos, pero es un indicio del momento político y de las perspectivas que podrían estar abriéndose. Hace un año, en el cenit de la popularidad y el poder electoral del kirchnerismo, era impensable semejante movilización de masas.”
En la mirada de Ignacio Ramírez, de Ibarómetro, “las protestas o acciones colectivas pueden ser analizadas considerando su magnitud, sus consignas, sus métodos de organización y de protesta. La modalidad elegida es elocuente respecto de algunas continuidades actitudinales con el 2001. En este sentido, el cacerolazo evoca inmediatamente imágenes del 2001, cuando se combinó una profunda crisis social y económica con un estallido de nihilismo y descreimiento. La consigna académica más leída y escuchada por entonces era ‘crisis de representación’. Once años después algunos sectores de la sociedad, enérgicamente opositores al kirchnerismo, exhiben una crisis de representación al cuadrado, puesto que se da en el marco de condiciones sociales y económicas completamente distintas, con una sociedad crecientemente politizada y un amplio sector social que acompaña a un proyecto político”.

¿Espontánea u organizada?

Prácticamente todos los consultores evalúan que el 8N tuvo un fuerte nivel de organización. Del Franco lo sintetiza así: “En primera instancia creo que ya no cabe llamarlo cacerolazo, denominación que creo aplicable a manifestaciones con alto nivel de improvisación y espontaneidad. Es sólo una cuestión de denominación y no de evaluación y menos en sentido negativo. Que sea menos espontánea no significa que sea menos legítima”.
Con ella coincide Zuleta: “De espontáneo, estas movilizaciones tienen poco, pero eso no la minimiza ni disminuye en significación y efectos sociales y políticos. Hay que tomar nota: este tipo de movilizaciones rompe con la lógica del balcón, del líder que sale al balcón”.

¿Quién los representa?

Buena parte de los consultores creen que nadie, aunque hay algunas discrepancias. Roberto Bacman es el titular del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP). “Todo parece indicar que no dejó nada nuevo el 8N. En realidad, y en lo que hace al meollo de la protesta es más de lo mismo: críticas al Gobierno, a su accionar, a su orientación y al estilo presidencial. Sin embargo, y al igual que dos meses atrás, se enfrenta a un callejón sin salida: no aporta nada en concreto, se aúna sólo en la crítica, no propone y, para colmo de males, no existe por estos tiempos en la Argentina ninguna fuerza ni dirigente político que pueda capitalizarla. Por el contrario, también se pudieron escuchar críticas a algunos dirigentes que de alguna u otra manera la impulsaron desde las sombras. Hacia el interior de la protesta subyace un arco demasiado heterogéneo, que incluye un variopinto conjunto de segmentos de la sociedad que impulsan reivindicaciones de distinto tipo y tenor.”
Ricardo Rouvier, de Rouvier y Asociados, percibe lo mismo, pero opina que debe mirarse un poco más que la representación política: “Es indudable que así como se expresa la protesta ante un oficialismo fuerte, de voz alzada, definido, decisionista, también deja al desnudo la falencia de una oposición que no da señales de vida. Es posible que este acontecimiento otorgue energía a los adversarios del Gobierno; pero eso se verá en el futuro. Con la marcha, la oposición política mejoró sus ilusiones para el 2013, a pesar de que no pueda convertir en fortaleza inmediata la manifestación callejera. No tiene cómo transferirla a sus consensos”.
En una línea que pone el acento en las debilidades de la oposición, Ignacio Ramírez, de Ibarómetro, sostiene: “Mi hipótesis es simple: el 8N no expresa la debilidad del kirchnerismo sino la debilidad de la oposición. Un sector de la sociedad no encuentra liderazgos capaces de interpretar y representar sus aspiraciones, deseos y valores, y asimismo no percibe alternativas políticas sólidas y competitivas que puedan desafiar seriamente al kirchnerismo. Cuando algunos dirigentes opositores sostienen que la presencia de políticos enturbiaría la protesta, hacen dos cosas: revelan su propia debilidad y fortalecen las mismas matrices que dificultan el fortalecimiento de liderazgos políticos opositores. Para que el 8N produzca un impacto político deberá articularse políticamente, tarea que les corresponde asumir a los partidos y/o dirigentes de la oposición”.
Distinta es la mirada de Del Franco para quien “un referente concordante para estos grupos, es alguien con postura de centroderecha. Macri es quien viene a la mente en forma inmediata. No considero oportunista que trate de capitalizarlo. Por el contrario, si de la Ciudad de Buenos Aires se trata, los presentes el jueves fueron sus votantes en las elecciones a jefe de Gobierno. Ahora tiene el problema de que no representa a quienes marcharon en otros lados”.
En ese terreno, Mora y Araujo apunta que “las clases bajas, los sectores de la Argentina de la pobreza –que obviamente no engrosaron las multitudes del 8 de noviembre– encuentran algunos canales de representación, ejercida principalmente por los dirigentes políticos locales y a través de ellos por los gobiernos locales, provinciales y nacional. Las clases medias, y de ahí para arriba, no tienen más representación: o se sale a la calle o no se tiene voz. Ese es el fracaso de la política argentina, o sea de los políticos argentinos y sus organizaciones”.

Las consignas

“En la última encuesta llevada a cabo por CEOP –relata Bacman– se pueden observar las cinco motivaciones de los manifestantes del 8N: inseguridad, falta de diálogo, corrupción, posible reforma constitucional que habilite la reelección y los controles sobre el dólar. Pero en el mismo trabajo de campo la imagen positiva de CFK se ubica en el eje del 52 por ciento y la aprobación de su gestión alrededor del 50. Entre ellos sobresalen los más jóvenes (18 a 34 años), los de clase baja y los residentes en el Gran Buenos Aires profundo y el interior del país. Y ellos fueron los que no salieron a protestar.”
Rouvier agrega que “la protesta se fundamentó en algunas cuestiones de gestión que pueden ser discutidas y revisadas, sobre todo las que hacen a la inflación y a la inseguridad, pero hay otras de claro perfil conservador; inclusive en sectores medios bajos que se enojan ante la Asignación Universal por Hijo que cobra un vecino. La disponibilidad mayor o menor de acceso a la divisa supone una adaptación ciudadana que todavía no se ha transitado; pero es indudable que los sectores medios sienten que el Gobierno los amenaza, y pone en peligro sus libertades individuales tal cual las proclamó el liberalismo. El valor de lo colectivo, lo comunitario, es el valor por conquistar del kirchnerismo, ante la hegemonía del individualismo, el éxito personal y la competencia salvaje”.

El efecto electoral

Un dato llamativo es que casi todos los consultores, incluso los más alejados del oficialismo, piensan que el Frente para la Victoria tiene todas las chances de ganar las elecciones del año próximo, porque más allá del 8N conserva el caudal electoral necesario para obtener más votos que las demás fuerzas. Lo que sucede es que esos mismos consultores –los más alejados del Gobierno– ponen listones altos: que el FpV no va a hacer una elección parecida a la de 2011 o que no va a tener los legisladores propios suficientes para votar una reforma constitucional. Ambas alternativas son virtualmente imposibles: como resaltó la propia CFK cuando se refirió al tema en Harvard, difícilmente pueda haber reforma si no hay acuerdo con otra fuerza política de envergadura; y la comparación entre los votos en una elección presidencial y una legislativa tiende a ser poco realista. También en esto caen algunos de los encuestadores más cercanos al oficialismo.
En ese marco, no deja de haber polémicas. Para Mora y Araujo “la clase media desafía al gobierno nacional en la calle, y eso significa que el Gobierno pierde sus votos. Los de abajo no están muy motivados para salir a manifestarse, pero posiblemente siguen leales electoralmente. La aritmética más simple preanuncia entonces un serio problema electoral. Ni siquiera conservando el 100 por ciento de los votos de todas las personas que están por debajo de una línea de pobreza, el Gobierno podría repetir los resultados del 2011. En términos del mercado político, el problema parece claro: hoy no hay mucha oferta opositora, pero la demanda la pide a gritos. Y, por lo que se ve, el gobierno nacional conserva a su electorado de abajo pero no quiere ofrecerle nada –o no encuentra qué ofrecerle– a esa clase media que lo ayudó a constituirse y que se declara insatisfecha”.
Fidanza anuncia un declive más pronunciado: “El escenario que veo es el de una lenta declinación del Gobierno que desemboca en el síndrome del pato rengo para la Presidenta. Esto ocurriría aunque el Gobierno ganara las elecciones de 2013. Podría alcanzar una primera minoría en caso de que la oposición permanezca fragmentada. La razón es que no se prevé una recuperación significativa de la economía, como en el período 2010-11. En cuanto a la reforma constitucional con cláusula de re-reelección, parece improbable debido al amplio rechazo popular que suscita”.
López, en cambio, cree que “en perspectiva, el caceroleo opositor nada cambia en el sistema de preferencias electorales manifiesto en octubre de 2011, donde el oficialismo, merced a su gestión y en especial al sostenimiento de los atributos de empleo y consumo obtuviera el 54,11 por ciento de los votos. Se plantea sí una situación crítica para la oposición política hoy incapaz de representar estas demandas ciudadanas y que para colmo, con cada nuevo liderazgo emergente, sigue fraccionándose. Tal el caso de Macri y De la Sota, las dos nuevas figuras visibles del elenco de la opo que cazan votos en el mismo zoológico anti K que ya lo hicieron Binner, Alfonsín, Duhalde, Carrió el 30 de octubre de 2011”.
“Para quienes ven la realidad de la política desde el ojo de cerradura de la competencia electoral –analiza Zuleta– es posible que los cambios sean mínimos. Las multitudes del 8N no expresan tendencias demasiado diferentes de las que en los últimos meses vienen revelando las encuestas nacionales: un empeoramiento gradual de casi todos los indicadores de apoyo y evaluación de desempeño del Gobierno, pero en el plano del voto, el oficialismo conserva lo sustancial de su caudal electoral, ante la ausencia de propuestas y liderazgos alternativos.”

Digan cómo - URTIZBEREA - (En referencia a los caceroleros y a la "oposición" politica de la Argentina)


No digan por un país no sé cuánto, por una provincia no sé qué. Digan cómo. Digan un plan. Digan qué idea. Digan el proyecto. Digan los pasos. No digan para terminar con tal cosa, para continuar con tal otra. Digan cómo. Digan con qué recursos. Digan con qué criterio. Digan con qué medidas. No digan frases vacías. No digan palabras tan generales. No digan “seguridad” si no dicen cómo. No digan “educación” si no dicen cómo. No digan “cambio” si no dicen cómo. Digan cómo. Concr
etamente cómo. Sinceramente cómo. Digan las respuestas; las preguntas las conocemos todos. Digan visiones reveladoras. Digan algo de los pensadores que leyeron, cuáles rescatan, con cuál disienten. Digan qué saben de filosofía política, digan qué saben de los problemas de la gente. Digan qué saben de economía, digan qué recetas ya fallaron y cuáles aún no se han probado. Digan la historia, las causas. Digan cómo saben lo que saben. Digan algo que no ...haya dicho nadie, algo que no sepamos. No digan discursos que no dicen cómo. No digan obviedades. No digan vaguedades. No digan sólo los titulares de las cosas. Digan las cosas. Digan con qué cálculos. Digan de qué manera. Digan con qué medios. Digan por cuál camino. Digan cómo. Específicamente cómo. Técnicamente cómo. Detalladamente cómo. Sabiamente cómo. No digan sólo eslóganes. No digan por arriba. No digan “salud” si no dicen cómo. No digan “vivienda” si no dicen cómo. No digan “empleo” si no dicen cómo. No digan lo que ya escuchamos mil veces, lo que ya sabemos de memoria. Digan una que no sepamos todos. Digan y sorpréndannos por lo ilustrados, por lo preparados, por lo sensibilizados. Digan y sorpréndannos por lo creativos, por lo comprometidos, por lo bienintencionados. Digan lo que quieren hacer, pero digan cómo. No digan palabras recitadas. No digan frases hechas por los asesores de imagen. No digan discursos de cartón. Digan cómo. Simplemente cómo. Claramente cómo. Particularmente cómo. Responsablemente cómo. Digan un plan. Digan qué idea. Digan el proyecto. Digan los pasos. Por cuál camino. Con qué recursos. Con qué criterio. Con qué medidas. Digan cómo. Los estamos escuchando. 

Nadie escapaba a la falta de electricidad - Cómo fue la crisis energética de fines del 88

Derivaciones de todo tipo tuvo la crisis de energía de finales del 88. Asuetos administrativos, canales de TV operando sólo 4 horas diarias, bancos trabajando de 8 a 12 , cena de ministros en Olivos alumbrada por sol de noche y misiones de emergencia a Estados Unidos fueron algunas características. El BANADE, en teoría creado para impulsar el desarrollo, financiaba la compra de grupos electrógenos. La disparada del dólar, el fin del verano y luego la híper hicieron pasar la crisis a segundo plano.


Postal de la crisis: en Casa de Gobierno no se encendía el aire acondicionado. Lo reflejaban Raúl Alfonsín y el secretario de Energía, Roberto Echarte, lo que se repetía en todas las audiencias presidenciales. (arriba) Las medidas del gobierno se llevaban los principales títulos de cada día.


A fines de 1988 la Argentina experimentó una de las peores crisis energéticas de su historia. Conviene repasar a la luz de lo que hoy sucede. Los cortes, que se extendieron por más de cuatro meses, quedaron marcados en la memoria colectiva. 

La escasez de electricidad ya había comenzado en abril de 1988 por lo que se realizaron cortes de luz rotativos de 5 horas por turno en ese mes. Sin embargo, con esas interrupciones no se logró solucionar el faltante energético. El inicio del verano con sus respectivos aumentos de temperatura y la baja potencia de las usinas hidroeléctricas --fundamentada desde el Poder Ejecutivo al «excepcionalmente bajo nivel de embalses y ríos»- agudizó la situación que colapsó cuando quedaron fuera de servicio dos bombas de la central hidroeléctrica de Embalse Río III (a fines de diciembre), también por la salida de servicio de la central nuclear de Atucha y además por un incendio ocurrido en La Pampa que afectó una línea que transportaba energía desde El Chocón. 

  • Responsabilidad 

    Poca fue la suerte que entonces debieron enfrentar los ministros de Obras Públicas,Rodolfo Terragno; de Economía, Juan Sourrouille, y el secretario de Energía,Roberto Echarte, miembros del equipo del presidente Raúl Alfonsín

    Alfonsín declaró «sentirse responsable» de lo que pasaba. En una visita a mediados de enero de 1989 a la Central Nuclear Atucha I dijo: «Hace un tiempo tuvimos que tomar una decisión política, fue cuando llegamos al gobierno. Y somos y nos sentimos responsables de lo que pasa». 

    Por su parte, el subsecretario de Energía, Osvaldo Porteiro, señalaba a fines de diciembre de 1988 que una de las soluciones sería importar energía pero «no nos vende nadie porque están todos con el mismo problema». El clásico «mal de muchos consuelo de tontos». 

    Para coordinar las medidas a implementar se conformó un Comité de Emergencia integrado por representantes de la Secretaría de Energía, del Ministerio del Interior, de la Secretaría de Cultura y de la Policía Federal

    En diciembre de 1988 se anunció un incremento de los precios de 5,7% durante noviembre vaticinando la hiperinflación que vendría después; el Banco Central sacaba al mercado un nuevo bono (una Letra dolarizada que ajustaba por el cambio financiero) y, por el fuerte aumento de precios, las discusiones salariales formaban parte de la agenda, trimestral en aquel momento, de empresarios y sindicalistas. 

    Los cortes no fueron únicamente direccionados al sector industrial sino que afectaron a familias, comercios y empresas por igual. 

    Todo empezó con la medida de adelantar la hora oficial para ahorrar energía el 1 de diciembre de 1988. Unos días más tarde, según el Decreto 1.756 del 6 de diciembre, se restringió a los espectáculos deportivos a «ajustar su desarrollo a los períodos de luz solar». La misma decisión bajo la firma del Poder Ejecutivo señalaba «la reducción de 20% en el consumo de energía por todos los organismos de la Administración Pública, la prohibición de la iluminación con fines ornamentales y la supresión de los trabajos nocturnos».  
  • Cortes programados 

    Sólo seis días después, el lunes 12, comenzaron los cortes programados rotativos en algunas zonas de Capital Federal y Gran Buenos Aires. En principio serían sólo por 15 días, de lunes a viernes, distribuidos en tres turnos de 5 horas de duración cada uno, empezando a las 7 de la mañana. Así, Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires (SEGBA) publicaba la planificación diaria de cómo afectarían los cortes a cada barrio. 

    Ni un mes pasó para que se agregaran los sábados a la programación de los días hábiles, según anunció el 2 de enero en la Casa de Gobierno el secretario de Energía. Tampoco eso alcanzó: una semana después se sumó una hora más y llegaron, de esta manera, a ser 6 horas diarias. 

    A tan sólo 5 días del inicio del año, se decretó el estado de emergencia por el que se otorgó a la Secretaría de Energía la posibilidad de obligar a todos los entes provinciales a cortar el suministro

    La falta de energía eléctrica afectó también el abastecimiento del agua. Fue así como Obras Sanitarias de la Nación tuvo que distribuirla en tanques a las zonas del Gran Buenos Aires

    Otras medidas fueron «la prohibición del uso de electricidad para la alimentación de farolas ubicadas en la vía pública». Con un nuevo decreto del 4 de enero de 1989 se exceptuó a Agua y Energía Eléctrica, a Hidronor y a SEGBA el cumplimiento de las disposiciones referidas a la restricción del gasto público de ese momento, se las autorizó a tomar financiamiento en el mercado interno y se les dio un rápido tratamiento para las solicitudes de importación. 

    Ese mismo día se conoció, luego de una reunión de Echarte con el secretario de la Unión Industrial Argentina, Murat Eurnekian, de la intención de reducir los aranceles al mínimo (en 5%) para casos de compras de grupos electrógenos, decisión que se firmó una semana después, con arancel cero. 
  • Sanciones 

    Los inspectores de la Secretaría de Comercio Interior ya tuvieron su momento de popularidad: desde el 20 de diciembre de 1988 verificaron el cumplimiento de las resoluciones que obligaban a los comercios a mantener las vidrieras y carteles apagados cuando se estuvieran cerrados. En sólo 10 días labraron 507 actas de infracción en Capital Federal por violaciones a la disposición. 

    Con el decreto del 6 de diciembre de 1988 se alertaba de posibles sanciones en el caso del incumplimiento de las medidas establecidas. Así, la norma rezaba que sería«considerada falta grave administrativa» la violación de lo dispuesto. 
  • Pocas inversiones 

    El último día hábil de diciembre, la Asociación del Personal Superior de SEGBA atribuyó la crisis a la «falta de inversiones en materia de generación en los últimos cinco años», expresando que en el período 1984-87 las inversiones en generación alcanzaron a u$s 28 millones cuando en realidad deberían haber sido alrededor de u$s 250 millones

    Es así que al comparar la foto de ese momento con lo actual, la falta de inversiones tampoco representa una novedad. De esa manera, la Secretaría de Energía evaluaba un plan de «nuevas centrales térmicas» en Comahue y en Güemes, Salta, (en funcionamiento actualmente). 

    También el gobernador de Buenos Aires, Antonio Cafiero, afirmó a principios de 1989, en una solicitada titulada «Antes del apagón total», que la emergencia no se debía a un «desajuste temporario» sino a una «crisis estructural». 

    Las noticias desde el gobierno de la compra de cuatro equipos generadores de Alemania y el anuncio de la incorporación de seis usinas francesas y dos paraguayas intentaron traer alivio a la población a mediados de enero. 
  • Ayuda externa 

    En búsqueda de instruirse sobre posibles soluciones para la crisis, el ministro de Obras y Servicios Públicos, Rodolfo Terragno, viajó a Estados Unidos a principios de enero y se entrevistó con el subsecretario de Asuntos Energéticos Internacionales y Emergencias Energéticas de ese país, David Waller

    En ese viaje también se entrevistó con el director del Banco Mundial a cargo de las relaciones con la Argentina, Peter Bottellier, para hacer un pedido de fondos destinados a la culminación de las obras de la central termoeléctrica de Piedra Buena en Bahía Blanca. 

    Además, una misión de técnicos estadounidense especializados en energía visitó el país a fines de enero para aconsejar al gobierno posibles medidas a tomar. 
  • Vacaciones 

    A pesar de la gravedad de la crisis (y quizás ante la imposibilidad de encontrar alguna solución), funcionarios del gobiernode Raúl Alfonsín se dirigieron a sus lugares habituales de vacaciones. 

    Por la falta de agua y luz en Pinamar, el ministro Sourrouille explicó, con ropa deportiva y manguera en mano, que debió depositar agua en los tanques vacíos de su residencia. El primer fin de semana de enero, Sourrouille recibió al presidente Raúl Alfonsín en su casa de la costa. 

    La quinta presidencial de Olivos no quedó fuera de la planificación de los cortes. Fue así que a mediados de enero, en una cena que reunió a los principales funcionarios nacionales, se desarrolló bajo la luz que alumbraba un tenue «sol de noche». 
  • Vecinos 

    Los desperfectos eléctricos no implicaron sólo cortes de luz. Una sobrecarga de tensión afectó a vecinos de San Telmo a mediados de diciembre que quemó innumerables artefactos. «Eran como las 5 de la tarde, no habíamos tenido corte de luz y de pronto sentí un ruido raro en la heladera. Al rato empezó a salir humo. Desconecté todo pero ya era tarde», era el relato de una mujer que vivía en la calle Brasil 523. 

    A principios de año la furia explotó en algunos puntos de la Ciudad. Una mujer rompió a golpe de martillo cuatro vidrieras y una puerta de la casa central del supermercado «El Hogar Obrero». «Aquí derrochan luz y yo ni siquiera puedo descansar por el calor y la falta de luz», se excusaba. Datos para tener en cuenta hoy.
  • Pastas y Lácteos para Todos en el Barrio de Saavedra

    Pastas y Lácteos para Todos en el Barrio de Saavedra

    Gran cantidad de vecinos se acercaron este martes 6, hasta el puesto ubicado en Naon y Correa en el barrio de Saavedra de la Comuna 12, en donde se ofreció variedad de productos y precios accesibles.
    Los programas que ofrecen precios populares a las familias, para acceder a diferentes productos alimenticios, viene recorriendo diferentes puntos de la Ciudad y del conurbano bonaerense.